<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-32301282</id><updated>2011-07-29T01:03:23.305-03:00</updated><category term='Lecturas'/><category term='Miradas'/><title type='text'>Lecturas y Miradas</title><subtitle type='html'>Reservorio personal y público de discursos imperdibles, y otras anotaciones.</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://lecturasymiradas.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32301282/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lecturasymiradas.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Jorge Alberdi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06839403331625373087</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='26' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_8rE0iJThDfs/RiJfPo2LT2I/AAAAAAAAABY/aDR0r83W5Bk/s320/JorgeAlberdiImagen.bmp'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>24</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-32301282.post-8003287479339435417</id><published>2011-07-14T22:17:00.004-03:00</published><updated>2011-07-14T22:28:32.300-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Lecturas'/><title type='text'>EL CUENTO DEL NIÑO MALO</title><content type='html'>&lt;div align="left"&gt;&lt;em&gt;&lt;span&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size: 78%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Mark Twain,&lt;/span&gt; &lt;/span&gt;Escritor y Periodista Estadounidense&lt;span style="color: rgb(0, 0, 0); "&gt; (1835-1910)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;line-height: 115%;font-family:&amp;quot;Georgia&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;;mso-fareast-font-family:Calibri;mso-fareast-theme-font: minor-latin;mso-bidi-font-family:&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;mso-bidi-theme-font:minor-bidi; color:#29303B;mso-ansi-language:ES;mso-fareast-language:EN-US;mso-bidi-language: AR-SA;font-weight:normal;mso-bidi-font-weight:bold"&gt;H&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;span class="apple-style-span"&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;line-height:115%; font-family:&amp;quot;Georgia&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;;mso-fareast-font-family:Calibri;mso-fareast-theme-font: minor-latin;mso-bidi-font-family:&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;mso-bidi-theme-font:minor-bidi; color:#29303B;mso-ansi-language:ES;mso-fareast-language:EN-US;mso-bidi-language: AR-SA"&gt;abía una vez un niño malo cuyo nombre era Jim. Si uno es observador advertirá que en los libros de cuentos ejemplares que se leen en clase de religión los niños malos casi siempre se llaman James. Era extraño que éste se llamara Jim, pero qué le vamos a hacer si así era.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;line-height:115%;font-family:&amp;quot;Georgia&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; mso-fareast-font-family:Calibri;mso-fareast-theme-font:minor-latin;mso-bidi-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;mso-bidi-theme-font:minor-bidi;color:#29303B;mso-ansi-language: ES;mso-fareast-language:EN-US;mso-bidi-language:AR-SA"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="apple-style-span"&gt;Otra cosa peculiar era que su madre no estuviese enferma, que no tuviese una madre piadosa y tísica que habría preferido yacer en su tumba y descansar por fin, de no ser por el gran amor que le profesaba a su hijo, y por el temor de que, una vez se hubiese marchado, el mundo sería duro y frío con él.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="apple-style-span"&gt;La mayor parte de los niños malos de los libros de religión se llaman James, y tienen la mamá enferma, y les enseñan a rezar antes de acostarse, y los &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;a onclick="changecontent('XXX')"&gt;&lt;u&gt;&lt;span title="Seguir leyendo" &gt;&lt;em&gt;Leer Completo&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/u&gt;&lt;/a&gt; &lt;div class="switchcontent" id="XXX"&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span class="apple-style-span"&gt;&lt;span style="font-size: 10.0pt;line-height:115%;font-family:&amp;quot;Georgia&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;;mso-fareast-font-family: Calibri;mso-fareast-theme-font:minor-latin;mso-bidi-font-family:&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-bidi-theme-font:minor-bidi;color:#29303B;mso-ansi-language:ES;mso-fareast-language: EN-US;mso-bidi-language:AR-SA"&gt;arrullan para que se duerman con su voz dulce y lastimera; luego les dan el beso de las buenas noches y se arrodillan al pie de la cabecera a sollozar. Pero en el caso de este muchacho las cosas eran diferentes: se llamaba Jim, y su mamá no estaba enferma, ni tenía tuberculosis ni nada por el estilo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:10.0pt;line-height: 115%;font-family:&amp;quot;Georgia&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;;mso-fareast-font-family:Calibri;mso-fareast-theme-font: minor-latin;mso-bidi-font-family:&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;mso-bidi-theme-font:minor-bidi; color:#29303B;mso-ansi-language:ES;mso-fareast-language:EN-US;mso-bidi-language: AR-SA"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="apple-style-span"&gt;Antes por el contrario, la mujer era fuerte y muy poco religiosa; es más, no se preocupaba por Jim. Decía que si se partiera la nuca no se perdería gran cosa. Sólo conseguía acostarlo a punta de cachetadas, y jamás le daba el beso de las buenas noches; antes bien, al salir de su alcoba le jalaba las orejas.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="apple-style-span"&gt;Este niño malo se robó una vez las llaves de la despensa, se metió a hurtadillas en ella, se comió la mermelada y llenó el frasco de brea para que su madre no se diera cuenta de lo que había hecho; pero acto seguido... no se sintió mal, ni oyó una vocecilla susurrarle al oído: “¿Te parece bien hacerle eso a tu madre? ¿No es acaso pecado? ¿Adónde van los niños malos que se engullen la mermelada de su santa madre?”, ni tampoco, ahí solito, se hincó de rodillas y prometió no volver a hacer fechorías, ni se levantó, con el corazón liviano, pletórico de dicha, ni fue a contarle a su madre cuanto había hecho y a pedirle perdón, ni recibió su bendición acompañada de lágrimas de orgullo y de gratitud en los ojos. No; este tipo de cosas les sucede a los niños malos de los libros; pero a Jim le pasó algo muy diferente: se devoró la mermelada, y dijo, con su modo de expresarse, tan pérfido y vulgar, que estaba “de rechupete”; metió la brea, y dijo que ésta también estaría de rechupete, y muerto de la risa pensó que cuando la vieja se levantara y descubriera su artimaña, iba a llorar de la rabia. Y cuando, en efecto, la descubrió, aunque se hizo el que nada sabía, ella le pegó tremendos correazos, y fue él quien lloró.&lt;/span&gt;&lt;span class="apple-converted-space"&gt; &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="apple-style-span"&gt;Una vez se encaramó en un árbol, donde Acorn, el granjero, a robar manzanas, y la rama no se quebró, ni se cayó él, ni se quebró el brazo, ni el enorme perro del granjero le destrozó la ropa, ni languideció en su lecho de enfermo durante varias semanas, ni se arrepintió, ni se volvió bueno. Oh, no; robó todas las manzanas que quiso y descendió sano y salvo; se quedó esperando al cachorro, y cuando éste lo atacó, le pegó un ladrillazo. Qué raro... nada así acontece en esos libros sentimentales, de lomos jaspeados e ilustraciones de hombres en sacoleva, sombrero de copa y pantalones hasta las rodillas, y de mujeres con vestidos que tienen la cintura debajo de los brazos, y que no se ponen aros en el miriñaque. Nada parecido a lo que sucede en la clase de religión.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="apple-style-span"&gt;Una vez le robó el cortaplumas al profesor, y temiendo ser descubierto y castigado, se lo metió en la cachucha a George Wilson... el pobre hijo de la viuda Wilson, el niño sanote, el niñito bueno del pueblo, el que siempre obedecía a su madre, el que jamás decía una mentira, al que le encantaba estudiar y le fascinaban las clases de religión de los domingos. Y cuando se le cayó la navaja de la gorra, y el pobre George agachó la cabeza y se sonrojó, como sintiéndose culpable, y el maestro ofendido lo acusó del robo, y ya iba a dejar caer la vara de castigo sobre sus hombros temblorosos, no apareció de pronto para pasmo de todos, un juez de paz de peluca blanca, que dijera indignado: “No castigue usted a este noble muchacho... ¡Aquél es el solapado culpable!: pasaba yo junto a la puerta del colegio en el recreo, y aunque nadie me vio, yo sí fui testigo del robo”. Y, así, a Jim no lo reprendieron, ni el venerable juez les leyó un sermón a los compungidos colegiales, ni se llevó a George de la mano y dijo que tal muchacho merecía un premio, ni le pidió después que se fuera a vivir con él para que le barriera el despacho, le encendiera el fuego, hiciera sus recados, picara leña, estudiara leyes, le ayudara a su esposa con las labores hogareñas, empleara el resto del tiempo jugando, se ganara cuarenta centavos mensuales y fuera feliz. No; en los libros habría sucedido así, pero eso no le pasó a Jim. Ningún entrometido vejete de juez pasó y armó un lío, de manera que George, el niño modelo, recibió su buena zurra y Jim se regocijó porque, como bien lo saben ustedes, detestaba a los muchachos sanos, y decía que éste era un imbécil. Tal era el grosero lenguaje de este muchacho malo y negligente.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="apple-style-span"&gt;Pero lo más extraño que le sucediera jamás a Jim fue que un domingo salió en un bote y no se ahogó; y otra vez, atrapado en una tormenta cuando pescaba, también en domingo, no le cayó un rayo. Vaya, vaya; podría uno ponerse a buscar en todos los libros de moral, desde este momento hasta las próximas Navidades, y jamás hallaría algo así. Oh, no; descubriría que indefectiblemente cuanto muchacho malo sale a pasear en bote un domingo se ahoga: y a cuantos los atrapa una tempestad cuando pescan los domingos infaliblemente les cae un rayo. Los botes que llevan muchachos malos siempre se vuelcan en domingo, y siempre hay tormentas cuando los muchachos malos salen a pescar en sábado. No logro comprender cómo diablos se escapó este Jim. ¿Será que estaba hechizado? Sí..., ésa debe ser la razón.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="apple-style-span"&gt;Nada malo le pasaba. Llegó incluso hasta el extremo de darle una tableta de tabaco a un elefante del zoológico, y éste no le dio en la cabeza con la trompa. Esculcó la despensa buscando esencia de hierbabuena, y no se equivoco ni se tomó el ácido muriático. Robó el arma de su padre y salió a cazar el sábado, y no se voló tres o cuatro dedos. Se enojó y le pegó un puñetazo a su hermanita en la sien, y ella no quedó enferma, ni sufriendo durante muchos y muy largos días de verano, ni murió con tiernas palabras de perdón en los labios, que redoblaran la angustia del corazón roto del niño. Oh, no; la niña recuperó su salud.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="apple-style-span"&gt;Al cabo del tiempo, Jim escapó y se hizo a la mar, y al volver no se encontró solo y triste en este mundo porque todos sus seres amados reposaran ya en el cementerio, y el hogar de su juventud estuviera en decadencia, cubierto de hiedra y todo destartalado. Oh, no; volvió a casa borracho como una cuba y lo primero que le tocó hacer fue presentarse a la comisaría.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="apple-style-span"&gt;Con el paso del tiempo se hizo mayor y se casó, tuvo una familia numerosa; una noche los mató a todos con un hacha, y se volvió rico a punta de estafas y fraudes. Hoy en día es el canalla más pérfido de su pueblo natal, es universalmente respetado y es miembro del Concejo Municipal. Fácil es ver que en los libros de religión jamás hubo un James malo con tan buena estrella como la de este pecador de Jim con su vida encantadora.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;!--[if !supportLineBreakNewLine]--&gt;&lt;br /&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/32301282-8003287479339435417?l=lecturasymiradas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lecturasymiradas.blogspot.com/feeds/8003287479339435417/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=32301282&amp;postID=8003287479339435417' title='2 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32301282/posts/default/8003287479339435417'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32301282/posts/default/8003287479339435417'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lecturasymiradas.blogspot.com/2011/07/el-cuento-del-nino-malo.html' title='EL CUENTO DEL NIÑO MALO'/><author><name>Jorge Alberdi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06839403331625373087</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='26' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_8rE0iJThDfs/RiJfPo2LT2I/AAAAAAAAABY/aDR0r83W5Bk/s320/JorgeAlberdiImagen.bmp'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-32301282.post-6268017640240639029</id><published>2009-07-26T18:09:00.008-03:00</published><updated>2009-07-26T18:47:47.095-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Lecturas'/><title type='text'>MUERTE SIN FIN</title><content type='html'>&lt;div align="left"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color:#339999;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;José Gorostiza, &lt;span style="color:#000000;"&gt;poeta mexicano (1901-1973)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;p align="right"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;em&gt;Conmigo está el consejo y el ser: yo&lt;br /&gt;soy la inteligencia; mía es la fortaleza&lt;br /&gt;PROVERBIOS, 8, 14&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con él estaba yo ordenándolo todo;y&lt;br /&gt;fui su delicia todos los días, teniendo&lt;br /&gt;solaz delante de él en todo tiempo.&lt;br /&gt;PROVERBIOS, 8, 30&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mas el que peca contra mí defrauda&lt;br /&gt;su alma; todos los que me aborrecen&lt;br /&gt;aman la muerte.&lt;br /&gt;PROVERBIOS, 8, 36&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;LLENO DE MI&lt;/strong&gt;, sitiado en mi epidermis&lt;br /&gt;por un dios inasible que me ahoga,&lt;br /&gt;mentido acaso&lt;br /&gt;por su radiante atmósfera de luces&lt;br /&gt;que oculta mi conciencia derramada,&lt;br /&gt;mis alas rotas en esquirlas de aire,&lt;br /&gt;mi torpe andar a tientas por el lodo;&lt;br /&gt;lleno de mí —ahíto— me descubro&lt;br /&gt;en la imagen atónita del agua,&lt;br /&gt;que tan sólo es un tumbo inmarcesible,&lt;br /&gt;un desplome de ángeles caídos&lt;br /&gt;a la delicia intacta de su peso,&lt;br /&gt;que nada tiene&lt;br /&gt;sino la cara en blanco&lt;br /&gt;hundida a medias ya, como una risa agónica,&lt;br /&gt;en las tenues holandas de la nube&lt;br /&gt;y en los funestos cánticos del mar&lt;br /&gt;—más resabio de sal o albor de cúmulo&lt;br /&gt;que sola prisa de acosada espuma.&lt;br /&gt;No obstante —oh paradoja— constreñida&lt;br /&gt;por el rigor del vaso que la aclara,&lt;br /&gt;el agua toma forma.&lt;br /&gt;En él se asienta, ahonda y edifica,&lt;br /&gt;cumple una edad amarga de silencios&lt;br /&gt;y un reposo gentil de muerte niña,&lt;br /&gt;sonriente, que desflora&lt;br /&gt;un más allá de pájaros&lt;br /&gt;en desbandada.&lt;br /&gt;En la red de cristal que la estrangula,&lt;br /&gt;allí, como en el agua de un espejo,&lt;br /&gt;se reconoce;&lt;br /&gt;atada allí, gota con gota,&lt;br /&gt;marchito el tropo de espuma en la garganta&lt;br /&gt;¡qué desnudez de agua tan intensa,&lt;br /&gt;qué agua tan agua,&lt;br /&gt;está en su orbe tornasol soñando,&lt;br /&gt;cantando ya una sed de hielo justo!&lt;br /&gt;¡Mas qué vaso —también— más providente&lt;br /&gt;éste que así se hinche&lt;br /&gt;como una estrella en grano,&lt;br /&gt;que así, en heroica promisión, se enciende&lt;br /&gt;como un seno habitado por la dicha,&lt;br /&gt;y rinde así, puntual,&lt;br /&gt;una rotunda flor&lt;br /&gt;de transparencia al agua,&lt;br /&gt;un ojo proyectil que cobra alturas&lt;br /&gt;y una ventana a gritos luminosos&lt;br /&gt;sobre esa libertad enardecida&lt;br /&gt;que se agobia de cándidas prisiones!&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;a onclick="changecontent('JOSE')"&gt;&lt;u&gt;&lt;span title="Seguir leyendo"  style="color:#ff0000;"&gt;&lt;em&gt;Leer Poema Completo&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/u&gt;&lt;/a&gt; &lt;div class="switchcontent" id="JOSE"&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;¡MAS QUÉ vaso —también— más providente!&lt;br /&gt;Tal vez esta oquedad que nos estrecha&lt;br /&gt;en islas de monólogos sin eco,&lt;br /&gt;aunque se llama Dios,&lt;br /&gt;no sea sino un vaso&lt;br /&gt;que nos amolda el alma perdidiza,&lt;br /&gt;pero que acaso el alma sólo advierte&lt;br /&gt;en una transparencia acumulada&lt;br /&gt;que tiñe la noción de Él, de azul.&lt;br /&gt;El mismo Dios,&lt;br /&gt;en sus presencias tímidas,&lt;br /&gt;ha de gastar la tez azul&lt;br /&gt;y una clara inocencia imponderable,&lt;br /&gt;oculta al ojo, pero fresca al tacto,&lt;br /&gt;como este mar fantasma en que respiran&lt;br /&gt;—peces del aire altísimo—&lt;br /&gt;los hombres.&lt;br /&gt;¡Sí, es azul! ¡Tiene que ser azul!&lt;br /&gt;Un coagulado azul de lontananza,&lt;br /&gt;un circulante amor de la criatura,&lt;br /&gt;en donde el ojo de agua de su cuerpo&lt;br /&gt;que mana en lentas ondas de estatura&lt;br /&gt;entre fiebres y llagas;&lt;br /&gt;en donde el río hostil de su conciencia&lt;br /&gt;¡agua fofa, mordiente, que se tira,&lt;br /&gt;ay, incapaz de cohesión al suelo!&lt;br /&gt;en donde el brusco andar de la criatura&lt;br /&gt;amortigua su enojo,&lt;br /&gt;se redondea&lt;br /&gt;como una cifra generosa,&lt;br /&gt;se pone en pie, veraz, como una estatua.&lt;br /&gt;¿Qué puede ser —si no— si un vaso no?&lt;br /&gt;Un minuto quizá que se enardece&lt;br /&gt;hasta la incandescencia,&lt;br /&gt;que alarga el arrebato de su brasa,&lt;br /&gt;ay, tanto más hacia lo eterno mínimo&lt;br /&gt;cuanto es más hondo el tiempo que lo colma.&lt;br /&gt;Un cóncavo minuto del espíritu&lt;br /&gt;que una noche impensada,&lt;br /&gt;al azar&lt;br /&gt;y en cualquier escenario irrelevante&lt;br /&gt;—en el terco repaso de la acera,&lt;br /&gt;en el bar, entre dos amargas copas&lt;br /&gt;o en las cumbres peladas del insomnio—&lt;br /&gt;ocurre, nada más, madura, cae&lt;br /&gt;sencillamente,&lt;br /&gt;como la edad, el fruto y la catástrofe.&lt;br /&gt;¿También —mejor que un lecho— para el agua&lt;br /&gt;no es un vaso el minuto incandescente&lt;br /&gt;de su maduración?&lt;br /&gt;Es el tiempo de Dios que aflora un día,&lt;br /&gt;que cae, nada más, madura, ocurre,&lt;br /&gt;para tornar mañana por sorpresa&lt;br /&gt;en un estéril repetirse inédito,&lt;br /&gt;como el de esas eléctricas palabras&lt;br /&gt;—nunca aprehendidas,&lt;br /&gt;siempre nuestras—&lt;br /&gt;que aluden el amor de la memoria,&lt;br /&gt;pero que a cada instante nos sonríen&lt;br /&gt;desde sus claros huecos&lt;br /&gt;en nuestras propias frases despobladas.&lt;br /&gt;Es un vaso de tiempo que nos iza&lt;br /&gt;en sus azules botareles de aire&lt;br /&gt;y nos pone su máscara grandiosa ay,&lt;br /&gt;tan perfecta,&lt;br /&gt;que no difiere un rasgo de nosotros.&lt;br /&gt;Pero en las zonas ínfimas del ojo,&lt;br /&gt;en su nimio saber,&lt;br /&gt;no ocurre nada, no, sólo esta luz,&lt;br /&gt;esta febril diafanidad tirante,&lt;br /&gt;hecha toda de pura exaltación,&lt;br /&gt;que a través de su nítida substancia&lt;br /&gt;nos permite mirar,&lt;br /&gt;sin verlo a Él, a Dios,&lt;br /&gt;lo que detrás de Él anda escondido:&lt;br /&gt;el tintero, la silla, el calendario&lt;br /&gt;—¡todo a voces azules el secreto&lt;br /&gt;de su infantil mécanica—&lt;br /&gt;en el instante mismo que se empeñan&lt;br /&gt;en el tortuoso afán del universo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;--------------------------------------------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;PERO en las zonas ínfimas del ojo&lt;br /&gt;no ocurre nada, no, sólo esta luz&lt;br /&gt;—ay, hermano Francisco,&lt;br /&gt;esta alegría,&lt;br /&gt;única, riente claridad del alma.&lt;br /&gt;Un disfrutar en corro de presencias,&lt;br /&gt;de todos los pronombres —antes turbios&lt;br /&gt;por la gruesa efusión de su egoísmo—&lt;br /&gt;de mí y de Él y de nosotros tres&lt;br /&gt;¡siempre tres!&lt;br /&gt;mientras nos recreamos hondamente&lt;br /&gt;en este buen candor que todo ignora,&lt;br /&gt;en esta aguda ingenuidad del ánimo&lt;br /&gt;que se pone a soñar a pleno sol&lt;br /&gt;y sueña los pretéritos de moho,&lt;br /&gt;la antigua rosa ausente&lt;br /&gt;y el promedio fruto de mañana,&lt;br /&gt;como un espejo del revés, opaco,&lt;br /&gt;que al consultar la hondura de la imagen&lt;br /&gt;le arrancara otro espejo por respuesta.&lt;br /&gt;Mirad con qué pueril austeridad graciosa&lt;br /&gt;distribuye los mundos en el caos,&lt;br /&gt;los echa a andar acordes como autómatas;&lt;br /&gt;al impulso didáctico del índice&lt;br /&gt;oscuramente&lt;br /&gt;¡hop!&lt;br /&gt;los apostrofa&lt;br /&gt;y saca de ellos cintas de sorpresas&lt;br /&gt;que en un juego sinfónico articula,&lt;br /&gt;mezclando en la insistencia de los ritmos&lt;br /&gt;¡planta-semila-planta!&lt;br /&gt;¡planta-semila-planta!&lt;br /&gt;su tierna brisa, sus follajes tiernos,&lt;br /&gt;su luna azul, descalza, entre la nieve,&lt;br /&gt;sus mares plácidos de cobre&lt;br /&gt;y mil y un encantadores gorgoritos.&lt;br /&gt;Después, en un crescendo insostenible,&lt;br /&gt;mirad cómo dispara cielo arriba,&lt;br /&gt;desde el mar,&lt;br /&gt;el tiro prodigioso de la carne&lt;br /&gt;que aún a la alta nube menoscaba&lt;br /&gt;con el vuelo del pájaro,&lt;br /&gt;estalla en él como un cohete herido&lt;br /&gt;y en sonoras estrellas precipita&lt;br /&gt;su desbandada pólvora de plumas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;--------------------------------------------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;MAS EN la médula de esta alegría,&lt;br /&gt;no ocurre nada, no;&lt;br /&gt;sólo un cándido sueño que recorre&lt;br /&gt;las estaciones todas de su ruta&lt;br /&gt;tan amorosamente&lt;br /&gt;que no elude seguirla a sus infiernos,&lt;br /&gt;ay, y con qué miradas de atropina,&lt;br /&gt;tumefactas e inmóviles, escruta&lt;br /&gt;el curso de la luz, su instante fúlgido,&lt;br /&gt;en la piel de una gota de rocío;&lt;br /&gt;concibe el ojo&lt;br /&gt;y el intangible aceite&lt;br /&gt;que nutre de esbeltez a la mirada;&lt;br /&gt;gobierna el crecimiento de las uñas&lt;br /&gt;y en la raíz de la palabra esconde&lt;br /&gt;el frondoso discurso de ancha copa&lt;br /&gt;y el poema de diáfanas espigas.&lt;br /&gt;Pero aún más —porque en su cielo impío&lt;br /&gt;nada es tan cruel como este puro goce—&lt;br /&gt;somete sus imágenes al fuego&lt;br /&gt;de especiosas torturas que imagina&lt;br /&gt;—las infla de pasión,&lt;br /&gt;en el prisma del llanto las deshace,&lt;br /&gt;las ciega con lustre de un barniz,&lt;br /&gt;las satura de odios purulentos,&lt;br /&gt;rencores zánganos&lt;br /&gt;como una mala costra,&lt;br /&gt;angustias secas como la sed del yeso.&lt;br /&gt;Pero aún más —porque, inmune a la mácula,&lt;br /&gt;tan perfecta crueldad no cede a límites—&lt;br /&gt;perfora a la substancia de su gozo&lt;br /&gt;con rudos alfileres;&lt;br /&gt;piensa el tumor, la úlcera y el chancro&lt;br /&gt;que habrán de festonar la tez pulida,&lt;br /&gt;toma en su mano etérea a la criatura&lt;br /&gt;y la enjuta, la hincha o la demacra,&lt;br /&gt;como a un copo de cera sudorosa,&lt;br /&gt;y en un ilustre hallazgo de ironía&lt;br /&gt;la estrecha enternecido&lt;br /&gt;con los brazos glaciales de la fiebre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;--------------------------------------------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;MAS NADA ocurre, no, sólo este sueño&lt;br /&gt;desorbitado&lt;br /&gt;que se mira a sí mismo en plena marcha;&lt;br /&gt;presume, pues, su termino inminente&lt;br /&gt;y adereza en el acto&lt;br /&gt;el plan de su fatiga,&lt;br /&gt;su justa vacación,&lt;br /&gt;su domingo de gracia allá en el campo,&lt;br /&gt;al fresco albor de las camisas flojas.&lt;br /&gt;¡Qué trebolar mullido, qué parasol de niebla,&lt;br /&gt;se regala en el ánimo&lt;br /&gt;para gustar la miel de sus vigilias!&lt;br /&gt;Pero el ritmo es su norma, el solo paso,&lt;br /&gt;la sola marcha en círculo, sin ojos;&lt;br /&gt;así, aun de su cansancio, extrae&lt;br /&gt;¡hop!&lt;br /&gt;largas cintas de sorpresas&lt;br /&gt;que en un constante perecer enérgico,&lt;br /&gt;en un morir absorto,&lt;br /&gt;arrasan sin cesar su bella fábrica&lt;br /&gt;hasta que —hijo de su misma muerte,&lt;br /&gt;gestado en la aridez de sus escombros—&lt;br /&gt;siente que su fatiga se fatiga,&lt;br /&gt;se erige a descansar de su descanso&lt;br /&gt;y sueña que su sueño se repite,&lt;br /&gt;irresponsable, eterno,&lt;br /&gt;muerte sin fin de una obstinada muerte,&lt;br /&gt;sueño de garza anochecido a plomo&lt;br /&gt;que cambia sí de pie, mas no de sueño,&lt;br /&gt;que cambia sí la imagen,&lt;br /&gt;mas no la doncellez de su osadía&lt;br /&gt;¡oh inteligencia, soledad en llamas!&lt;br /&gt;que lo consume todo hasta el silencio,&lt;br /&gt;sí, como una semilla enamorada&lt;br /&gt;que pudiera soñarse germinando,&lt;br /&gt;probar en el rencor de la molécula&lt;br /&gt;el salto de las ramas que aprisiona&lt;br /&gt;y el gusto de su fruta prohibida,&lt;br /&gt;ay, sin hollar, semilla casta,&lt;br /&gt;sus propios impasibles tegumentos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;--------------------------------------------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡OH INTELIGENCIA, soledad en llamas,&lt;br /&gt;que todo lo concibe sin crearlos!&lt;br /&gt;Finge el calor del lodo,&lt;br /&gt;su emoción de substancia adolorida,&lt;br /&gt;el iracundo amor que lo embellece&lt;br /&gt;y lo encumbra más allá de las alas&lt;br /&gt;a donde sólo el ritmo&lt;br /&gt;de los luceros llora,&lt;br /&gt;mas no le infunfe el soplo que lo pone en pie&lt;br /&gt;y permanece recreándose en sí misma,&lt;br /&gt;única en Él, inmaculada, sola en Él,&lt;br /&gt;reticencia indecible,&lt;br /&gt;amoroso temor de la materia,&lt;br /&gt;angélico egoísmo que se escapa&lt;br /&gt;como un grito de júbilo sobre la muerte&lt;br /&gt;—oh inteligencia, parámo de espejos!&lt;br /&gt;helada emanación de rosas pétreas&lt;br /&gt;en la cumbre de un tiempo paralítico;&lt;br /&gt;pulso sellado;&lt;br /&gt;como una red de arterias temblorosas,&lt;br /&gt;hermético sistema de eslabones&lt;br /&gt;que apenas se apresura o se retarda&lt;br /&gt;según la intensidad de su deleite;&lt;br /&gt;abstinencia angustiosa&lt;br /&gt;que presume el dolor y no lo crea,&lt;br /&gt;que escucha ya en la estepa de sus tímpanos&lt;br /&gt;retumbar el gemido del lenguaje&lt;br /&gt;y no lo emite;&lt;br /&gt;que nada más absorbe las esencias&lt;br /&gt;y se mantiene así, rencor sañudo,&lt;br /&gt;una, exquisita, con su dios estéril,&lt;br /&gt;sin alzar entre ambos&lt;br /&gt;la sorda pesadumbre de la carne,&lt;br /&gt;sin admitir en su unidad perfecta&lt;br /&gt;el escarnio brutal de esa discordia&lt;br /&gt;que nutren vida y muerte inconciliables,&lt;br /&gt;siguiéndose una a otra&lt;br /&gt;como el día y la noche,&lt;br /&gt;y una y otra acampadas en la célula&lt;br /&gt;como en un tardo tiempo de crepúsculo,&lt;br /&gt;ay, una nada más, estéril, agria,&lt;br /&gt;con Él, conmigo, con nosotros tres;&lt;br /&gt;como el vaso y el agua, sólo una&lt;br /&gt;que reconcentra su silencio blanco&lt;br /&gt;en la orilla letal de la palabra&lt;br /&gt;y en la inminencia misma de la sangre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡ALELUYA, ALELUYA!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;--------------------------------------------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;IZA LA flor su enseña,&lt;br /&gt;agua, en el prado.&lt;br /&gt;¡Oh, qué mercadería&lt;br /&gt;de olor alado!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Oh, qué mercadería&lt;br /&gt;de tenue olor!&lt;br /&gt;¡cómo inflama los aires&lt;br /&gt;con su rubor!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Qué anegado de gritos&lt;br /&gt;está el jardín!&lt;br /&gt;"¡Yo, el heliotropo, yo!"&lt;br /&gt;"¿Yo? El jazmín".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ay, pero el agua,&lt;br /&gt;ay, si no huele a nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tiene la noche un árbol&lt;br /&gt;con frutos de ámbar;&lt;br /&gt;tiene una tez la tierra,&lt;br /&gt;ay, de esmeraldas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El tesón de la sangre&lt;br /&gt;anda de rojo;&lt;br /&gt;anda de añil el sueño;&lt;br /&gt;la dicha, de oro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tiene el amor feroces&lt;br /&gt;galgos morados;&lt;br /&gt;pero también sus mieses,&lt;br /&gt;también sus pájaros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ay, pero el agua,&lt;br /&gt;ay si no luce a nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sabe a luz, a luz fría,&lt;br /&gt;sí, la manzana.&lt;br /&gt;¡Qué amanecida fruta&lt;br /&gt;tan de mañana!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Qué anochecido sabes,&lt;br /&gt;tu, sinsabor!&lt;br /&gt;¡cómo pica en la entraña&lt;br /&gt;tu picaflor!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sabe la muerte a tierra,&lt;br /&gt;la angustia a hiel.&lt;br /&gt;Este morir a gotas&lt;br /&gt;me sabe a miel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ay, pero el agua,&lt;br /&gt;ay, si no sabe a nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;[BAILE]&lt;br /&gt;Pobrecilla del agua,&lt;br /&gt;ay, que no tiene nada,&lt;br /&gt;ay, amor, que se ahoga,&lt;br /&gt;ay, en un vaso de agua.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;--------------------------------------------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EN EL rigor del vaso que la aclara,&lt;br /&gt;el agua toma forma&lt;br /&gt;—ciertamente.&lt;br /&gt;Trae una sed de siglos en los belfos,&lt;br /&gt;una sed fría, en punta, que ara cauces&lt;br /&gt;en el sueño moroso de la tierra,&lt;br /&gt;que perfora sus miembros florecidos,&lt;br /&gt;como una sangre cáustica,&lt;br /&gt;incendiándolos, ay abriendo en ellos]&lt;br /&gt;desapacibles úlceras de insomnio.&lt;br /&gt;Más amor que sed; más que amor, idolatría,&lt;br /&gt;dispersión de criatura estupefacta&lt;br /&gt;ante el fulgor que blande&lt;br /&gt;—germen del trueno olímpico— la forma&lt;br /&gt;en sus netos contornos fascinados,&lt;br /&gt;¡Idolatría, si , idolatría!&lt;br /&gt;Mas no le basta el ser un puro salmo,&lt;br /&gt;un ardoroso incienso de sonido;&lt;br /&gt;quiere, además, oírse.&lt;br /&gt;Ni le basta tener sólo reflejos&lt;br /&gt;—briznas de espuma&lt;br /&gt;para el ala de luz que en ella anida;&lt;br /&gt;quiere, además, un tálamo de sombra,&lt;br /&gt;un ojo para mirar el ojo que la mira.&lt;br /&gt;En el lago, en la charca, en el estanque,&lt;br /&gt;en la entumida cuenca de la mano,&lt;br /&gt;se consuma este rito de eslabones,&lt;br /&gt;este enlace diabólico&lt;br /&gt;que encadena el amor a su pecado.&lt;br /&gt;En el nítido rostro sin facciones&lt;br /&gt;el agua, poseída,&lt;br /&gt;siente cuajar la máscara de espejos&lt;br /&gt;que el dibujo del vaso le procura.&lt;br /&gt;Ha encontrado, por fin,&lt;br /&gt;en su correr sonámbulo,&lt;br /&gt;una bella, puntual fisonomía.&lt;br /&gt;Ya puede estar de pie frente a las cosas.&lt;br /&gt;Ya es, ella también, aunque por arte&lt;br /&gt;de estas limpias metáforas cruzadas,&lt;br /&gt;un encendido vaso de figuras.&lt;br /&gt;El camino, la barda, los castaños,&lt;br /&gt;para durar el tiempo de una muerte&lt;br /&gt;gratuita y prematura, pero bella,&lt;br /&gt;ingresan por su impulso&lt;br /&gt;en el suplicio de la imagen propia&lt;br /&gt;y en medio del jardín, bajo las nubes,&lt;br /&gt;descarnada lección de poesía&lt;br /&gt;instalan un infierno alucinante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;--------------------------------------------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;PERO el vaso en sí mismo no se cumple.&lt;br /&gt;Imagen de una deserción nefasta&lt;br /&gt;¿qué esconde en su rigor inhabitado,&lt;br /&gt;sino esta triste claridad a ciegas,&lt;br /&gt;sino esta tentaleante lucidez?&lt;br /&gt;Tenedlo ahí, sobre la mesa, inútil.&lt;br /&gt;Epigrama de espuma que se espiga&lt;br /&gt;ante un auditorio anestesiado,&lt;br /&gt;incisivo clamor que la sordera&lt;br /&gt;tenaz de los objetos amordaza,&lt;br /&gt;flor mineral que se abre para adentro&lt;br /&gt;hacia su propia luz,&lt;br /&gt;espejo ególatra&lt;br /&gt;que se absorbe a sí mismo contemplándose.&lt;br /&gt;Hay algo en él, no obstante, acaso un alma,&lt;br /&gt;el instinto augural de las arenas,&lt;br /&gt;una llaga tal vez que debe al fuego,&lt;br /&gt;en donde le atosiga su vacío.&lt;br /&gt;Desde este erial aspira a ser colmado.&lt;br /&gt;En el agua, en el vino, en el aceite,&lt;br /&gt;articula el guión de su deseo;&lt;br /&gt;se ablanda, se adelgaza;&lt;br /&gt;ya su sobrio dibujo se le nubla,&lt;br /&gt;ya, embozado en el giro de un relfejo,&lt;br /&gt;en un llanto de luces se liquida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;--------------------------------------------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;MAS LA forma en sí misma no se cumple.&lt;br /&gt;Desde su insigne trono faraónico&lt;br /&gt;magnánima,&lt;br /&gt;deífica,&lt;br /&gt;constelada de epítetos esdrújulos,&lt;br /&gt;rige con hosca mano de diamante.&lt;br /&gt;Está orgullosa de su orondo imperio.&lt;br /&gt;¿En las augustas pituitarias de ónice&lt;br /&gt;no juega, acaso, el encendido aroma&lt;br /&gt;con que arde a sus pies la poesía?&lt;br /&gt;¡Ilusión, nada más, gentil narcótico&lt;br /&gt;que puebla de fantasmas los sentidos!&lt;br /&gt;Pues desde ahí donde el dolor emite&lt;br /&gt;¡oh turbio sol de pobre!&lt;br /&gt;el esmerado brillo que lo embosca,&lt;br /&gt;ay, desde ahí, presume la materia&lt;br /&gt;que apenas cuaja su dibujo estricto&lt;br /&gt;y ya es un jardín de huellas fósiles,&lt;br /&gt;estruendoso fanal,&lt;br /&gt;rojo timbre de alarma en los cruceros&lt;br /&gt;que gobierna la ruta hacia otras formas.&lt;br /&gt;La rosa edad que esmalta su epidermis&lt;br /&gt;—senil recién nacida—&lt;br /&gt;envejece por dentro a grandes siglos.&lt;br /&gt;Trajo puesta la proa a lo amarillo.&lt;br /&gt;El aire se coagula entre sus poros&lt;br /&gt;como un sudor profuso&lt;br /&gt;que se anticipa a destilar en ellos&lt;br /&gt;una esencia de rosas subterráneas.&lt;br /&gt;Los crudos garfios de su muerte suben,&lt;br /&gt;como musgo, por grietas inasibles,&lt;br /&gt;ay, la hostigan con tenues mordeduras&lt;br /&gt;y abren hueco por fin a aquel minuto&lt;br /&gt;—¡miradlo en la lenteja del reloj,&lt;br /&gt;neto, puntual, exacto,&lt;br /&gt;correrse un eslabón cada minuto!—&lt;br /&gt;cuando al soplo infantil de un parpadeo,&lt;br /&gt;la egregia masa de ademán ilustre&lt;br /&gt;podrá caer de golpe hecha cenizas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;--------------------------------------------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;NO OBSTANTE —por qué no?— también en ella&lt;br /&gt;tiene un rincón el sueño,&lt;br /&gt;árido paraíso sin manzana&lt;br /&gt;donde suele escaparse de su rostro,&lt;br /&gt;por el rostro marchito del espectro&lt;br /&gt;que engendra, aletargada, su costilla.&lt;br /&gt;El vaso de agua es el momento justo.&lt;br /&gt;En su audaz evasión se transfigura,&lt;br /&gt;tuerce la órbita de su destino&lt;br /&gt;y se arrastra en secreto hacia lo informe.&lt;br /&gt;La rapiña del tacto no se ceba&lt;br /&gt;—aquí, en el sueño inhóspito—&lt;br /&gt;sobre el templado nácar de su vientre,&lt;br /&gt;ni la flauta Don Juan quela requiebra&lt;br /&gt;musita su cachonda serenata.&lt;br /&gt;El sueño es cruel,&lt;br /&gt;ay, punza, roe, quema, sangra, duele.&lt;br /&gt;Tanto ignora infusiones como ungüentos.&lt;br /&gt;En los sordos martillos que la alfigen&lt;br /&gt;la forma da en el gozo de la llaga&lt;br /&gt;y el oscuro deleite del colapso.&lt;br /&gt;Temprana madre de esa muerte niña&lt;br /&gt;que nutre en sus escombros paulatinos,&lt;br /&gt;anhela que se hundan sus cimientos&lt;br /&gt;bajo sus plantas, ay, entorpecidas&lt;br /&gt;por una espesa lentitud de lodo;&lt;br /&gt;oye nacer el trueno del derrumbe;&lt;br /&gt;siente que su materia se derrama&lt;br /&gt;en un prurito de ácidas hormigas;&lt;br /&gt;que, ya sin peso, flota&lt;br /&gt;y en un claro silencio se deslíe.&lt;br /&gt;Por un aire de espejos inminentes&lt;br /&gt;¡oh impalpables derrotas del delirio!&lt;br /&gt;cruza entonces, a verlas desgarradas,&lt;br /&gt;la airosa teoría de una nube.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;--------------------------------------------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EN LA red de cristal que la estrangula,&lt;br /&gt;el agua toma forma,&lt;br /&gt;la bebe, sí, en el módulo del vaso,&lt;br /&gt;para que éste también se transfigure&lt;br /&gt;con el temblor del agua estrangulada&lt;br /&gt;que sigue allí, sin voz, marcando el pulso&lt;br /&gt;glacial de la corriente.&lt;br /&gt;Pero el vaso&lt;br /&gt;—a su vez—&lt;br /&gt;cede a la informe condición del agua&lt;br /&gt;a fin de que —a su vez— la forma misma,&lt;br /&gt;la forma en sí, que está en el duro vaso&lt;br /&gt;sosteniendo el rencor de su dureza&lt;br /&gt;y está en el agua de aguijada espuma&lt;br /&gt;como presagio cierto de reposo,&lt;br /&gt;se pueda sustraer al vaso de agua;&lt;br /&gt;un instante, no más,&lt;br /&gt;no más que el mínimo&lt;br /&gt;perpetuo instante del quebranto,&lt;br /&gt;cuando la forma en sí, la pura forma&lt;br /&gt;se abandona al designio de su muerte&lt;br /&gt;y se deja arrastrar, nubes arriba,&lt;br /&gt;por ese atormentado remolino&lt;br /&gt;en que los seres todos se repliegan&lt;br /&gt;hacia el sopor primero,&lt;br /&gt;a constriur el escenario de la nada.&lt;br /&gt;Las estrellas entonces ennegrecen.&lt;br /&gt;Han vuelto al dardo insomne&lt;br /&gt;a la noche perfecta de su aljaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;--------------------------------------------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;PORQUE en el lento instante del quebranto,&lt;br /&gt;cuando los seres todos se repliegan&lt;br /&gt;hacia el sopor primero&lt;br /&gt;y en la pira arrogante de la forma&lt;br /&gt;se abrasan, consumidos por su muerte&lt;br /&gt;—¡ay, ojos, dedos, labios,&lt;br /&gt;etéreas llamas del atroz incendio!—&lt;br /&gt;el hombre ahoga con sus manos mismas,&lt;br /&gt;en un negro sabor de tierra amarga,&lt;br /&gt;los himnos claros y los roncos trenos&lt;br /&gt;con que cantaba la belleza,&lt;br /&gt;entre tambores de gangoso idioma&lt;br /&gt;y esbeltos címbalos que dan al aire&lt;br /&gt;sus golondrinas de latón agudo;&lt;br /&gt;ay, los trenos e himnos que loaban&lt;br /&gt;la rosa marinera&lt;br /&gt;que consuma el periplo del jardín&lt;br /&gt;con sus velas henchidas de fragancia;&lt;br /&gt;y el malsano crepúsculo de herrumbre,&lt;br /&gt;amapola del aire lacerado&lt;br /&gt;que se pincha en las púas de un gorjeo;&lt;br /&gt;y la febril estrella, lis de calosfrío,&lt;br /&gt;punto sobre las íes&lt;br /&gt;de las tinieblas;&lt;br /&gt;y el rojo cáliz del pezón macizo,&lt;br /&gt;sola flor de granado&lt;br /&gt;en la cima angustiosa del deseo,&lt;br /&gt;y la mandrágora del sueño amigo&lt;br /&gt;que crece en los escombros cotidianos&lt;br /&gt;—ay, todo el esplendor de la belleza&lt;br /&gt;y el bello amor que la concierta toda&lt;br /&gt;en un orbe de imanes arrobados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;--------------------------------------------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;PORQUE el tambor rotundo&lt;br /&gt;y las ricas bengalas que los címbalos&lt;br /&gt;tremolan en la altura de los cantos,&lt;br /&gt;se anegan, ay, en un sabor de tierra amarga,&lt;br /&gt;cuando el hombre descubre en sus silencios&lt;br /&gt;que su hermoso lenguaje se le agosta,&lt;br /&gt;se le quema —confuso— en la garganta,&lt;br /&gt;exhausto de sentido;&lt;br /&gt;ay, su aéreo lenguaje de colores,&lt;br /&gt;que así se jacta del matiz estricto&lt;br /&gt;en el humo aterrado de sus sienas&lt;br /&gt;o en el sol de sus tibios bermellones;&lt;br /&gt;él, que discurre en la ansiedad del labio&lt;br /&gt;como una lenta rosa enamorada;&lt;br /&gt;él, que cincela sus celos de paloma&lt;br /&gt;y modula sus látigos feroces;&lt;br /&gt;que salta en sus caídas&lt;br /&gt;con un ruidoso síncope de espumas;&lt;br /&gt;que prolonga el insomnio de su brasa&lt;br /&gt;en las mustias cenizas del oído;&lt;br /&gt;que oscuramente repta&lt;br /&gt;e hinca enfurecido la palabra&lt;br /&gt;de hiel, la tuerta frase de ponzoña;&lt;br /&gt;él, que labra el amor del sacrificio&lt;br /&gt;en columnas de ritmos espirales,&lt;br /&gt;sí, todo él, lenguaje audaz del hombre,&lt;br /&gt;se le ahoga —confuso— en la garganta&lt;br /&gt;y de su gracia original no queda&lt;br /&gt;sino el horror de un pozo desecado&lt;br /&gt;que sostiene su mueca de agonía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;--------------------------------------------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;PORQUE el hombre descubre en sus silencios&lt;br /&gt;que su hermoso lenguaje se le agosta&lt;br /&gt;en el minuto mismo del quebranto,&lt;br /&gt;cuando los peces todos&lt;br /&gt;que en cautelosas órbitas discurren&lt;br /&gt;como estrellas de escamas, diminutas,&lt;br /&gt;por la entumida noche submarina,&lt;br /&gt;cuando los peces todos&lt;br /&gt;y el ulises salmón de los regresos&lt;br /&gt;y el delfín apolíneo, pez de dioses,&lt;br /&gt;deshacen su camino hacia las algas;&lt;br /&gt;cuando el tigre que huella&lt;br /&gt;la castidad del musgo&lt;br /&gt;con secretas pisadas de resorte&lt;br /&gt;y el bóreas de los ciervos presurosos&lt;br /&gt;y el cordero Luis XV, gemebundo,&lt;br /&gt;y el léon babilónico&lt;br /&gt;que añora el alabastro de los frisos&lt;br /&gt;—¡flores de sangre, eternas,&lt;br /&gt;en el racimo inmemorial de las especies!—&lt;br /&gt;cuando todos inician el regreso&lt;br /&gt;a sus mudos letargos vegetales;&lt;br /&gt;cuando la aguda alondra se deslíe&lt;br /&gt;en el agua del alba,&lt;br /&gt;mientras las aves todas&lt;br /&gt;y el solitario búho que medita&lt;br /&gt;con su antifaz de fósforo en la sombra,&lt;br /&gt;la golondrina de escritura hebrea&lt;br /&gt;y el pequeño gorrión, hambre en la nieve,&lt;br /&gt;mientras todas las aves se disipan&lt;br /&gt;en la noche enroscada del reptil;&lt;br /&gt;cuando todo —por fin— lo que anda o repta&lt;br /&gt;y todo lo que vuela o nada, todo,&lt;br /&gt;se encoge en un crujir de mariposas,&lt;br /&gt;regresa a su orígenes y al origen fatal de sus orígenes,&lt;br /&gt;hasta que su eco mismo se reinstala&lt;br /&gt;en el primer silencio tenebroso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;--------------------------------------------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;PORQUE los bellos seres que transitan&lt;br /&gt;por el sopor añoso de la tierra&lt;br /&gt;—¡trasgos de sangre, libres,&lt;br /&gt;en la pantalla de su sueño impuro!—&lt;br /&gt;todos se dan a un frenesí de muerte,&lt;br /&gt;ay, cuando el sauce&lt;br /&gt;acumula su llanto&lt;br /&gt;para urdir la substancia de un delirio&lt;br /&gt;en que —¡tú! ¡yo! ¡nosotros!— de repente,&lt;br /&gt;a fuerza de atar nombres destemplados,&lt;br /&gt;ay, no le queda sino el tronco prieto,&lt;br /&gt;desnudo de oración ante su estrella;&lt;br /&gt;cuando con él, desnudos, se sonrojan&lt;br /&gt;el álamo temblón de encanecida barba&lt;br /&gt;y el eucalipto rumoroso,&lt;br /&gt;témpano de follaje&lt;br /&gt;y tornillo sin fin de la estatura&lt;br /&gt;que se pierde en las nubes, persiguiéndose;&lt;br /&gt;y también el cerezo y el durazno&lt;br /&gt;en su loca efusión de adolescentes&lt;br /&gt;y la angustia espantosa de la ceiba&lt;br /&gt;y todo cuanto nace de raíces,&lt;br /&gt;desde el heroico roble&lt;br /&gt;hasta la impúbera&lt;br /&gt;menta de boca helada;&lt;br /&gt;cuando las plantas de sumisas plantas&lt;br /&gt;retiran el ramaje presuntuoso,&lt;br /&gt;se esconden en sus ásperas raíces&lt;br /&gt;y en la acerba raíz de sus raices&lt;br /&gt;y presas de un absurdo crecimiento&lt;br /&gt;se desarrollan hacia la semilla,&lt;br /&gt;hasta quedar inmóviles&lt;br /&gt;¡oh cementerios de talladas rosas!&lt;br /&gt;en los duros jardines de la piedra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;--------------------------------------------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;PORQUE desde el anciano roble heroico&lt;br /&gt;hasta la impúbera&lt;br /&gt;menta de boca helada,&lt;br /&gt;ay, todo cuanto nace de raíces&lt;br /&gt;establece sus tallos paralíticos&lt;br /&gt;en los duros jardines de la piedra,&lt;br /&gt;cuando el rubí de angélicos melindres&lt;br /&gt;y el diamante iracundo&lt;br /&gt;que fulmina a la luz con un reflejo,&lt;br /&gt;más el ario zafir de ojos azules&lt;br /&gt;y la geórgica esmeralda que se anega&lt;br /&gt;en el abril de su robusta clorofila,&lt;br /&gt;una a una, las piedras delirantes,&lt;br /&gt;con sus lindas hermanas cenicientas,&lt;br /&gt;turquesa, lapislázuli, alabastro,&lt;br /&gt;pero también el oro prisionero&lt;br /&gt;y la plata de lengua fidedigna,&lt;br /&gt;ingenua ruiseñor de los metales&lt;br /&gt;que se ahoga en el agua de su canto;&lt;br /&gt;cuando las piedras finas&lt;br /&gt;y los metales exquisitos, todos,&lt;br /&gt;regresan a sus nidos subterráneos&lt;br /&gt;por las rutas candentes de la llama,&lt;br /&gt;ay, ciegos de su lustre,&lt;br /&gt;ay, ciegos de su ojo,&lt;br /&gt;que el ojo mismo,&lt;br /&gt;como un siniestro pájaro de humo&lt;br /&gt;en su aterida combustión se arranca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;--------------------------------------------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;PORQUE raro metal o piedra rara,&lt;br /&gt;así como la roca escueta, lisa,&lt;br /&gt;que figura castillos&lt;br /&gt;con sólo naipes de aridez y escarcha,&lt;br /&gt;y así la arena de arrugados pechos&lt;br /&gt;y el humus maternal de entraña tibia,&lt;br /&gt;ay, todo se consume&lt;br /&gt;con un mohíno crepitar de gozo,&lt;br /&gt;cuando la forma en sí, la forma pura,&lt;br /&gt;se entrega a la delicia de su muerte&lt;br /&gt;y en su sed de agotarla a grandes luces&lt;br /&gt;apura en una llama&lt;br /&gt;el aceite ritual de los sentidos,&lt;br /&gt;que sin labios, sin dedos, sin retinas,&lt;br /&gt;sí, paso a paso, muerte a muerte, locos,&lt;br /&gt;se acogen a sus túmidas matrices,&lt;br /&gt;mientras unos a otros se devoran&lt;br /&gt;al animal, la planta&lt;br /&gt;a la planta, la piedra&lt;br /&gt;a la piedra, el fuego&lt;br /&gt;al fuego, el mar&lt;br /&gt;al mar, la nube&lt;br /&gt;a la nube, el sol&lt;br /&gt;hasta que todo este fecundo río&lt;br /&gt;de enamorado semen que conjuga,&lt;br /&gt;inaccesible al tedio,&lt;br /&gt;el suntuoso caudal de su apetito,&lt;br /&gt;no desembca en sus entrañas mismas,&lt;br /&gt;en el acre silencio de sus fuentes,&lt;br /&gt;entre un fulgor de soles emboscados,&lt;br /&gt;en donde nada es ni nada está,&lt;br /&gt;donde el sueño no duele,&lt;br /&gt;donde nada ni nadie, nunca, está muriendo&lt;br /&gt;y solo ya, sobre las grandes aguas,&lt;br /&gt;flota el Espíritu de Dios que gime&lt;br /&gt;con un llanto más llanto aún que el llanto,&lt;br /&gt;como si herido —¡ay, Él también!— por un cabello,&lt;br /&gt;por el ojo en almendra de esa muerte&lt;br /&gt;que emana de su boca,&lt;br /&gt;hubiese al fin ahogado su palabra sangrienta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡ALELUYA, ALELUYA!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;--------------------------------------------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡TAN-TAN! ¿Quién es? Es el Diablo,&lt;br /&gt;es una espesa fatiga,&lt;br /&gt;un ansia de trasponer&lt;br /&gt;estas lindes enemigas,&lt;br /&gt;este morir incesante,&lt;br /&gt;tenaz, esta muerte viva,&lt;br /&gt;¡oh Dios! que te está matando&lt;br /&gt;en tus hechuras estrictas,&lt;br /&gt;en las rosas y en las piedras,&lt;br /&gt;en las estrellas ariscas&lt;br /&gt;y en la carne que se gasta&lt;br /&gt;como un hoguera encendida,&lt;br /&gt;por el canto, por el sueño,&lt;br /&gt;por el color de la vista.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Tan-tan! ¿Quién es? Es el Diablo,&lt;br /&gt;ay, una ciega alegría,&lt;br /&gt;un hambre de consumir&lt;br /&gt;el aire que se respira,&lt;br /&gt;la boca, el ojo, la mano;&lt;br /&gt;estas pungentes cosquillas&lt;br /&gt;de disfrutarnos enteros&lt;br /&gt;en sólo un golpe de risa,&lt;br /&gt;ay, esta muerte insultante,&lt;br /&gt;procaz, que nos asesina&lt;br /&gt;a distancia, desde el gusto&lt;br /&gt;que tomamos en morirla,&lt;br /&gt;por una taza de té,&lt;br /&gt;por una apenas caricia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Tan-tan! ¿Quién es? Es el Diablo,&lt;br /&gt;es una muerte de hormigas&lt;br /&gt;incansables, que pululan&lt;br /&gt;¡oh Dios sobre tus astillas,&lt;br /&gt;que acaso ta han muerto allá,&lt;br /&gt;siglos de edades arriba,&lt;br /&gt;sin advertirlo nosotros,&lt;br /&gt;migajas, borra, cenizas&lt;br /&gt;de ti, que sigues presente&lt;br /&gt;como una estrella mentida&lt;br /&gt;por su sola luz, por una&lt;br /&gt;luz sin estrella, vacía,&lt;br /&gt;que llega al mundo escondiendo&lt;br /&gt;su catástrofe infinita.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;[BAILE]&lt;br /&gt;Desde mis ojos insomnes&lt;br /&gt;mi muerte me está acechando,&lt;br /&gt;me acecha, sí, me enamora&lt;br /&gt;con su ojo lánguido.&lt;br /&gt;¡Anda, putilla del rubor helado,&lt;br /&gt;anda, vámonos al diablo! &lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/32301282-6268017640240639029?l=lecturasymiradas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lecturasymiradas.blogspot.com/feeds/6268017640240639029/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=32301282&amp;postID=6268017640240639029' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32301282/posts/default/6268017640240639029'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32301282/posts/default/6268017640240639029'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lecturasymiradas.blogspot.com/2009/07/jose-gorostiza-poeta-mexicano-ano-ano.html' title='MUERTE SIN FIN'/><author><name>Jorge Alberdi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06839403331625373087</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='26' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_8rE0iJThDfs/RiJfPo2LT2I/AAAAAAAAABY/aDR0r83W5Bk/s320/JorgeAlberdiImagen.bmp'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-32301282.post-521749648340190834</id><published>2009-07-04T20:22:00.007-03:00</published><updated>2009-07-04T20:39:27.338-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Miradas'/><title type='text'>El otoño no nos ciega</title><content type='html'>&lt;div&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_8rE0iJThDfs/Sk_nBSoDKnI/AAAAAAAAATo/030ZF69Hpbo/s1600-h/Sangre+1.JPG"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5354752491332512370" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 300px; CURSOR: hand; HEIGHT: 400px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_8rE0iJThDfs/Sk_nBSoDKnI/AAAAAAAAATo/030ZF69Hpbo/s400/Sangre+1.JPG" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt; "Sangre" &lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_8rE0iJThDfs/Sk_m1gbSr1I/AAAAAAAAATg/dRynU0N2Too/s1600-h/escritura+b.JPG"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5354752288878669650" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 300px; CURSOR: hand; HEIGHT: 400px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_8rE0iJThDfs/Sk_m1gbSr1I/AAAAAAAAATg/dRynU0N2Too/s400/escritura+b.JPG" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt; "Escritura"&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_8rE0iJThDfs/Sk_mmqQVSpI/AAAAAAAAATY/0T-A68TU5iQ/s1600-h/mapa+en+el+mapa+b.JPG"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5354752033819019922" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 300px; CURSOR: hand; HEIGHT: 400px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_8rE0iJThDfs/Sk_mmqQVSpI/AAAAAAAAATY/0T-A68TU5iQ/s400/mapa+en+el+mapa+b.JPG" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt; "El mapa en el mapa"&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_8rE0iJThDfs/Sk_mWtBVHqI/AAAAAAAAATQ/BHfo1bKg3bs/s1600-h/Contraste.JPG"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5354751759683493538" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 300px; CURSOR: hand; HEIGHT: 400px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_8rE0iJThDfs/Sk_mWtBVHqI/AAAAAAAAATQ/BHfo1bKg3bs/s400/Contraste.JPG" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt; "Contraste" &lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_8rE0iJThDfs/Sk_l_ZezjlI/AAAAAAAAATI/rswtgBGvYOY/s1600-h/Detalle.JPG"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5354751359301422674" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 300px; CURSOR: hand; HEIGHT: 400px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_8rE0iJThDfs/Sk_l_ZezjlI/AAAAAAAAATI/rswtgBGvYOY/s400/Detalle.JPG" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt; "Detalle" &lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Jorge Alberdi - serie 2009&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;div&gt; &lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/32301282-521749648340190834?l=lecturasymiradas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lecturasymiradas.blogspot.com/feeds/521749648340190834/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=32301282&amp;postID=521749648340190834' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32301282/posts/default/521749648340190834'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32301282/posts/default/521749648340190834'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lecturasymiradas.blogspot.com/2009/07/el-otono-no-nos-ciega.html' title='El otoño no nos ciega'/><author><name>Jorge Alberdi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06839403331625373087</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='26' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_8rE0iJThDfs/RiJfPo2LT2I/AAAAAAAAABY/aDR0r83W5Bk/s320/JorgeAlberdiImagen.bmp'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_8rE0iJThDfs/Sk_nBSoDKnI/AAAAAAAAATo/030ZF69Hpbo/s72-c/Sangre+1.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-32301282.post-1725621938465319223</id><published>2009-02-22T12:11:00.007-02:00</published><updated>2009-02-22T12:40:15.840-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Lecturas'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Miradas'/><title type='text'>LOS PROFESORES</title><content type='html'>&lt;div align="left"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color:#339999;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;Nicanor Parra, &lt;span style="color:#000000;"&gt;poeta, Chile (1914)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5305630262604043010" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 305px; CURSOR: hand; HEIGHT: 400px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_8rE0iJThDfs/SaFinQgTkwI/AAAAAAAAASQ/cKPWSMBxWfY/s400/Nicanor+Parra.jpg" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Los profesores nos volvieron locos&lt;br /&gt;a preguntas que no venían al caso&lt;br /&gt;cómo se suman los números complejos&lt;br /&gt;hay o no hay arañas en la luna&lt;br /&gt;cómo murió la familia del zar&lt;br /&gt;es posible cantar con la boca cerrada?&lt;br /&gt;quién le pintó bigotes a la Gioconda&lt;br /&gt;cómo se llaman los habitantes de Jerusalén&lt;br /&gt;hay o no hay oxígeno en el aire&lt;br /&gt;cuántos son los apóstoles de Cristo&lt;br /&gt;cuál es el significado de la palabra consueta&lt;br /&gt;cuáles fueron las palabras que dijo Cristo en la cruz&lt;br /&gt;quién es el autor de Madame Bovary&lt;br /&gt;dónde escribió Cervantes el Quijote&lt;br /&gt;cómo mató David al Gigante Goliat&lt;br /&gt;etimología de la palabra filosofía&lt;br /&gt;cuál es la capital de Venezuela&lt;br /&gt;cuándo llegaron los españoles a Chile&lt;br /&gt;Nadie dirá que nuestros maestros&lt;br /&gt;fueron una enciclopedias rodantes&lt;br /&gt;exactamente todo lo contrario:&lt;br /&gt;fueron unos modestos profesores primarios&lt;br /&gt;o secundario no recuerdo muy bien&lt;br /&gt;-eso sí que de bastón y levita&lt;br /&gt;como que estamos a comienzos del siglo-&lt;br /&gt;no tenían para qué molestarse&lt;br /&gt;en molestarnos de esa manera&lt;br /&gt;salvo por razones inconfesables:a qué tanta manía pedagógica&lt;br /&gt;tanta crueldad en el vacío más negro&lt;br /&gt;dentadura del tigre&lt;br /&gt;nombre científico de la golondrina&lt;br /&gt;de cuántas partes consta una misa solemne&lt;br /&gt;cuál es la fórmula del anhídrido sulfúrico&lt;br /&gt;cómo se suman fracciones de distinto denominador&lt;br /&gt;estómago de los rumiantes&lt;br /&gt;árbol genealógico de Felipe II&lt;br /&gt;Maestros cantores de Nüremberg&lt;br /&gt;Evangelio según San Mateo&lt;br /&gt;nombre cinco poetas finlandeses&lt;br /&gt;etimología de la palabra etimología&lt;br /&gt;ley de la gravitación universal&lt;br /&gt;a qué familia pertenece la vaca&lt;br /&gt;cómo se llaman las alas de los insectos&lt;br /&gt;a qué familia pertenece el ornitorrinco&lt;br /&gt;mínimo común múltiplo entre dos y tres&lt;br /&gt;hay o no hay tinieblas en la luz&lt;br /&gt;origen del sistema solar&lt;br /&gt;aparato respiratorio de los anfibios&lt;br /&gt;órganos exclusivos de los peces&lt;br /&gt;sistema periódico de los elementos&lt;br /&gt;autor de los Cuatro Jinetes del Apocalipsis&lt;br /&gt;en qué consiste el fenómeno llamado espejismo&lt;br /&gt;cuánto demoraría un tren en llegar a la luna&lt;br /&gt;cómo se dice pizarrón en francés&lt;br /&gt;subraye las palabras terminadas en consonante&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;la verdadera verdad de las cosas&lt;br /&gt;es que nosotros nos sentábamos en la diferencia&lt;br /&gt;quién iba a molestarse con esas preguntas&lt;br /&gt;-en el peor de los casos nos hacían temblar-&lt;br /&gt;únicamente un malo en la cabeza&lt;br /&gt;nosotros éramos gente de acción&lt;br /&gt;a nuestros ojos el mundo se reducía&lt;br /&gt;al tamaño de una pelota de fútbol&lt;br /&gt;y patearla era nuestro delirio&lt;br /&gt;nuestra razón de ser adolescentes&lt;br /&gt;hubo campeonatos que se prolongaron hasta la noche&lt;br /&gt;todavía me veo persiguiendo&lt;br /&gt;la pelota invisible en la oscuridad&lt;br /&gt;había que ser búho o murciélago&lt;br /&gt;para no chocar con los muros de adobe&lt;br /&gt;ése era nuestro mundo&lt;br /&gt;las preguntas de nuestros profesores&lt;br /&gt;pasaban gloriosamente por nuestras orejas&lt;br /&gt;como agua por la espalda de pato&lt;br /&gt;sin perturbar la calma del universo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;partes constitutivas de la flor&lt;br /&gt;a qué familia pertenece la comadreja&lt;br /&gt;método de preparación del ozono&lt;br /&gt;testamento político de Balmaseda&lt;br /&gt;sorpresa da Cancha Rayada&lt;br /&gt;por dónde entró el Ejército Libertador&lt;br /&gt;insecto nocivos en la agricultura&lt;br /&gt;cómo comienza el Poema del Cid&lt;br /&gt;dibuje una garrucha diferencial&lt;br /&gt;y determine la condición de equilibrio&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;el amable lector comprenderá&lt;br /&gt;que se nos pedía más de lo justo&lt;br /&gt;más de lo estrictamente necesario&lt;br /&gt;determinar la altura de una nube?&lt;br /&gt;calcular el volumen de una pirámide?&lt;br /&gt;demostrar que raíz de dos es un número irracional?&lt;br /&gt;aprender de memoria las Coplas de Jorge Manrique?&lt;br /&gt;déjense de pamplinas con nosotros&lt;br /&gt;hoy tenemos que dirimir un campeonato&lt;br /&gt;pero llegaban las pruebas escritas&lt;br /&gt;y a continuación las pruebas orales&lt;br /&gt;(en una de fregar cayó caldera)&lt;br /&gt;con esa misma regularidad morbosa&lt;br /&gt;con que la bandurria anuncia tormenta&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;teoría electromagnética de la luz&lt;br /&gt;en qué se distingue el trovador del juglar&lt;br /&gt;es correcto decir se venden huevos?&lt;br /&gt;sabe lo que es un pozo artesiano&lt;br /&gt;clasifique los pájaros de Chile&lt;br /&gt;asesinato de Manuel Rodríguez&lt;br /&gt;independencia de la Guayana Francesa&lt;br /&gt;Simón Bolívar héroe o antihéroe&lt;br /&gt;discurso de abdicación de O’Higgins&lt;br /&gt;ustedes están más colgados que una ampolleta&lt;br /&gt;los profesores tenían razón&lt;br /&gt;en verdad en verdad&lt;br /&gt;el cerebro se nos escapaba por las narices&lt;br /&gt;había que ver cómo nos castañeteaban los dientes&lt;br /&gt;a qué se deben los colores del arco iris&lt;br /&gt;hemisferio de Magdeburgo&lt;br /&gt;nombre científico de la golondrina&lt;br /&gt;metamorfosis de la rana&lt;br /&gt;qué entiende Kant por imperativo categórico&lt;br /&gt;cómo se convierten pesos chilenos a libras esterlinas&lt;br /&gt;quién introdujo en Chile el colibrí&lt;br /&gt;por qué no cae la Torre de Pisa&lt;br /&gt;por qué no se vienen abajo los Jardines Flotantes&lt;br /&gt;de Babilonia&lt;br /&gt;por qué no cae la luna a la tierra&lt;br /&gt;departamentos de la provincia de Nuble&lt;br /&gt;cómo se trisecta un ángulo recto&lt;br /&gt;cuántos y cuáles son los poliedros regulares&lt;br /&gt;éste no tiene la menor idea de nada&lt;br /&gt;hubiera preferido que me tragara la tierra&lt;br /&gt;a contestar esas preguntas descabelladas&lt;br /&gt;sobre todo después de los discursitos moralizantes&lt;br /&gt;a que nos sometían día por medio&lt;br /&gt;saben ustedes cuánto cuesta al estado&lt;br /&gt;cada ciudadano chileno&lt;br /&gt;desde el momento que entra a la escuela primaria&lt;br /&gt;hasta el momento que sale de la universidad?&lt;br /&gt;un millón de pesos de seis peniques!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;un millón de pesos de seis peniques&lt;br /&gt;y seguían apuntándonos con el dedo:&lt;br /&gt;cómo se explica la paradoja hidrostática&lt;br /&gt;cómo se reproducen los helados&lt;br /&gt;enumeren los volcanes de Chile&lt;br /&gt;cuál es el río más largo del mundo&lt;br /&gt;cuál es el acorazado más poderoso del mundo&lt;br /&gt;cómo se reproducen los elefantes&lt;br /&gt;inventor de la máquina de coser&lt;br /&gt;inventor de los globos aerostáticos&lt;br /&gt;ustedes están más colgados que una ampolleta&lt;br /&gt;van a tener que irse para la casa&lt;br /&gt;y volver con sus apoderados&lt;br /&gt;a conversar con el Rector de Establecimiento&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y mientras tanto la Primera Guerra Mundial&lt;br /&gt;Y mientras tanto la Segunda Guerra Mundial&lt;br /&gt;la adolescencia al fondo del patio&lt;br /&gt;la juventud debajo de la mesa&lt;br /&gt;la madurez que no se conoció&lt;br /&gt;la vejez&lt;br /&gt;con sus alas de insecto.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;***&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;&lt;strong&gt;Nicanor Parra: Héroe de la ocultación&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Por Harols Bloom&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;A sus noventa años, Nicanor Parra lleva casi setenta siendo un poeta original y vital. La espléndida tradición de la poesía chilena se remonta al español Alonso de Ercilla, cuya épica, aun combatiéndolos, deja constancia del valor de los rebeldes chilenos de Arauco que se alzaron contra los españoles a finales de la década de 1550. Siglos después, Gabriela Mistral, Vicente (...)&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;a onclick="changecontent('XXX')"&gt;&lt;u&gt;&lt;span title="Seguir leyendo"  style="color:#66cccc;"&gt;&lt;em&gt;Leer Completo&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/u&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="color:#66cccc;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="switchcontent" id="XXX"&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;(...) Huidobro y Pablo Neruda produjeron versos tan brillantes que Parra tuvo que colocarse a sí mismo en relación dialéctica con ellos. Ironista consumado, Parra burla afablemente el proceso de la influencia, declinando convertirse en otro Neruda. En lugar de eso, retrocede hasta Aristófanes y Catulo, y se reclama heredero de esa gran familia literaria a la que pertenecen también François Villon y John Sketon, y que tiene como centro a Rabelais. Por otro lado, si bien asimila en cierta medida las posturas de Whitman, Parra evita las grandiosas formas de éste en favor de armonías quebradas y de medidas que no rehúyen la tradición popular.&lt;br /&gt;Lo primero que leí de Parra fueron sus "Recuerdos de juventud", en una traducción hecha por mi amigo William Merwin. El poema me obsesionó durante mucho tiempo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo pensaba en un trozo de cebolla visto /durante la cena Y en el abismo que nos separa de los otros /abismos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Palabras que me siguen recordando la comparación del alma con una cebolla que hace Ibsen en Peer Gynt . Por entonces leí también "El túnel", un poema iracundo y al mismo tiempo encantador, de nuevo brillantemente vertido al inglés por Merwin, él mismo un gran poeta contemporáneo de América, más cercano a Parra que a Ezra Pound o T. S. Eliot; cada vez que lo leo, ha vuelto a cambiar, y en ese sentido Parra es sin duda uno de sus maestros.&lt;br /&gt;Uno de mis poemas favoritos de Parra es "Las tablas". Tan hilarante como siniestro, "Las tablas" me perturba con oscuras revelaciones de mí mismo. No conozco otra conformación más original con las Tablas de la Ley. Es posible que para Parra las rocas del Sinaí representen el poder de Neruda, Mistral y Huidobro.&lt;br /&gt;¿Cómo no iba a venerar yo los mejores poemas de Parra? Es un héroe de la ocultación, en sí mismo un Mapa de Malas Lecturas. Ya se rebele contra la poesía chilena, contra Marx o Freud, conoce los límites de la ironía de la ironía. Es a la vez un auténtico innovador y un monumento cómplice a la Ansiedad de la Influencia.&lt;br /&gt;Como crítico literario gnóstico, judío y norteamericano, no estoy muy convencido de entender del todo a Nicanor Parra. Pero creo firmemente que, si el poeta más poderoso que hasta ahora ha dado del Nuevo Mundo sigue siendo Walt Whitman, Parra se le une como un poeta esencial de las Tierras del Crepúsculo.&lt;br /&gt;¿Cuál es la función de la poesía en 2005, cuando Estados Unidos ha enloquecido y ha coronado a un plutócrata que -por fortuna- es demasiado ignorante para convertirse abiertamente en fascista? Chile tuvo su Edad Oscura y ahora nos toca a nosotros. Hay algunos poetas vivos maravillosos en Estados Unidos, entre los cuales se destaca John Ashbery. Pero no tenemos a ninguno tan persuasivamente irreverente como Parra.&lt;br /&gt;Debe reconocerse como un mérito de Parra el haber contribuido a preservar la imagen de lo humano en estos malos tiempos en que la Izquierda y la Derecha han sacrificado juntas la libertad de imaginación en aras de sus ideologías antagónicas. Parra nos devuelve una individualidad preocupada por sí misma y por los demás, en lugar de un individualismo tan indiferente a los demás como a sí mismo. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/32301282-1725621938465319223?l=lecturasymiradas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lecturasymiradas.blogspot.com/feeds/1725621938465319223/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=32301282&amp;postID=1725621938465319223' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32301282/posts/default/1725621938465319223'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32301282/posts/default/1725621938465319223'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lecturasymiradas.blogspot.com/2009/02/los-profesores.html' title='LOS PROFESORES'/><author><name>Jorge Alberdi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06839403331625373087</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='26' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_8rE0iJThDfs/RiJfPo2LT2I/AAAAAAAAABY/aDR0r83W5Bk/s320/JorgeAlberdiImagen.bmp'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_8rE0iJThDfs/SaFinQgTkwI/AAAAAAAAASQ/cKPWSMBxWfY/s72-c/Nicanor+Parra.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-32301282.post-3401874065432681899</id><published>2009-01-26T23:10:00.003-02:00</published><updated>2009-01-26T23:19:32.974-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Miradas'/><title type='text'>Viaje para Estrellarse</title><content type='html'>&lt;div align="left"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color:#339999;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;Jolene Blalock &amp;amp; Jeri Ryan, &lt;span style="color:#000000;"&gt;actrices&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Para los amantes de las legendarias series que iniciaran con Star Trek, esta imagen podría ser solo la concreción de un programa erótico en la holocubierta de la "Voyager", o una de las tantas paradojas espaciales y temporales; contrapunto entre 7 de 9, encarnada por Jeri Ryan y T'Pol, la vulcana de "Star Trek: Enterprise", actuada por Jolene Blalock. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Mirar al cielo, no vale.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5295775131205731058" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 257px; CURSOR: hand; HEIGHT: 400px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_8rE0iJThDfs/SX5fbHHdgvI/AAAAAAAAARw/1OLGkFdZRvs/s400/Jeri+Ryan++%26+Jolene+Blalock+jpg.jpg" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="switchcontent" id="XXX"&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/32301282-3401874065432681899?l=lecturasymiradas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lecturasymiradas.blogspot.com/feeds/3401874065432681899/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=32301282&amp;postID=3401874065432681899' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32301282/posts/default/3401874065432681899'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32301282/posts/default/3401874065432681899'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lecturasymiradas.blogspot.com/2009/01/viaje-para-estrellarse.html' title='Viaje para Estrellarse'/><author><name>Jorge Alberdi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06839403331625373087</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='26' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_8rE0iJThDfs/RiJfPo2LT2I/AAAAAAAAABY/aDR0r83W5Bk/s320/JorgeAlberdiImagen.bmp'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_8rE0iJThDfs/SX5fbHHdgvI/AAAAAAAAARw/1OLGkFdZRvs/s72-c/Jeri+Ryan++%26+Jolene+Blalock+jpg.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-32301282.post-7648437753111345057</id><published>2008-11-01T22:27:00.004-02:00</published><updated>2008-11-01T22:41:05.184-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Lecturas'/><title type='text'>SOBRE POEMA Y POETAS</title><content type='html'>&lt;div align="left"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color:#339999;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;Rubén Vedovaldi, &lt;span style="color:#000000;"&gt;escritor argentino&lt;/span&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt; (Rosario, 1951)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Me preguntan cómo sabemos si un poema es bueno y esa pregunta me provoca esta reflexión. Tengo ya 57 años de edad y todavía no sé qué condiciones debe reunir un hombre para ser considerado bueno. ¿Podría yo opinar, con cierta probabilidad de profundizar en un aporte válido, qué requisito, qué procedimientos, qué tratamiento, recursos o virtudes debe reunir un poema para ser considerado bueno? No lo sé, y aún así estoy siempre arrojado a ser hombre y cada vez más urgido a devenir poeta.&lt;br /&gt;La pregunta apunta a un ejemplar y tal vez haya que considerar no un poema en particular sino toda una poemática, decodificar no un cromosoma sino todo el mapa genético.&lt;br /&gt;Justamente, desde hace cuarenta años me fascina este arte y oficio porque me abre a toda la libertad al no darme ninguna receta infalible. Pero esa libertad nos puede llevar a la más absoluta incertidumbre.&lt;br /&gt;Si alguna vez hubo un modelo indiscutido de versificación, -aquella poética de Aristóteles o la de Boileau- ya no los hay. Ni siquiera hay una teoría física del universo unificada, como en tiempos de Newton. Y eso nos pone siempre al borde entre el deber y la libertad, entre saber y creer, entre lo hecho y lo por hacer, entre la impresión y la creatividad o la dispersión.&lt;br /&gt;Tal vez la poesía sea un viaje de la desilusión a la esperanza, corregido por la realidad.&lt;br /&gt;Parafraseando a Heráclito podría pensar: ningún lector atraviesa dos veces el mismo poema. Pongamos el acento en el epos de nuestra ...&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;a onclick="changecontent('VEDO')"&gt;&lt;u&gt;&lt;span title="Seguir leyendo"  style="color:#ff6600;"&gt;&lt;em&gt;Leer Completo&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/u&gt;&lt;/a&gt; &lt;div class="switchcontent" id="VEDO"&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;ars poyética&lt;/em&gt;, o en lo que Víctor Redondo llama don de cántico y otros llamaban la &lt;em&gt;melopeya&lt;/em&gt;, lo pongamos en la &lt;em&gt;fanopeya&lt;/em&gt;, que los japoneses llamaban &lt;em&gt;satori&lt;/em&gt;, y otros llamaban iluminación o vaticinio o predicción o revelación, epifanía o mistagogia o elijamos la &lt;em&gt;logopeya&lt;/em&gt;, como Roberto Juarroz; o la &lt;em&gt;alegropeya&lt;/em&gt;, ese perderse para encontrarse de Leopoldo Marechal. Privilegiemos el testimonio, o tendamos al simbolismo, al anti-arte dadá, al fluir surreal, al conceptismo, muchas veces el autor será el último en ver objetivamente y reconocer un buen poema propio. ¿Y cuánto tiempo puede mantenerse uno firme en una opinión sobre poesía? ¿Cuánto tiempo lleva elaborar toda una poemática, un sistema propio?&lt;br /&gt;Tampoco creo que alcancemos la verdad absoluta o última a la hora de juzgar una página de otro autor. Yo necesito leer la obra completa de alguien para apreciar mejor un poema en particular. Y necesito poner cada nuevo escrito mío en contexto con los otros míos, o a la lectura crítica de otras personas, para no entusiasmarme demasiado o para no subestimarlo. El que habla en mi no termina en mí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo que sí he aprendido leyendo y escribiendo poesía es que no hay palabra poética y palabra prosaica, así como no hay forma escultórica y forma no escultórica, color pictórico y color no pictórico, gesto escénico y gesto obsceno, tema obligado y tema inconveniente.&lt;br /&gt;Me pregunto: ¿Por qué nos siguen conmoviendo algunos poemas de Góngora, de San Juan de la Cruz, de Shakespeare o de Whitmann o los sonetos de Petrarca, o los versículos de EL CANTAR DE LOS CANTARES del rey Salomón y ya no nos conmueve ese libro que nos ha regalado un poeta amigo la semana pasada? ¿Y por qué otras veces sucede todo lo contrario?&lt;br /&gt;Necesito someter un poema o un autor a la prueba de leerlo una vez en silencio y otra vez en voz alta y aún siento que accedo mejor a su "espíritu" si, inclusive, lo copio a mano.&lt;br /&gt;Cada verso, cada estrofa, deben calzar, como un rompecabezas, en la estructura del poema.&lt;br /&gt;Hay que aprender cómo ubicar los adjetivos y los verbos, cómo transponer las palabras respondiendo a una estructura mental que ya está a priori en el autor y urge el proceso de creación.&lt;br /&gt;Esa estructura o partitura o musicalidad no es normativa y general, sino que cada página pide su respiración y su música.&lt;br /&gt;Hay genero, porque no hay generalidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La escritura en versos, como ninguna otra, está dictada por el ritmo y la musicalidad del estrato fónico, aliada a una imagen intensamente reveladora que intentamos poner en sentido o concepto y palabras.&lt;br /&gt;La musicalidad dispone las palabras y los silencios inter-estróficos y por eso el "verso libre" es el menos libre de los versos.&lt;br /&gt;En un buen poema el tratamiento del lenguaje está por encima del tema.&lt;br /&gt;A partir del estallido del lenguaje por fisión psíquica, no se puede escribir poesía siguiendo un consenso generalizado de “cómo se debe escribir poesía”&lt;br /&gt;Lo general, como lo Inconsciente, está obligado a pactar con el yo, la persona, el sujeto hablante.&lt;br /&gt;Es más difícil escribir un poema corto que un poema largo y lo más difícil para los poetas de occidente es lograr un buen hai-ku.&lt;br /&gt;Algunos llegan a dominar la forma del soneto, pero si el soplo divino no viene del espíritu del autor, la forma es apenas la carátula, la máscara, pero lo vivo es el pie y no la horma del zapato.&lt;br /&gt;Un poema no es bueno por inentendible, en un buen poema han de estar las claves para que pueda ser gozado sin necesidad de referencias externas, sin que el lector tenga que ir a leer otro libro para poder degustar la página que tiene delante.&lt;br /&gt;Un buen poema debe bastarse a sí mismo.&lt;br /&gt;Un buen poeta evita el mal gusto pero no a costa de inhibir la expresividad.&lt;br /&gt;Un buen poeta va contra sus propios principios en cada nuevo desafío; romper en el poema de hoy el camino hecho en el poema de ayer es la mejor manera de no repetir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La poesía aspira a su autonomía. El que busca espiritualidad en los versos está confundiendo el domicilio.&lt;br /&gt;El que cree que la poesía es pretexto para tener relaciones sexuales, está discando número equivocado.&lt;br /&gt;Nunca escribir versos para quedar bien con la familia, con la tradición, con la religión o con partido político. Y menos, escribir para quedar bien con personas ricas y poderosas.&lt;br /&gt;Sobre nuestros familiares y amigos se puede escribir el mejor poema o el peor, al dejarnos ganar por el sentimentalismo o la sensiblería, que es enemiga de la sensibilidad.&lt;br /&gt;El que piensa que el poeta tiene el deber de denunciar o de hacer discurso parlamentario, como un poder legislativo, está confundiendo mester de poesía con deberes y derechos de ciudadanía.&lt;br /&gt;Algún colega me propone que, si el poeta no puede generar esperanza, al menos no aumente la desesperanza del lector. Si la desesperanza aumenta, será por otras causas, no culpemos de ellos al poeta.&lt;br /&gt;Otros vienen al poema a buscar la suma pureza de no sé qué. El que viene a la poesía en busca de pureza, se equivoca de casa; que estudie química, que vaya al laboratorio.&lt;br /&gt;Si el lector cree en una doctrina, sea esta social, política, económica, religiosa, metafísica o pseudocientífica, poca cosa podrá hacer la poesía allí. La poesía no es &lt;em&gt;otra&lt;/em&gt; creencia.&lt;br /&gt;No hay mala poesía. Si es mala no es poesía. No hay poesía enferma o anti-poesía, no hay crítica destructiva.&lt;br /&gt;El verso no tiene fronteras, pero es la mejor frontera contra la indiferencia, la insignificancia, el miedo, el odio, la ignorancia o la idiocia pandémica.&lt;br /&gt;La poesía, como creatividad, como todo arte creativo, no está en contra de nadie. La pulsión de muerte sí está en contra de cada uno, el egoísmo es enemigo del amor a uno mismo y a los demás, y crear es salir de uno mismo.&lt;br /&gt;El habla va delante y la escritura va detrás pero la escritura no es la sombra del habla.&lt;br /&gt;Es la boca del hombre la que da vida al diccionario y no el diccionario a la boca del hombre.&lt;br /&gt;El buen poeta dice más con el blanco de la página, con los espacios inter-estróficos, que con sus versos, pero tiene que decir; no puede vender hoja en blanco, que para eso está el librero.&lt;br /&gt;Antes del poema, el silencio no significa. Después del poema, el silencio es políglota.&lt;br /&gt;La poesía no es anarquía. Cada poema crea su orden, más bello o más terrible, dentro del orden y desorden contextual, pero, una cosa es el orden, otra cosa es la realidad y otra cosa es la poesía&lt;br /&gt;La poesía no es madre o hija de la lengua o del habla, sino amante. Cuando una poética se convierte en la esposa oficial de una lengua, ya es poesía muerta, ya el orgasmo se ha vuelto carne podrida.&lt;br /&gt;Lo que un buen poema me dice a mí, difícilmente le dirá a otros lectores. como la atracción o repulsión sexual.&lt;br /&gt;Voy a ser subjetivo: un buen poema es para mí CADÁVERES, de Néstor Perlongher, de su libro ALAMBRES.&lt;br /&gt;Otro que me parece buen poema es UNIÓN LIBRE, de André Bretón.&lt;br /&gt;Otro que vuelvo a leer y lo sigo sintiendo es AULLIDO, de Allen Ginsberg.&lt;br /&gt;EN UNA ESTACIÓN DEL METRO, de Ezra Pound.&lt;br /&gt;Y me sigue gustando el libro PAROLES de Jacques Prévert, como en mi primer adolescencia.&lt;br /&gt;Y me gusta LA TIERRA BALDÍA, de Eliot.&lt;br /&gt;Eliot, justamente, dijo: “Los poetas nuevos imitan, los poetas viejos roban y los malos poetas estropean lo que roban.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me interesa la poemática que aporte a la autonomía del género, el poema que no sea subalterno o muy tributario de la historicidad, de la religión, la mística, la mitología, la filosofía, la metafísica, el cine, la canción, la pornografía o la propaganda política, ya que para eso está el género ensayo u otros soportes.&lt;br /&gt;Busco como lector la capacidad de ruptura epistemológica, la condensación sémica, el grado de transgresión más que el acatamiento a mi canon o al canon supuestamente consensuado. Por eso me han fascinado un Rimbaud, un Artaud, un Lamborghini, un Emeterio Cerro, un Arturo Carrera pero también me gusta las letrísticas de Leonard Cohen, de Liliana Felipe.&lt;br /&gt;En mi infancia sentí una paroxística conmoción leyendo el NOCTURNO de José Asunción Silva o el Poema XX de Pablo Neruda, ROMANCE SONÁMBULO o LLANTO POR IGNACIO SÁNCHEZ MEJÍA de Federico García Lorca o EL CUERVO de Edgard Allan Poe.&lt;br /&gt;Hace muchos años escribí un poema muy extraño, bajo el fuego de beberme una botella entera de ginebra pura en un día, y todavía aquella página me sigue pareciendo sostenible, pero no aconsejo a nadie esa receta ya que el alcoholismo ha agriado y aún matado a más de un buen poeta y a millones de hombres.&lt;br /&gt;Alguna lejana vez, a la luz de un cigarrillo de marihuana, creí que estaba escribiendo algo trascendental, pero al releerlo tiempo después ya no me pareció así.&lt;br /&gt;Autores hay que han escrito sus poemas más maduros a la edad más temprana y otros que han logrado sus mejores páginas en su última etapa autoral.&lt;br /&gt;¿El poeta afina al hombre o el hombre, al convivir, afina y entona al poeta?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Particularmente, no escribo en la tribuna ni en el santuario, sino en la cocina de mi casa, que es también mi cocina literaria y por eso necesito dársela a probar a otros, aunque sea de a cucharadas.&lt;br /&gt;No creo en la fórmula alquímica, no creo en el misterio sino en el oficio, pero el poema empieza donde termina el oficio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Qué es más difícil, reconocer un buen poema o encontrar y reconocer a un buen poeta?&lt;br /&gt;Hay muchos que escriben versos pero hay muy pocos poetas y muy pocos lectores de poesía.&lt;br /&gt;Hay todavía poca poemática y mucha fashion y marketing para la feria, el recital o el reportaje.&lt;br /&gt;Finalmente, a la doxa individual, aunque la practico en mi escritura, prefiero cotejarla en la mesa abierta entre las opiniones y discusiones de otros autores y lectores.&lt;br /&gt;En todo caso, no olvidemos esto que bien dice Boris Vian: “Dejar la literatura en mano de los críticos literarios es tan suicida como dejar la paz en mano de los militares.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Capitán Bermúdez, Santa Fe, Argentina, 2008&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/32301282-7648437753111345057?l=lecturasymiradas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lecturasymiradas.blogspot.com/feeds/7648437753111345057/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=32301282&amp;postID=7648437753111345057' title='3 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32301282/posts/default/7648437753111345057'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32301282/posts/default/7648437753111345057'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lecturasymiradas.blogspot.com/2008/11/sobre-poema-y-poetas.html' title='SOBRE POEMA Y POETAS'/><author><name>Jorge Alberdi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06839403331625373087</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='26' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_8rE0iJThDfs/RiJfPo2LT2I/AAAAAAAAABY/aDR0r83W5Bk/s320/JorgeAlberdiImagen.bmp'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-32301282.post-3065314732264802734</id><published>2008-05-18T11:01:00.001-03:00</published><updated>2008-12-10T16:28:39.437-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Miradas'/><title type='text'>Nueva Naturaleza</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_8rE0iJThDfs/SDA5JrYl7HI/AAAAAAAAAGc/vE7oyv6KehQ/s1600-h/nueva+naturaleza.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5201720408040402034" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_8rE0iJThDfs/SDA5JrYl7HI/AAAAAAAAAGc/vE7oyv6KehQ/s400/nueva+naturaleza.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/32301282-3065314732264802734?l=lecturasymiradas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lecturasymiradas.blogspot.com/feeds/3065314732264802734/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=32301282&amp;postID=3065314732264802734' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32301282/posts/default/3065314732264802734'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32301282/posts/default/3065314732264802734'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lecturasymiradas.blogspot.com/2008/05/nueva-naturaleza.html' title='Nueva Naturaleza'/><author><name>Jorge Alberdi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06839403331625373087</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='26' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_8rE0iJThDfs/RiJfPo2LT2I/AAAAAAAAABY/aDR0r83W5Bk/s320/JorgeAlberdiImagen.bmp'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_8rE0iJThDfs/SDA5JrYl7HI/AAAAAAAAAGc/vE7oyv6KehQ/s72-c/nueva+naturaleza.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-32301282.post-697550738679846334</id><published>2008-04-27T21:03:00.002-03:00</published><updated>2008-04-27T21:08:07.918-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Lecturas'/><title type='text'>CARMILLA</title><content type='html'>&lt;div align="left"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color:#339999;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;Joseph Thomas Sheridan Le Fanu, &lt;span style="color:#000000;"&gt;escritor irlandes (1814-1873)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Vivíamos en Estiria, en un castillo. No es que nuestra fortuna fuera principesca, pero en aquel rincón del mundo era suficiente una pequeña renta anual para poder llevar una vida de gran señor. En cambio, en nuestro país y con nuestros recursos sólo habríamos podido llevar una existencia acomodada. Mi padre es inglés y yo, naturalmente, tengo un apellido inglés, pero no he visto nunca Inglaterra.&lt;br /&gt;Mi padre servía en el ejército austríaco. Cuando alcanzó la edad del retiro, con su reducido patrimonio pudo adquirir aquella pequeña residencia feudal, rodeada de varias hectáreas de tierra.&lt;br /&gt;No creo que exista nada más pintoresco y solitario. El castillo está situado sobre una suave colina y domina un extenso bosque. Una carretera angosta y abandonada pasa por delante de nuestro puente levadizo, que nunca he visto levantar: en su foso nadan los cisnes entre las blancas corolas de los nenúfares.&lt;br /&gt;Dominando este conjunto se levanta la amplia fachada del castillo con sus numerosas ventanas, sus torres y su capilla gótica. Delante del castillo se extiende el pintoresco bosque; a la derecha, la carretera discurre a lo largo de un puente gótico tendido sobre un torrente que serpentea a través del bosque.&lt;br /&gt;He dicho que es un lugar muy solitario. Juzgad vosotros mismos si digo la verdad. Mirando desde la puerta de entrada hacia la carretera, el bosque que rodea nuestro castillo se extiende quince millas a la derecha y doce a la izquierda. El pueblo habitado mas próximo está en esa última dirección, a una distancia aproximada de siete millas.&lt;br /&gt;El castillo más cercano y de cierta notoriedad histórica es el del general Spieldorf, a unas veinte millas a la derecha.&lt;br /&gt;He dicho el pueblo habitado más próximo, porque al oeste, sólo a tres millas, en dirección al castillo del general Spieldorf, hay un pueblecito en ruinas con su iglesia gótica también en ruinas; allí están las tumbas, casi ocultas entre piedras y follaje, de la orgullosa familia Karnstein, extinguida hace tiempo. La familia Karnstein poseía antaño el desolado castillo que, desde la espesura del bosque, domina las silenciosas ruinas del pueblo.&lt;br /&gt;Hay una leyenda que explica por qué fue abandonado por sus habitantes este extraño y melancólico paraje. Pero ya hablaré de ella más adelante.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;a onclick="changecontent('Lefanu')"&gt;&lt;u&gt;&lt;span title="Seguir leyendo"  style="color:#ff6666;"&gt;&lt;em&gt;Leer Completo&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/u&gt;&lt;/a&gt; &lt;div class="switchcontent" id="Lefanu"&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;El número de habitantes de nuestro castillo era muy exiguo. Excluyendo a los criados y a los habitantes de los edificios anexos, estábamos solamente mi padre, el hombre más simpático del mundo pero de edad bastante avanzada, y yo, que en la época en que ocurrieron los hechos que voy a narrar tenía solamente diecinueve años.&lt;br /&gt;Mi padre y yo constituíamos toda la familia. Mi madre, de una familia noble de Estiria, murió cuando yo era aún una niña. Sin embargo, tuve una inmejorable nana, la señora Perrodon, de Berna. Era la tercera persona en nuestra modesta mesa. La cuarta era la señorita Lafontaine, una dama en toda la extensión de la palabra, que ejercía las funciones de institutriz, para completar mi educación.&lt;br /&gt;Algunas muchachas amigas mías venían de vez en cuando al castillo y, algunas veces, yo les devolvía la visita. Éstas eran nuestras habituales relaciones sociales. Naturalmente, también recibíamos visitas imprevistas de vecinos. Por vecinos se entienden a las personas que habitaban dentro de un radio de cuatro o cinco leguas.&lt;br /&gt;Puedo aseguraros que, en general, era una vida muy aislada.&lt;br /&gt;El primer acontecimiento que me produjo una terrible impresión y que aún ahora sigue grabado en mi mente, es al propio tiempo uno de los primeros sucesos de mi vida que puedo recordar.&lt;br /&gt;Aquí terminaba la carta. Si bien yo no había conocido a Berta Reinfelt, mis ojos se llenaron de lágrimas. La noticia de su muerte me impresionó muchísimo.&lt;br /&gt;Devolví a mi padre la carta del general. El sol se hundía cada vez más en el ocaso y la tarde era dulce y clara. Paseando bajo la tibia luz del atardecer, nos entretuvimos haciendo cábalas sobre el posible sentido de las incoherentes y violentas afirmaciones de aquella carta. En el puente levadizo encontramos a la señorita Lafontaine y a la señora Perrodon, que habían salido a admirar el magnífico claro de luna.&lt;br /&gt;Frente a nosotros se extendía el prado por el cual nos habíamos paseado. A la izquierda, el camino discurría bajo unos venerables árboles y desaparecía en la espesura del bosque. A la derecha, la carretera pasaba sobre un puente severo y pintoresco a la vez, junto al cual se erguía una torre en ruinas. En el fondo del prado, una ligera neblina delimitaba el horizonte con un velo transe, y de cuando en cuando se veían brillar las aguas del torrente a la luz de la luna.&lt;br /&gt;Decía así:&lt;br /&gt;He perdido a mi querida sobrina: la quería como a una hija. La he perdido, y solamente ahora lo sé todo. Ha muerto en la paz de la inocencia y en la fe de un futuro bendito. El monstruo que ha traicionado nuestra ciega hospitalidad ha sido el culpable de todo. Creí recibir en mi casa a la inocencia, a la alegría, a una compañía querida para mi Berta. ¡Dios mío! iQué loco he sido! Consagraré los días que me quedan de vida a la caza y destrucción del monstruo. Sólo me guía una débil luz. Maldigo mi ceguera y La nursery, como la llamábamos, aunque era sólo para mí, estaba en una habitación grandiosa del último piso del castillo, y tenía el techo inclinado, con molduras de madera de castaño. Tendría yo unos seis años cuando una noche, despertándome de improviso, miré a mi alrededor y no vi a la camarera de servicio. Creí que estaba sola. No es que tuvieda miedo... pues era una de aquellas afortunadas niñas a quienes han evitado expresamente las historias de fantasmas y los cuentos de hadas, que vuelven a los niños temerosos ante una puerta que chirría o ante la sombra danzante que produce sobre la pared cercana la luz incierta de una vela que se extingue. Si me eché a llorar fue seguramente porque me sentí abandonada; pero, con gran sorpresa, vi al lado de mi cama un rostro bellísimo que me contemplaba con aire grave. Era una joven que estaba arrodillada y tenía sus manos bajo mi manta. La observé con una especie de placentero estupor, y cesé en mi lloriqueo. La joven me acarició, se echó en la cama a mi lado y me abrazó, sonriendo. De repente, me sentí calmada y contenta, y me dormí de nuevo.&lt;br /&gt;De súbito, me desperté con la escalofriante sensación de que dos agujas me atravesaban el pecho profunda y simultáneamente. Proferí un grito. La joven dio un salto hacia atrás, cayendo al suelo, y me pareció que se escondía debajo de la cama.&lt;br /&gt;Por primera vez sentí miedo y me puse a gritar con todas mis fuerzas. La niñera, la camarera y el ama acudieron precipitadamente, pero cuando les conté lo que me había ocurrido estallaron en risas, a la vez que trataban de tranquilizarme. Aunque yo era solamente una niña, recuerdo sus rostros pálidos y su angustia mal disimulada. Las vi buscar debajo de la cama, por todos los rincones de la habitación, en el armario, y oí a mi ama susurrar a la niñera:&lt;br /&gt;-- ¡Mira! Alguien se ha echado en la cama, junto a la niña. Aún está caliente.&lt;br /&gt;Recuerdo que la camarera me acarició y que las tres mujeres examinaron mi pecho, en el punto donde yo les dije que había sentido la punzada. Me aseguraron que no se veía ninguna señal.&lt;br /&gt;El día siguiente lo pasé en un continuo estado de terror: no podía quedarme sola un instante, ni siquiera a plena luz del día.&lt;br /&gt;Recuerdo a mi padre junto a mi cama, hablándome en tono festivo, asi como preguntando a la niñera y riéndose de sus respuestas. Luego hacía muecas, me abrazaba y me aseguraba que todo había sido un sueño sin importancia.&lt;br /&gt;Pero yo no estaba tranquila, porque sabía que la visita de aquella extraña criatura no había sido un sueño.&lt;br /&gt;He olvidado todos mis recuerdos anteriores a este acontecimiento, y muchos de los posteriores, pero la escena que acabo de describir aparece vivida en mi mente como los cuadros de una fantasmagoría surgiendo de la oscuridad.&lt;br /&gt;Una tarde de verano, particularmente apacible, mi padre me pidió que le acompañara a dar un paseo por el maravilloso bosque que se extiende ante el castillo.&lt;br /&gt;- El general Spieldorf no vendrá a visitarnos, como esperábamos -me dijo, durante el paseo.&lt;br /&gt;Nuestro vecino debía pasar varias semanas en el castillo. Con él debía venir también su joven sobrina y pupila, la señorita Reinfelt. Yo no conocía a la señorita Reinfelt, pero me la habían descrito como una joven encantadora. Quedé muy desilusionada ante la noticia que acababa de darme mi padre; mucho más de lo que pueda imaginar alguien que viva habitualmente en la ciudad. Aquella visita, y la nueva amistad que seguramente había de surgir de ella, había sido objeto diario de mis pensamientos durante muchas semanas.&lt;br /&gt;- ¿Cuándo vendrán? - pregunté.&lt;br /&gt;- El próximo otoño. Dentro de un par de meses - respondió mi padre, y añadió: - Me alegro, querida, de que no hayas conocido a la señorita Reinfelt.&lt;br /&gt;- ¿Por qué? -inquirí, molesta y curiosa al mismo tiempo.&lt;br /&gt;- Porque la pobre muchacha ha muerto.&lt;br /&gt;Quedé sumamente impresionada. El general Spieldorf decía en su última carta, seis o siete semanas antes, que su sobrina no se encontraba muy bien, pero nada hacía pensar en la posibilidad, ni siquiera remota, de un grave peligro.&lt;br /&gt;- Aquí tienes la carta del general -continuó mi padre, entregándomela-. Me parece que está muy trastornado. Indudablemente, cuando escribió la carta se hallaba muy excitado.&lt;br /&gt;Nos sentamos en un banco de piedra, junto al sendero de los tilos. El sol desaparecía con todo su melancólico esplendor detrás del horizonte selvático, y el torrente que discurría junto a nuestra mansión reflejaba el colorido escarlata del cielo, cada vez más pálido.&lt;br /&gt;La carta del general Spieldorf era tan insólita y apasionada, que la releí detenidamente para comprender su sentido. Quizás el dolor había trastornado su mente.&lt;br /&gt;mi obstinación... todo... Es demasiado tarde. En estos momentos no puedo escribir ni hablar con serenidad; estoy demasiado trastornado. En cuanto esté mejor me dedicaré a la búsqueda e iré posiblemente hasta Viena. Dentro de un par de meses, hacia el otoño, iré a visitaros, si es que aún estoy vivo. Al propio tiempo os contaré lo que ahora no tengo fuerzas para escribir. Adiós. Rogad por mí, queridos amigos.&lt;br /&gt;Lo mismo a mi padre que a mí, nos seducía lo pintoresco y nos quedamos contemplando en silencio la espléndida llanura que se extendía ante nosotros. Las dos buenas señoras, a pocos pasos, discutían acerca del paisaje y hablaban de la luna.&lt;br /&gt;La señora Perrodon era más bien gruesa y veía todas las cosas desde un punto de vista romántico. La señorita Lafontaine pretendía ser psicóloga y algo mística. Aquella tarde afirmó que la intensa luminosidad de la luna estaba en relación directa con una especial actividad espiritual. Los efectos de una luna llena como aquélla podían ser múltiples. Influía en los sueños, en la locura, en la gente nerviosa y hasta en los hechos materiales.&lt;br /&gt;- Esta noche -dijo-, la luna está llena de influjos magnéticos. Mirad cómo brillan las ventanas con un resplandor plateado, como si unas manos invisibles hubieran iluminado las estancias para recibir huéspedes espectrales.&lt;br /&gt;En aquel momento, el insólito rumor de las ruedas de un carruaje y del galope de muchos caballos sobre la carretera atrajo nuestra atención. Parecía aproximarse descendiendo de la colina que dominaba el viejo puente; muy pronto, un pequeño tropel desembocó por aquel punto. Primero cruzaron el puente dos caballeros, luego apareció un carruaje tirado por cuatro corceles, y finalmente otros dos caballeros que cerraban el cortejo.&lt;br /&gt;Parecía el coche de una persona de rango. Nuestra atención quedó prendida en aquel espectáculo inusitado, que no tardó en hacerse aún más interesante, porque, cuando apenas habían pasado la curva del puente, uno de los caballos del tiro se desbocó y, contagiando su pánico a los otros, arrancó a todo el tiro con un galope desenfrenado, irrumpiendo entre los caballeros que precedían al carruaje y avanzando hacia nosotros con la violencia y la furia de un huracán.&lt;br /&gt;En aquel momento culminante, la escena adquirió caracteres de tragedia, debido a unos gritos femeninos procedentes del interior del vehículo.&lt;br /&gt;Mi padre permaneció en silencio, mientras nosotras lanzábamos exclamaciones de terror. El final no se hizo esperar. El punto de enlace de la carretera con el puente levadizo estaba delimitado a un lado por un soberbio tilo, y al otro por una cruz de piedra. Los caballos, que marchaban a una velocidad vertiginosa, se desviaron asustados al ver la cruz, arrastrando las ruedas contra las raíces salientes del árbol. Asustada por lo que podía ocurrir, me tapé el rostro con las manos, no resistiendo la idea de ver cómo la carroza se salía del camino. En aquel mismo instante oí el grito de mis compañeras, que estaban un poco más adelantadas que yo. Abrí los ojos, impulsada por la curiosidad, y contemplé una escena sumamente confusa. Dos caballos yacían en el suelo. El carruaje estaba volcado, apoyado sobre uno de sus lados, con dos ruedas al aire. Los hombres se afanaban arreglando el vehículo, de cuyo interior había salido una señora de aspecto autoritario, que retorcía nerviosamente entre sus manos un pañuelo. Ayudamos a salir del carruaje a una joven, al parecer desmayada. Mi padre se había acercado a la señora de más edad, sombrero en mano, ofreciéndole ayuda y cobijo en el castillo. La señora no parecía oír nada, y sólo tenía ojos para la frágil muchachita que había sido reclinada en el respaldo de un banco.&lt;br /&gt;Me acerqué. La joven había perdido el conocimiento, pero sin duda estaba con vida. Mi padre, que se preciaba de tener algunos conocimientos médicos, le tomó el pulso y aseguró a la señora, que se había presentado a sí misma como madre de la joven, que la pulsación, si bien débil e irregular, era perceptible. La señora juntó sus manos y alzó los ojos al cielo, al parecer en un momentáneo transporte de gratitud; luego, repentinamente, se desahogó haciendo gestos teatrales, que, sin embargo, son espontáneos en cierto tipo de personas. Era una mujer de buen ver, que en su juventud debió haber sido seductora. Delgada, aunque no flaca, iba vestida de terciopelo negro. Su pálida fisonomía conservaba una expresión orgullosa y autoritaria, a pesar de la agitación del momento.&lt;br /&gt;-¡Qué desgracia la mía! -exclamó, retorciéndose las manos-. Estoy efectuando un viaje que es cuestión de vida o muerte. Una hora de retraso puede tener consecuencias irreparables. No es posible que mi hija pueda restablecerse del golpe recibido y continuar un viaje cuya duración no es posible prever. Deberé dejarla forzosamente en el trayecto. No quiero correr el riesgo de llegar con retraso. ¿A qué distancia se encuentra el pueblo más próximo? Es necesario que la lleve hasta allí, para recogerla a mi regreso. ¡Y pensar que tendré que pasar por lo menos tres meses sin ver a mi querida hija, sin tener noticias suyas!&lt;br /&gt;Tiré a mi padre de la chaqueta y le susurré al oído:&lt;br /&gt;- Padre, dile que la deje con nosotros ... me gustaría mucho. Hazlo por mí.&lt;br /&gt;- Si la señora quiere confiar su hija a los cuidados de la mía y de nuestra ama, la señora Perrodon, si permite que su hija se quede con nosotros, bajo mi responsabilidad, hasta su regreso, lo consideraremos como un gran honor y tendremos para ella los cuidados y la devoción que el deber de la hospitalidad imponen -dijo mi padre solemnemente.&lt;br /&gt;- No puedo aceptarlo - respondió la desconocida, con mucha circunspección - ; sería abusar demasiado de su amabilidad.&lt;br /&gt;- Al contrario, nos haría un gran favor. Precisamente vendría a llenar un inesperado vacío. Hoy mismo, mi hija ha sufrido una gran desilusión, debido a la noticia de que se ha frustrado una visita que esperábamos. Si confía su hija a nuestros cuidados, será su mejor consuelo.&lt;br /&gt;En el aspecto y actitudes de aquella señora había algo tan especial e imponente, y en cierto sentido fascinante, que, aun prescindiendo del séquito que la acompañaba, daba la impresión de ser una persona de rango.&lt;br /&gt;Entretanto, el carruaje había sido levantado y los caballos, ya calmados, estaban de nuevo enganchados.&lt;br /&gt;La señora dirigió a su hija una mirada que a mí no me pareció afectuosa, como era de esperar después de la terrible escena, y seguidamente llamó a mi padre con un gesto y se apartaron unos pasos de nosotros. Mientras hablaba, la señora mantuvo una expresión fría y grave, muy poco acorde con su anterior conducta.&lt;br /&gt;Conversaron unos minutos; luego, la señora regresó y dio unos pasos hacia su hija, que yacía entre los brazos de la señora Perrodon. Se arrodilló a su lado y le susurró algo al oído. La besó apresuradamente y luego entró precipitadamente en el carruaje, cerrando la portezuela, mientras los portillones trepaban al pescante y los batidores espoleaban sus caballos. Los postillones hicieron restallar sus látigos y los caballos se lanzaron al galope; el carruaje desapareció entre una nube de polvo, seguido de los dos caballeros que cerraban el cortejo.&lt;br /&gt;Seguimos con la mirada su carrera hasta que desapareció definitivamente entre la niebla y dejó de oírse el chirrido de sus ruedas y fragor de los cascos de los caballos lanzados al galope.&lt;br /&gt;Para demostrar que no habíamos sido víctimas de una alucinación quedaba entre nosotros la muchacha, que precisamente en aquel momento estaba recobrando el sentido. No pude verla, porque tenía el rostro vuelto hacia la parte opuesta al lugar donde yo me encontraba, pero oí su voz, muy dulce, que preguntaba en tono suplicante:&lt;br /&gt;- ¿Dónde está mi madre? ¿Dónde estoy? No veo el carruaje ...&lt;br /&gt;La señora Perrodon contestó a sus preguntas lo mejor que pudo, y, paulatinamente, la joven fue recordando lo que había sucedido. Al enterarse de que nadie había sufrido el menor daño, quedó muy aliviada. Pero cuando le dijimos que su madre la había dejado a nuestro cuidado y que tardaría unos tres meses en regresar a buscarla, se echó a llorar. Iba a acercarme a ella para ayudar a la señora Perrodon en sus esfuerzos por consolarla, pero la señorita Lafontaine me detuvo, diciendo:&lt;br /&gt;- No se acerque a ella, señorita. En el estado en que se encuentra, no podría soportar más de una persona a la vez.&lt;br /&gt;Pensé que podría visitarla en cuanto la hubieran acomodado en su habitación. Entretanto, mi padre había enviado en busca del médico que vivía a unas dos leguas de distancia, y ordenó preparar una habitación para alojar a la muchacha.&lt;br /&gt;La desconocida se puso en pie y, apoyándose en el brazo de la señora Perrodon, cruzó lentamente el puente levadizo y entró en nuestro jardín. La camarera la acompañó inmediatamente a la habitación que le había sido destinada.&lt;br /&gt;- ¿Le agrada nuestra invitada? - pregunté a la señora Perrodon -. Dígame qué impresión le ha causado.&lt;br /&gt;- Me agrada mucho - contesto -. Creo que es la muchacha más bonita que he visto en toda mi vida. Tiene aproximadamente la edad de usted y es verdaderamente encantadora.&lt;br /&gt;- ¿No se han dado cuenta de que en el carruaje había otra persona? - intervino la señorita Lafontaine-. Una mujer que ni siquiera ha asomado la cabeza.&lt;br /&gt;No, no la habíamos visto. La señorita Lafontaine nos describió a un extraño personaje, vestido de negro, con un turbante rojo en la cabeza, que miraba continuamente por la ventanilla, haciendo gestos y muecas de desprecio en dirección a las dos mujeres. Tenía unos ojos saltones y sus dientes salientes parecían los de una arpía.&lt;br /&gt;- ¿Han notado ustedes el desagradable aspecto que tenían los sirvientes? -preguntó a su vez la señora Perrodon.&lt;br /&gt;- Sí - convino mi padre -, parecían mastines. Nunca había visto tipos como ésos. Espero que cuando crucen el bosque no desvalijen a la señora. Pero, deben ser unos bribones muy hábiles. Lo han arreglado todo en un momento.&lt;br /&gt;-- Quizás estaban cansados del largo viaje - dijo la señora Perrodon -. Además de su aspecto poco recomendable, tenían la cara demacrada y parecían estar furiosos. Debo confesar que han despertado mi curiosidad, pero confío en que la muchacha nos lo explicará todo mañana, cuando se encuentre mejor.&lt;br /&gt;- No creo que lo haga - dijo mi padre con una sonrisa ambigua, como si supiera más de lo que decía.&lt;br /&gt;Esto excitó mi curiosidad por saber lo que la señora vestida de negro le había dicho a mi padre en el curso de la breve conversación que sostuvieron. Apenas me quedé a solas con él intenté sonsacarle. Mi padre no se hizo rogar.&lt;br /&gt;- No hay ningún motivo para que te lo oculte. La señora me dijo que temía dejarnos a su hija, porque se trata de una muchacha de salud delicada y tiene los nervios alterados, aunque no padece ataques ni alucinaciones.&lt;br /&gt;- ¿No te parece algo raro que te dijera esto? No tenía ninguna necesidad de aclarar ese extremo...&lt;br /&gt;- De todos modos, eso es lo que me dijo - me interrumpió mi padre -. Me explicó que está efectuando un largo viaje, de vital importancia para ella. Está obligada a viajar con la mayor rapidez y discreción posibles. Dentro de tres meses vendrá a recoger a su hija. Entretanto, no debe decir nada acerca de su personalidad y del lugar a donde se dirige. Al pronunciar la palabra discreción, la ha subrayado con una pausa, mirándome a los ojos con cierta dureza. Creo que es importante. ¿Has visto la rapidez con que se ha marchado? Espero no haber cometido una tontería al hacerme cargo de esa muchacha.&lt;br /&gt;Aunque el médico no llegó hasta la una de la madrugada, no pude irme a la cama. Cuando el doctor regresó al salón, su informe fue muy optimista. La paciente se había levantado y su pulsación era regular. No tenía ninguna herida y el trauma nervioso no había dejado huella. Nada se oponía a que yo la visitara, si ella lo consentía. En consecuencia, le envié recado por medio de la camarera, preguntándole si podía hacerle una breve visita.&lt;br /&gt;La camarera regresó inmediatamente, diciendo que la joven se alegraría mucho con mi visita. No perdí un solo instante.&lt;br /&gt;Habíamos alojado a nuestra invitada en una de las habitaciones más hermosas del castillo. La joven estaba recostada, a la luz de los candelabros, en la cabecera de la cama. Su graciosa figura aparecía envuelta en una bata de seda recanada de flores y orlada con una cinta de raso que su madre le había echado a los pies, cuando aún estaba en el suelo.&lt;br /&gt;Pero, apenas me acerqué a la cama para saludarla, algo me hizo enmudecer y retroceder unos pasos.&lt;br /&gt;Trataré de explicarme. El rostro que tenía ante mí era el mismo que se me había aparecido durante aquella terrible noche de mi infancia, el rostro que tanto me había impresionado y sobre cuya aparición había reflexionado durante años, horrorizándome en secreto.&lt;br /&gt;Era un rostro encantador, y su expresión conservaba la melancólica dulzura que tenía cuando lo vi por primera vez. De repente, se iluminó con una sonrisa, como si también la joven acabara de reconocer a una vieja amiga.&lt;br /&gt;Se produjo un silencio que duró unos instantes. Finalmente, la joven habló: yo no podía hacerlo.&lt;br /&gt;- ¡Qué raro! -exclamó-. Hace unos años vi tu rostro en sueños, y desde entonces me ha obsesionado de tal modo, que no he podido olvidarlo.&lt;br /&gt;- Sí que es curioso -dije, tratando de sobreponerme al horror que me había impedido pronunciar una palabra hasta aquel momento-. También yo te vi hace unos años - doce, exactamente -, no sé si en un sueño o en la realidad. Y tampoco he podido olvidar tu rostro desde entonces.&lt;br /&gt;Su sonrisa se hizo más dulce y desapareció el aire de curiosidad que había notado en los primeros momentos en la joven. Me sentí más confiada, y cumplí con mis deberes de anfitriona, dándole la bienvenida a nuestro hogar y expresándole la satisfacción que a todos los de la casa, y especialmente a mí, nos había producido su imprevista llegada. Mientras hablaba, le cogí la mano. Yo era algo tímida, hecho muy comprensible si se tiene en cuenta la soledad en que vivía, pero aquella situación especial me hizo elocuente, casi audaz. La joven apretó súbitamente mi mano y la estrechó entre las suyas, mirándome con sus ojos brillantes. Sonrojándose, sonrió de nuevo y contestó a mi saludo. Aunque yo no me había recobrado del todo de mi primera impresión, me senté a su lado y la joven me dijo:&lt;br /&gt;- Ante todo, es necesario que te cuente cómo y dónde te vi por primera vez. Es realmente extraordinario que nos hayamos soñado mutuamente tal como somos ahora, a pesar de que el sueño tuvo lugar cuando éramos unas niñas. Yo no tenía más de seis años. Desperté de repente de un sueño agitado y me pareció encontrarme en una habitación muy distinta a mi nursery, una estancia cuyas paredes estaban revestidas de madera de color oscuro y que aparecía llena de camas, sillas y otros muebles. Recuerdo que las camas estaban vacías y que en la habitación no había nadie más que yo. Contemplé la habitación con gran curiosidad, admirando, entre otras cosas, un gran candelabro de hierro de dos brazos que reconocería entre mil si volviera a verlo. Luego me subía a una de las camas para llegar hasta la ventana, pero en aquel mismo instante oí un llanto procedente de una de las camas. Entonces fue cuando te vi. Eras tal como ahora te veo, una muchacha bellísima, de cabellos dorados y enormes ojos azules. También tus labios eran los mismos. Tu modo de mirar me conquistó inmediatamente. Salté a la cama y te abracé; creo que nos quedamos dormidas durante un rato. Me despertó un grito: te habías despertado y estabas chillando. Me asusté y caí al suelo, donde perdí el conocimiento. Cuando recobré el sentido me hallaba de nuevo en mi casa, en mi habitación. Nunca he podido olvidar tu rostro. No es posible que todo aquello fuese un simple sueño. Realmente, la muchacha que vi eres tú.&lt;br /&gt;Le conté entonces mi visión, que suscitó en mi nueva amiga una admiración que no me pareció simulada.&lt;br /&gt;- No sé cuál de las dos se asustó más - dijo, sonriendo -. Si no hubieras sido tan encantadora, creo que me habría asustado más... ¿No te parece que lo mejor será pensar que nos conocimos hace doce años y que, por tanto somos viejas amigas? Yo, por lo menos, creo que desde nuestra infancia estábamos predestinadas a serIo. Y por mi parte nunca he tenido una verdadera amiga. ¿La encontraré ahora?&lt;br /&gt;Suspiró, y me miró apasionadamente con sus hermosos ojos negros. En realidad, aquella joven me atraía de un modo inexplicable, pero al propio tiempo me inspiraba una indefinible repulsión. Sin embargo, pese a lo contradictorio de mis sentimientos, lo que predominaba era la atracción. Aquella joven desconocida - hasta cierto punto - me interesaba y me conquistaba. ¡Era tan hermosa y fascinante! Recuerdo que noté en ella cierto cansancio y me apresuré a desearle las buenas noches. Añadí:&lt;br /&gt;- Será mejor que esta noche duerma una camarera contigo. Fuera, en el pasillo, me aguarda una sirvienta. Es muy seria y no te molestará.&lt;br /&gt;- Eres muy amable - respondió la joven -, pero si hay otra persona en mi habitación no puedo dormir. No necesito ayuda, y quiero confesarte una pequeña debilidad mía: tengo horror a los ladrones. En cierta ocasión, mi casa fue desvalijada y asesinaron a dos camareras. Desde entonces tengo la costumbre de cerrar la puerta con llave. Tendrás que disculparme, pero no puedo evitarlo.&lt;br /&gt;Durante un rato me retuvo entre sus brazos; luego me susurró al oído:&lt;br /&gt;- Buenas noches, querida. Me desagrada separarme de ti, pero es hora de descansar. Hasta mañana. No pasaremos mucho rato separadas.&lt;br /&gt;Se dejó caer sobre la almohada, suspirando, mientras sus hermosos ojos me contemplaban con expresión amorosa y melancólica. Suspiró de nuevo.&lt;br /&gt;- Buenas noches, amiga mía.&lt;br /&gt;Los jóvenes se enamoran y encariñan al primer impulso. Me lisonjeaba el evidente afecto que me demostraba aquella joven, aunque me parecia que yo no habia hecho nada para merecerlo. Me encantó la confianza que me habia demostrado desde el primer momento. Parecia indudable que estábamos predestinadas a ser amigas intimas.&lt;br /&gt;Llegó el día siguiente, y volvimos a vernos. Su compañia me hacía feliz por muchas razones. A la luz del dia no había perdido su encanto. Era, sin duda, la más hermosa criatura que jamás había visto, y el desagradable recuerdo que conservaba de su aparición en el curso de mi sueño infantil se había trocado en una placentera sensación.&lt;br /&gt;La joven me confesó que también ella había experimentado un sobresalto al reconocerme, y el mismo sentimiento de repulsión que se mezclaba a mi simpatía. Las dos nos reimos de nuestro asombro.&lt;br /&gt;He dicho que había en ella muchas cosas que me fascinaban, pero también otras que me desagradaban.&lt;br /&gt;Empezaré por describirla físicamente: era de estatura mediana, delgada y de formas muy armoniosas. Aparte de que sus movimientos eran lánguidos - verdaderamente muy lánguidos -, nada en su aspecto denotaba que estuviera enferma. Tenía una tez sonrosada y luminosa, y sus facciones eran pequeñas y correctas. Sus ojos eran negros y brillantes, sus cabellos realmente espléndidos: no he visto nunca una cabellera tan larga y sedosa como la suya cuando la soltaba sobre sus hombros. A menudo sumergía mi mano entre sus cabellos y reía tontamente ante lo insólito de su peso. Eran unos cabellos mórbidos y vivos, de color castaño oscuro con reflejos dorados. Me gustaba sentirlos en mi mano y luego soltarlos mientras mi amiga, sentada en un sillón, hablaba sin cesar. Me gustaba retorcerlos, entrelazarlos, jugar con ellos. ¡Cielo santo! Si lo hubiese sabido todo!&lt;br /&gt;He señalado que algunas de sus particularidades no me convencían. He dicho que la confianza que me había otorgado desde el primer momento me había conquistado. No obstante, todo cuanto hacía referencia a ella misma, a su madre o a cualquier aspecto de su vida particular o familiar, despertaba en la joven una extraña reticencia. Desde luego, no era razonable por mi parte insistir en esos aspectos, y tal vez no me portaba bien. Mi obligación era la de respetar la solemne orden dada a mi padre por la señora vestida de negro. Pero la curiosidad es un sentimiento que carece de escrúpulos, y ninguna muchacha soporta de buen grado verse desilusionada por lo que le interesa: ¿Qué podía haber de malo en el hecho de que mi amiga me contara lo que tan ardientemente deseaba saber? ¿Acaso no tenía confianza en mi sentido del honor? ¿Por qué no me creía cuando le aseguraba que jamás divulgaría una sola palabra de lo que me dijera?&lt;br /&gt;Su persistente negativa, acompañada siempre de una sonrisa, me parecía una actitud totalmente en desacuerdo con su edad. No puedo decir que el hecho fuera motivo de discusiones entre nosotras, porque resultaba imposible enfadarse con la joven. Tal vez lo inconveniente, e incluso descortés, fuera mi insistencia, pero me sentía realmente acuciada por Ia curiosidad.&lt;br /&gt;Sus explicaciones no me aclaraban nada, o por lo menos eso creía yo. Pueden resumirse en tres vagas revelaciones.&lt;br /&gt;La primera era su nombre: Carmilla.&lt;br /&gt;La segunda, que los miembros de su familia eran nobles o intelectuales.&lt;br /&gt;Y la tercera, que su casa estaba situada al occidente de la nuestra.&lt;br /&gt;No me dijo su apellido, ni sus títulos nobiliarios, ni el nombre de sus propiedades, ni siquiera la región donde vivía. Y no es que yo la atosigara continuamente con mis preguntas: me limitaba, simplemente, a intercalarlas siempre que la ocasión era propicia. Prefería las fórmulas indirectas. Una o dos veces, en realidad, la ataqué frontalmente. Pero, cualquiera que fuese la táctica que empleaba, el resultado era siempre el mismo: un rotundo fracaso. Los reproches y las caricias no servían de nada, aunque debo confesar que sabía eludir las preguntas con una evidente destreza, y que parecía francamente disgustada por no poder satisfacer mi curiosidad. Siempre que se planteaba una de estas situaciones, me echaba los brazos al cuello, me estrechaba contra su pecho y apoyaba su mejilla en la mia, murmurándome al oído:&lt;br /&gt;- Querida, sé que tu corazón se siente herido. No me juzgues cruel: me limito a obedecer una ley ineludible que constituye mi fuerza y mi debilidad. Si tu corazón está herido, el mío sangra con el tuyo. En medio de mi gran tristeza, vivo de tu exuberante vida, y tú morirás, morirás dulcemente por la mía. Es algo inevitable. Y así como yo me acerco a ti, tú, a tu vez, te acercarás a otros y aprenderás el éxtasis de la crueldad, que es una forma del amor. No intentes saber nada más de mí ni de mi vida, pero ten confianza con todo tu amor.&lt;br /&gt;Y después de haber hablado con una voz suave, queda, me estrechaba entre sus brazos, y sus labios, besándome tiernamente, me inflamaban las mejillas.&lt;br /&gt;Aquella excitación y aquel lenguaje me resultaban incomprensibles. Intentaba eludir sus abrazos, no demasiado frecuentes, pero me faltaban energias. Sus palabras resonaban en mis oídos como una canción de cuna y domeñaban mi resistencia sumergiéndome en una especie de sopor, del cual sólo despertaba cuando me libraba de sus brazos. Aquellas incomprensibles expansiones no me gustaban. Experimentaba una extraña y tumultuosa sensación que, si bien en cierto sentido me resultaba agradable, me inundaba al mismo tiempo de temor y de repulsión. Siempre que tenía lugar una de esas escenas me sentía sumamente turbada, y, al tiempo que aumentaba el placer que me producía, aumentaba también mi repugnancia.&lt;br /&gt;Sé que lo que acabo de explicar podrá parecer paradójico, pero no puedo expresar de otra forma Io que sentía.&lt;br /&gt;Han transcurrido diez años desde que tuvieron lugar aquellos hechos, y la mano me tiembla aún al escribir acerca de la situación en que inconscientemente me vi envuelta.&lt;br /&gt;A veces, después de un largo período de indiferencia, mi extraña y bellísima amiga me cogía súbitamente Ia mano, estrechándomela con pasión. Se sonrojaba y me miraba con ojos ora lánguidos, ora de fuego. Su conducta era tan semejante a la de un enamorado, que me producía un intenso desasosiego. Deseaba evitarla, y al propio tiempo me dejaba dominar. Carmilla me cogía entre sus brazos, me miraba intensamente a los ojos, sus labios ardientes recorrían mis mejillas con mil besos y, con un susurro apenas audible, me decía:&lt;br /&gt;- Serás mía.., debes ser mía... Tú y yo debemos ser una sola cosa, y para siempre.&lt;br /&gt;Después se echaba hacia atrás, apoyándose en el respaldo del sillón, cubriéndose los ojos con las manos; y yo me sentía trastornada en lo más profundo de mi ser.&lt;br /&gt;- ¿Qué quieres decir con tus palabras? - intentaba saber-. ¿Te recuerdo acaso a alguna persona a la que amaste mucho? No me gusta que me hables así. Cuando lo haces no pareces la misma. Y tampoco yo me reconozco a mí misma cuando me miras y me hablas de este modo.&lt;br /&gt;No hallaba una explicación satisfactoria a aquellas efusiones. Sin embargo, no parecían afectadas, ni falsas. Indudablemente, se trataba de una explosión espontánea de un instinto o sentimiento reprimido.&lt;br /&gt;¿Acaso Carmilla sufría alucinaciones? ¿Estaría loca, a pesar de lo que afirmó su madre antes de marcharse? ¿O se trataba, simplemente, de una argucia romántica? En más de una ocasión había leído la historia de un joven que se introducía en casa de su amada vestido de mujer y con la ayuda de una aventurera... ¿Sería éste el caso? La hipótesis lisonjeaba mi vanidad, pero no tenía la menor consistencia. Durante largos períodos de tiempo, yo no representaba absolutamente nada para Carmilla, la cual se limitaba a dirigirme alguna mirada ardiente, eso sí. Y aparte de aquellos fugaces momentos de excitación, sus modales eran absolutamente femeninos. Sus costumbres, por otra parte, eran bastante raras. Generalmente, se levantaba muy tarde, nunca antes del mediodía. Entonces tomaba únicamente una taza de chocolate, muy caliente. A continuación paseábamos juntas un rato, muy corto, ya que no tardaba en sentirse fatigada; regresábamos al castillo o nos sentábamos en un banco, debajo de los árboles. Lo más curioso era que su languidez física no iba nunca acompañada de postración mental. Su conversación era siempre chispeante y vivaz.&lt;br /&gt;De cuando en cuando hacía alguna vaga alusión a su hogar, a su infancia o a algún recuerdo de su existencia, y a través de sus palabras se adivinaba que sus hábitos y costumbres eran muy dispares a los nuestros. De esas ocasionales alusiones llegué a colegir que su país natal estaba mucho más lejos de lo que había creído al principio.&lt;br /&gt;Una tarde en que nos hallábamos sentadas bajo los árboles, desfiló ante nosotros un cortejo fúnebre. Se trataba del entierro de una muchacha muy bonita y a la cual yo conocía porque era hija del guarda forestal. El pobre hombre marchaba detrás del féretro que contenía los restos de su querida y única hija y parecía tener el corazón destrozado. Le seguían algunos aldeanos, cantando un himno funerario.&lt;br /&gt;Cuando el cortejo pasó delante nuestro me puse en pie en señal de respeto, y uní mi voz a las suyas. Mi amiga me tiró rudamente del vestido y yo me volví, sorprendida. En tono irritado, me dijo:&lt;br /&gt;-¿Es que no te das cuenta de lo desafinado de sus voces?&lt;br /&gt;- Pues a mí me parece un canto muy dulce- respondí, molesta por aquella intempestiva intromisión, y porque temía que los acompañantes del entierro observaran nuestra discusión.&lt;br /&gt;El canto continuó.&lt;br /&gt;-¡Me destrozan los tímpanos!- exclamó Carmilla en tono rabioso, tapándose los oídos con las manos -. Detesto los entierros y los funerales. iCuántas cosas inútiles! Porque tú has de morir, todos han de morir, y todos, después de la muerte, son mucho más felices. ¡Regresemos a casa!&lt;br /&gt;- Mi padre ha ido también al cementerio. ¿Lo sabías?&lt;br /&gt;-No, no me importa. Ni siquiera sé quién es el muerto - replicó mientras sus ojos centelleaban.&lt;br /&gt;- Se trata de aquella muchacha que hace unos quince días creyó haber visto un fantasma. Desde entonces ha ido empeorando, y ayer por la mañana falleció.&lt;br /&gt;- No me hables de fantasmas: esta noche no podría dormir.&lt;br /&gt;- Espero que no haya una epidemia por estos alrededores. Existen algunos síntomas - continué -. La mujer del pastor murió hace una semana, y también dijo que había notado una extraña opresión en el cuello, como si alguien tratara de ahogarla. Mi padre dice que esas alucinaciones son frecuentes en los casos de fiebres epidémicas. La mujer se hallaba perfectamente el día anterior, pero después de aquella noche se debilitó inesperadamente y al cabo de una semana falleció.&lt;br /&gt;- Bien, supongo que ya habrán terminado con los cantos fúnebres. Nuestros oídos ya no se verán torturados de nuevo. Todas estas cosas me ponen nerviosa. Siéntate a mi lado, más cerca. Cógeme la mano. Apriétala fuerte, más fuerte...&lt;br /&gt;Nos habíamos retirado unos pasos y Carmilla se sentó en un banco. Su semblante se había transformado de tal modo, que me asusté. Se había puesto pálida. Sus dientes rechinaban y apretaba los labios, sacudida por un continuo escalofrío. Todas sus energías parecían empeñadas en luchar contra aquel ataque. Finalmente, profirió un ahogado grito y se tranquilizó paulatinamente, superada la crisis de histerismo.&lt;br /&gt;- Esto sucede cuando se agobia a la gente con himnos funerarios - dijo -. No me sueltes, me siento ya mucho mejor.&lt;br /&gt;Tal vez para desvanecer la profunda impresión que me había producido el verla sumida en aquella crisis, mientras regresábamos a casa se mostró muy animada y parlanchina.&lt;br /&gt;Aquello pasó como una nube de verano. Pero aún tuve ocasión de asistir a una nueva explosión de cólera de Carmilla.&lt;br /&gt;Cierto día estábamos contemplando el paisaje desde uno de los grandes ventanales del salón, cuando vimos a un vagabundo que cruzaba el puente levadizo, encaminándose hacia el patio del castillo. Le conocía perfectamente. Cada seis meses venía al castillo.&lt;br /&gt;Era un jorobado, y su rostro tenía la expresión mordaz que suele verse en los hombres que son víctimas de una deformidad física. Llevaba una barbita oscura y puntiaguda y al sonreír abría la boca de oreja a oreja, mostrando unos dientes blanquísimos. Vestía con una zamarra de piel de búfalo, adornada con numerosas cintas y campanillas. De su espalda colgaban una linterna y dos cajas cuyo contenido me era ya conocido: en una de ellas guardaba una salamandra, y en la otra una mandrágora. Llevaba también un violín, una caja de amuletos contra el mal de ojo y varios estuches de contenido diverso. Se apoyaba en un bastón de madera negra, con una contera de cobre. Iba acompañado de un perro esquelético que le seguía fielmente a todas partes. Pero el animal se detuvo en medio del puente levadizo, erizó el pelo y prorrumpió en lúgubres aullidos, negándose a avanzar.&lt;br /&gt;Entretanto, el vagabundo había llegado al centro del patio y, quitándose el grotesco sombrero, se inclinó en una cómica reverencia. Luego empuñó el violín y empezó a tocar una alegre melodía, acompañándola con un canto tan desafinado y unos pasos de danza tan cómicos, que me eché a reír a pesar de lo mucho que me habían impresionado los siniestros aullidos del perro.&lt;br /&gt;- ¿Desean las señoritas comprar un amuleto contra el vampiro, que según he oído decir merodea por estos alrededores como un lobo? -dijo el vagabundo, dejando caer el sombrero al suelo-. La gente muere por doquier, pero yo tengo un talismán que no falla; sólo hay que coserlo a la almohada, y cuando el vampiro se presenta puede uno reírse de él en sus propias barbas.&lt;br /&gt;Los amuletos consistían en unas cintas de papel transe, con cifras y dibujos cabalísticos.&lt;br /&gt;Inopinadamente, Carmilla compró un talismán y yo la imité. El vagabundo nos observaba y nosotras sonreíamos divertidas; al menos yo. Pero, de repente, mientras nos miraba, los ojos del vagabundo - unos avispados ojos azules - parecieron descubrir algo que por un instante atrajo su atención. Inmediatamente sacó un estuche de cuero repleto de toda clase de pequeños instrumentos de acero.&lt;br /&gt;- Mire, señorita - me dijo, mostrándome el estuche -, además de algunas actividades menos útiles, practico la de dentista. ¿Quieres callarte de una vez, animalucho? Si no paras de aullar, la señorita no oirá lo que le digo. Como le iba diciendo, soy dentista, y su amiga tiene los dientes más afilados que he visto en mi vida; largos, afilados, puntiagudos como una lanza, como un alfiler. Sí, los he visto perfectamente; son unos dientes peligrosos. Yo entiendo de estas cosas, y aquí estoy con mi lima, mi punzón y mis pinzas. Se los dejaré redondeados y bonitos. Si la señorita consiente, en vez de dientes de pez tendrá una dentadura digna de su belleza. ¿Se ha enfadado la señorita? ¿He sido demasiado atrevido? ¿La he ofendido?&lt;br /&gt;Carmilla, en efecto, le miraba con una expresión de odio. Se apartó de la ventana, acusándome:&lt;br /&gt;- ¿Y permites que ese charlatán me insulte de ese modo? ¿Dónde está tu padre? Quiero pedirle que lo eche del castillo. Mi padre hubiera ordenado que le apalearan, para quemarlo luego vivo.&lt;br /&gt;Sin embargo, en cuanto no tuvo ante sus ojos al hombre que la había insultado, su cólera desapareció tan rápidamente como había surgido; al cabo de unos instantes había olvidado ya al jorobado y sus extravagantes palabras.&lt;br /&gt;Aquella misma tarde, mi padre llegó muy excitado. Nos contó que se había presentado otro caso parecido a los anteriores y de los cuales ya he hablado. La hermana de un colono de nuestra finca, que vivía a una milla de distancia de nuestro castillo, había enfermado repentinamente. Decía que había sido atacada por un ser monstruoso, y su estado se agravaba, lenta pero inexorablemente.&lt;br /&gt;- En rigor - dijo mi padre -, todo esto puede ser atribuido a causas naturales. Esos infelices se sugestionan con narraciones inverosímiles, y de este modo provocan sus alucinaciones.&lt;br /&gt;- No deja de ser una cosa terrible -observó Carmilla.&lt;br /&gt;- Desde luego - asintió mi padre. - Me asusta pensar que puedo ser víctima de una alucinación semejante. Aunque sólo fuera una alucinación, ha de ser tan horrible como si se tratara de un hecho real.&lt;br /&gt;- Estamos en las manos de Dios - afirmó mi padre -. Nada puede ocurrir sin su consentimiento, y todo terminará bien para aquellos que le aman. Es nuestro Creador. El nos ha hecho y cuidará de nosotros.&lt;br /&gt;- Yo creo - replicó Carmilla - que todas las cosas suceden por imperativo de la naturaleza. Y que la enfermedad que se propaga por la comarca es también cosa de la naturaleza. ¿No le parece?&lt;br /&gt;- Hoy vendrá el médico - dijo mi padre, eludiendo contestar a la pregunta de la muchacha -. Me gustará saber qué opina el doctor de este fenómeno, y qué nos aconseja.&lt;br /&gt;- Los médicos nunca me han servido para nada - replicó Carmilla.&lt;br /&gt;- ¿Has estado enferma? - le pregunté.&lt;br /&gt;- Más enferma de lo que tú hayas estado jamás.&lt;br /&gt;- ¿Hace mucho tiempo?&lt;br /&gt;- Sí, mucho: lo he olvidado todo, excepto el dolor y la debilidad.&lt;br /&gt;- Entonces, serías muy joven...&lt;br /&gt;- Creo que sí. Pero, no hablemos más de esto. No quieras hacer sufrir a tu amiga.&lt;br /&gt;Me miró lánguidamente a los ojos y, cogiéndome del talle, me sacó de la habitación.&lt;br /&gt;- ¿Por qué se divierte tanto tu padre asustándome?- me preguntó, una vez estuvimos fuera, temblando ligeramente.&lt;br /&gt;- No lo creas, querida, no es ésa su intención.&lt;br /&gt;- Y tú, ¿estás asustada?&lt;br /&gt;- Lo estaría si pensara que también nosotras corremos el mismo peligro que esa pobre gente.&lt;br /&gt;- ¿Te asusta la idea de la muerte?&lt;br /&gt;- Desde luego, a todo el mundo le asusta esa idea.&lt;br /&gt;- ¿Crees, por ejemplo, que es espantoso morir mientras se ama? Dos amantes que mueren juntos.., y de este modo pueden vivir juntos para siempre... Las muchachas no son más que orugas y sólo se transforman en mariposas cuando llega el verano. Entretanto, son crisálidas y larvas, cada una con sus formas e inclinaciones particulares. Hay un cierto señor Buffon que así lo cuenta.&lt;br /&gt;Por la noche vino el médico y se encerró con mi padre en su despacho, donde permanecieron durante largo rato. Era un médico con mucha experiencia, de unos sesenta años. Su rasurado rostro aparecía tan liso como la superficie de una calabaza. Cuando salían del despacho, oí que mi padre decía, riendo:&lt;br /&gt;- Me admira oír esas palabras en boca de un hombre tan sensato como usted. ¿Qué opina, entonces, de los hipógrifos y de los dragones?&lt;br /&gt;También el médico se reía, sacudiendo la cabeza.&lt;br /&gt;- En todo caso, la vida y la muerte han sido siempre un misterio y sabemos muy poco acerca de lo que puede suceder.&lt;br /&gt;Se alejaron charlando y yo no pude oír nada más. En aquel momento ignoraba cuáles habían sido las hipótesis aventuradas por el doctor, pero ahora creo adivinarlas.&lt;br /&gt;Una tarde llegó de Gratz el hijo del restaurador de cuadros, transportando en su carro dos grandes cajas llenas de cuadros. Su llegada constituyó un verdadero acontecimiento. Las cajas quedaron en el atrio; los criados se encargaron del joven y lo acompañaron a la cocina para que le dieran de cenar. Luego se unió a nosotros en el atrio grande, donde nos habíamos reunido previamente para abrir las cajas.&lt;br /&gt;Carmilla estaba sentada y miraba distraídamente los viejos cuadros, casi todos retratos, que habían sido enviados a restaurar. Mi madre pertenecía a una antigua familia húngara, y la mayor parte de los cuadros procedían de mi familia materna. Mi padre iba leyendo en una lista los títulos de los cuadros, y el artesano los iba sacando de las cajas. Ignoro el valor que podían tener, aunque eran antiguos y algunos muy curiosos. Yo los veía por primera vez en mi vida, ya que la humedad y el polvo habían ocultado las telas durante mucho tiempo.&lt;br /&gt;- No había visto nunca este cuadro - comentó mi padre, señalando la tela que el restaurador tenía en la mano-. Aquí, en un ángulo, figura el nombre, que pude descifrar antes de enviarlo al restaurador: Marcia Karstein. Lleva la fecha de 1768. Será interesante ver lo que ha surgido ahora...&lt;br /&gt;Me acordé de aquel cuadro. Se trataba de una pequeña tela, sin marco, de forma cuadrangular y tan ennegrecida por el paso del tiempo que jamás pudimos contemplar a aquella Marcia Karstein, si es que en realidad se trataba de su retrato.&lt;br /&gt;El restaurador exhibió la tela con evidente orgullo. Era una joven de rostro hermosísimo, y quedé asombrada por la viveza de su expresión. Pero lo que más me asombró fue su extraordinario parecido con Carmilla.&lt;br /&gt;- ¿Te das cuenta, querida? - le pregunté -. Esto es un verdadero milagro. Eres tú misma, viva y sonriendo. Sólo le falta hablar. ¿No te parece extraordinario? ¡Mira, papá! Tiene también un pequeño lunar en la garganta...&lt;br /&gt;Mi padre esbozó una sonrisa y dijo:&lt;br /&gt;- Realmente, es de un parecido extraordinario.&lt;br /&gt;Pero, ante mi sorpresa, no prestó mayor atención al hecho y continuó su tarea con el restaurador. Por mi parte, sentía aumentar mi admiración a medida que contemplaba el retrato.&lt;br /&gt;- ¿Me permites que lo cuelgue en mi habitación, papá? - le pedí a mi padre.&lt;br /&gt;- Desde luego, querida - dijo -. Me alegra que te guste. Debe ser más hermoso de lo que yo creía, si es que se parece tanto a tu amiga.&lt;br /&gt;Carmilla no pareció haber oído el cumplido. Estaba retrepada en un sillón y me contemplaba fijamente con sus hermosos ojos, con la boca ligeramente entreabierta y sonriendo como en éxtasis.&lt;br /&gt;- Ahora sí que puede leerse bien el nombre - dije -. No es Marcia. Parece escrito con letras de oro. El nombre es Mircalla, condesa de Karstein. Encima del nombre hay una pequeña corona, y debajo una inscripción: Anno Domini 1698. Yo desciendo de los Karstein.&lt;br /&gt;- iAh! - exclamó lánguidamente Carmilla -. También yo creo que soy una descendiente lejana de esa familia. ¿Viven aún algunos de sus miembros?&lt;br /&gt;- No creo que exista nadie que lleve el apellido. La familla quedó extinguida a raíz de la guerra civil, hace muchísimo tiempo. Las ruinas del castillo se encuentran a sólo unas leguas de aquí.&lt;br /&gt;- Muy interesante - murmuró distraídamente Carmilla -. Pero, mira qué hermoso claro de luna tenemos hoy. Miró a través de la entornada puerta. ¿Y si fuésemos a dar un paseo?&lt;br /&gt;- Esta noche me recuerda la de tu llegada - dije.&lt;br /&gt;Carmilla suspiró, esbozando una sonrisa.&lt;br /&gt;Se puso en pie y salimos al patio cogidas por la cintura. Anduvimos lentamente y en silencio hasta el puente levadizo. Ante nuestros ojos se extendía una hermosa llanura, bañada por la luz de la luna.&lt;br /&gt;- ¿De modo que recuerdas aún el día de mi llegada? - me susurró Carmilla al oído-. ¿Te alegra tenerme aquí?&lt;br /&gt;- Soy muy feliz, querida Carmilla - respondí.&lt;br /&gt;- Y has pedido que te dejaran colgar aquel cuadro en tu habitación - murmuró mi amiga, con un suspiro. Luego me apretó más estrechamente con el brazo que ceñía mi talle y apoyó su cabeza en mi hombro.&lt;br /&gt;- ¡Qué romántica eres, Carmilla! - exclamé. Cuando me cuentes la historia de tu vida, estoy segura de que será como si me leyerás una novela de amor.&lt;br /&gt;Me besó silenciosamente.&lt;br /&gt;- Estoy convencida, Carmilla, de que has estado enamorada - proseguí -. Y me atrevería a afirmar que sigues preocupada por algún asunto amoroso.&lt;br /&gt;- Nunca me he enamorado, y nunca me enamoraré - afirmó Carmilla -. A no ser que me enamore de ti...&lt;br /&gt;A la luz de la luna, aparecía más hermosa que nunca. Tras dirigirme una extraña y tímida mirada, ocultó la cara en mi cuello, entre mis cabellos, respirando agitadamente; parecía a punto de estallar en sollozos y me apretaba la mano, temblando. Su mórbida mejilla quemaba contra la mía. Murmuró:&lt;br /&gt;- ¡Querida! Yo vivo en ti, y tú morirás en mí. ¡Te quiero tanto!&lt;br /&gt;Me separé de ella. Carmilla me miraba ahora con unos ojos de los que habían desaparecido el fuego y la vida. Y como si saliera de un sueño, añadió:&lt;br /&gt;- Regresemos. Vámonos a casa.&lt;br /&gt;- Me parece que estás enferma, Carmilla; deberías tomar un vasito de vino - le dije.&lt;br /&gt;- Sí, creo que sí. Ahora me encuentro mucho mejor. Dentro de unos minutos estaré completamente bien. Sí, tomaré un vaso de vino. Y, acercándose a la puerta, añadió: Déjame mirar un instante; quizá sea la última vez que veo la luna contigo.&lt;br /&gt;- ¿De veras te sientes mejor, Carmilla? - pregunté.&lt;br /&gt;Por un instante, temí que se hubiera contagiado de aquella extraña epidemia que azotaba la comarca.&lt;br /&gt;- Papá se apenaría mucho si supiera que te encuentras mal y no lo dices. Nuestro médico es un hombre muy inteligente.&lt;br /&gt;- Todos sois excesivamente buenos conmigo. Pero lo que yo tengo no es cosa de médicos. No estoy enferma, sino solamente un poco débil. El menor esfuerzo me deja agotada. Pero me recobro muy fácilmente. ¿Ves? Ya estoy bien.&lt;br /&gt;Así lo parecía. Seguimos charlando durante un rato, y Carmilla se mostró muy animada. El resto de aquella tarde transcurrió sin que se produjera ninguna recaída en lo que yo llamaba su exaltación.&lt;br /&gt;Las ardientes miradas de Carmilla, su modo absurdo de expresarse, me asustaban a veces, lo confieso.&lt;br /&gt;Pero aquella noche ocurrió algo que debía provocar un cambio radical en el curso de mis pensamientos.&lt;br /&gt;Acompañé a Carmilla a su habitación, como de costumbre, y me quedé charlando con ella mientras se preparaba para acostarse.&lt;br /&gt;- Creo que llegará un día - dije - en que tendrás una absoluta confianza en mí.&lt;br /&gt;Se volvió, sonriente, pero no contestó.&lt;br /&gt;- No contestas - le dije -, porque no puedes darme una respuesta satisfactoria, ¿verdad? No debería habértelo sugerido...&lt;br /&gt;- Tienes perfecto derecho a hacerlo - replicó Carmilla-. Te quiero mucho, y te considero merecedora de recibir todas mis confidencias, puedes creerlo. Pero estoy atada a una promesa, más atada que una religiosa a sus votos, y no puedo hablar de mí, ni siquiera contigo. Pero se acerca el momento en que lo sabrás todo. Me juzgarás cruel y egoísta, muy egoísta, pero recuerda que el amor es siempre así. Cuanto más intensa es la pasión, más egoísta resulta. No puedes imaginarte lo celosa que estoy de ti. Tú has de venir conmigo; has de quererme hasta la muerte. O puede que me odies, da lo mismo. Pero ven conmigo y ódiame a través de la muerte y del más allá. En mi vocabulario no existe la palabra indiferencia.&lt;br /&gt;- Ya estás otra vez diciendo cosas que no tienen sentido - objeté.&lt;br /&gt;- Soy extravagante, tonta y caprichosa. Pero tranquilízate: en adelante hablaré cuerdamente. ¿Has bailado alguna vez?.&lt;br /&gt;- No. Debe ser encantador, ¿verdad?&lt;br /&gt;- Casi lo he olvidado. Hace tantos años...&lt;br /&gt;Me eché a reír.&lt;br /&gt;- No eres tan vieja como todo eso... No puedes haber olvidado aún tu primer baile.&lt;br /&gt;- Sólo haciendo un gran esfuerzo puedo recordarlo. Lo veo todo a través de algo que se interpone entre el recuerdo y yo, como una cortina tupida y, al mismo tiempo, transe. Aquella noche estaba como muerta en mi cama. Me hirieron aquí - se tocó el pecho - y nunca he vuelto a ser la misma.&lt;br /&gt;- ¿Has estado a punto de morir?&lt;br /&gt;- Sí. Un amor cruel, un amor caprichoso había invadido mi vida. El amor exige sacrificios, y en los sacrificios corre la sangre. Ahora deja que me abandone al sueño. Estoy muy cansada. ¿Cómo podré levantarme a cerrar la puerta con llave?&lt;br /&gt;Le di las buenas noches y salí de la estancia con una sensación de inquietud.&lt;br /&gt;Los delirios de las personas nerviosas son contagiosos, y casi siempre acaban por ser imitadas por los que tienen un temperamento afin. También yo había adoptado las costumbres de Carmilla; cerraba con llave la puerta de mi habitación, sugestionada por su fantástico miedo a unos hipotéticos agresores nocturnos, asesinos o ladrones. También, como Carmilla, inspeccionaba minuciosamente mi habitación cada noche, antes de acostarme, para asegurarme de que no había nadie escondido en ella.&lt;br /&gt;Después de tomar todas aquellas prudentes medidas, me acosté y me quedé dormida casi inmediatamente. Tenía una luz encendida en mi habitación. Era una antigua costumbre, de cuya inutilidad nadie había podido convencerme. Sólo así podía descansar tranquila. Pero los sueños atraviesan los muros de piedra, iluminan las habitaciones vacías y oscurecen las iluminadas, y los personajes que intervienen en el sueño entran y salen a placer, burlándose de los cerrojos.&lt;br /&gt;Aquella noche tuve un sueño que fue el comienzo de una extraña angustia. No podría llamarlo una obsesión, porque tenía la certeza de que estaba dormida, de que me hallaba en mi habitación y yacía en mi cama. Vi, o creí ver, la habitación con sus muebles de siempre, pero más a oscuras; a los pies de mi cama se movía algo escurridizo, que no pude distinguir claramente. De repente, me di cuenta de que se trataba de un animal grande y negro, como cubierto de hollín. Parecía un monstruoso gato. Tendría aproximadamente un metro y medio de longitud, y lo deduje porque cuando se paseaba al pie de la cama ocupaba toda su anchura. Se paseaba como una fiera enjaulada. Me sentí tan aterrorizada, que no tenía fuerzas ni para gritar. Los pasos del animal eran cada vez más rápidos, y la habitación se oscurecía por momentos. Noté que algo se encaramaba a mi cama. Unos ojos enormes se acercaron a Ios míos y de pronto sentí un penetrante dolor en el pecho, como si me hubiesen clavado dos alfileres. Me desperté con un grito. La habitación estaba iluminada por la luz que dejaba encendida cada noche, y a Ios pies de mi cama había una figura femenina vestida de negro y con la cabellera caída en cascada sobre los hombros. Estaba inmóvil como una estatua. No se oía ningún rumor, ni siquiera el de su respiración. La miré, y la figura pareció moverse; se deslizó hasta la puerta, que estaba abierta, y desapareció. Inmediatamente, me sentí como liberada de un gran peso y pude moverme y respirar. Mi primer pensamiento fue que Carmilla había querido gastarme una broma y que yo me había olvidado de cerrar la puerta. Pero me levanté y la encontré cerrada por dentro, como siempre. La idea de abrirla me aterrorizaba. Volví a acostarme y escondí la cabeza debajo de las sábanas, más muerta que viva.&lt;br /&gt;Al día siguiente no quise quedarme sola ni un momento. Debí de habérselo contado todo a mi padre, pero no lo hice por dos motivos opuestos. Primero, porque temí que se burlase de mi historia y me dolían sus burlas; y, segundo, porque temí que creyese que también yo era víctima de aquella misteriosa enfermedad que se propagaba por la comarca. Mi padre tenía el corazón débil y no quería asustarlo.&lt;br /&gt;Pero se lo conté todo a la señora Perrodon y a la señorita Lafontaine. Las dos se dieron cuenta de que me hallaba en un estado de anormal excitación. La señorita Lafontaine se echó a reír, pero vi que la señora Perrodon me miraba preocupada.&lt;br /&gt;- A propósito - dijo la señorita Lafontaine, riendo -, en el camino de los tilos, detrás de la habitación de la señorita Carmilla, hay fantasmas.&lt;br /&gt;- ¡Tonterías! -exclamó la señora Perrodon, la cual debió encontrar inoportuna aquella asociación de ideas -. ¿Quién le ha contado esa historia, querida?&lt;br /&gt;- Martin dice que ha ido dos veces a reparar la vieja balaustrada antes del amanecer, y siempre ha visto la misma figura de mujer andando por el camino de los tilos.&lt;br /&gt;- No le diga nada a Carmilla - supliqué -. Su ventana da al camino, y es una muchacha más impresionable aún que yo.&lt;br /&gt;Aquel día, Carmilla se levantó más tarde que de costumbre.&lt;br /&gt;- Esta noche me he asustado mucho - dijo -. Estoy segura de haber visto algo horrible. Menos mal que tenía el amuleto que le compré al pobre jorobado. ¡Y pensar que lo traté tan mal! He soñado que una cosa negra se acercaba a mi cama, y me he despertado aterrorizada. Durante unos segundos, he visto realmente una figura negra al lado de la chimenea, pero he tocado el amuleto que guardo debajo de la almohada y la figura ha desaparecido. Estoy convencida de que, si se hubiese acercado más, habría terminado degollada como aquellas pobres mujeres...&lt;br /&gt;- Bien, escucha lo que voy a contarte...&lt;br /&gt;Le conté mi aventura nocturna. Pareció asustarse.&lt;br /&gt;- ¿Y tenías el amuleto contigo? - me preguntó.&lt;br /&gt;- No. Lo metí en un jarrón de porcelana del salón, pero esta noche me lo llevaré a la cama, ya que tú crees tanto en su eficacia.&lt;br /&gt;Después de tanto tiempo, no acierto a comprender cómo pude dominar mi terror y dormir sola en mi habitación aquella noche. Recuerdo perfectamente que puse el amuleto debajo de mi almohada y que me quedé casi inmediatamente dormida, con un sueño mucho más profundo que la noche anterior.&lt;br /&gt;También la noche siguiente fue tranquila. Dormí profundamente y sin sueños, pero me desperté cansada y melancólica; aunque no puedo decir que fuese una sensación desagradable.&lt;br /&gt;- También yo he pasado una noche magnífica - me dijo Carmilla por la mañana-. He cosido el amuleto a mi camisón. La noche anterior lo tenía demasiado lejos. Estoy segura de que todo es pura imaginación. Creía que los sueños eran engendrados en nosotros por el espíritu del mal, pero el médico me dijo que no es cierto. Se trata de una fiebre o una enfermedad que llama a la puerta, y al no poder pasar deja aquella señal de alarma.&lt;br /&gt;- ¿Y por qué crees en la eficacia del amuleto?&lt;br /&gt;- Supongo que está empapado en alguna droga que sirve de antídoto contra la malaria.&lt;br /&gt;- Pero, ¿actúa solamente sobre el cuerpo?&lt;br /&gt;- Desde luego. ¿Crees que los espíritus maléficos se asustarían de unas cintas de colores o de un poco de perfume barato? No, seguro que no. Esos males flotan en el aire, atacan primero a los nervios y luego infectan el cerebro, pero antes de que puedan instalarse definitivamente, el antídoto entra en acción y los destruye. Estoy convencida de que ése ha sido el efecto del amuleto. No se trata de magia, sino de un remedio natural.&lt;br /&gt;Durante algunas noches más dormí perfectamente. Pero cada mañana sentía el mismo cansancio, y todo el día estaba dominada por la misma sensación de languidez. Me parecía haber cambiado. Una extraña melancolía se apoderaba de mí. La idea de la muerte se abría camino en mi mente. El estado en que me hallaba sumida era triste, pero también dulce. Y de todos modos, fuera lo que fuese, mi alma lo aceptaba. No quería admitir que estaba enferma, ni decírselo a mi padre; ni llamar al médico.&lt;br /&gt;Durante aquellos días, Carmilla me prodigó sus atenciones mucho más que antes y sus momentos de exaltación fueron también más frecuentes.&lt;br /&gt;Sin darme cuenta la enfermedad se había apoderado de mí, la enfermedad más extraña que jamás haya afectado a un ser mortal. Me acostumbraba cada vez más a la sensación de impotencia que invadía todo mi ser. La primera transformación que descubrí en mí era casi placentera; algo parecido a la curva que inicia el descenso al infierno. Mientras dormía experimentaba una vaga y curiosa sensación. Generalmente era un súbito temblor, agradable, helado, como el que se experimenta cuando uno se baña en un río y nada contra la corriente. Una serie de sueños que parecían interminables seguían al temblor, pero eran sueños tan confusos que nunca conseguía recordar, después, ni el escenario, ni los personajes, ni sus actos. Me dejaban una sensación de terror y de cansancio, como si acabara de realizar un gran esfuerzo mental o de correr un grave peligro. Los únicos recuerdos que me quedaban de todos esos sueños eran la sensación de haber permanecido en un lugar tenebroso, la de haber conversado con gente a la que no podía ver y el eco de una voz femenina tan profunda que parecía hablarme desde muy lejos: una voz que me intimidaba y me sojuzgaba siempre. A veces sentía el roce de una mano que me acariciaba las mejillas; otras, la presión de unos labios ardientes que me besaban, más apasionadamente a medida que los besos descendían hacia mi garganta. Allí sentía el último beso. Mi corazón latía más de prisa, mi respiración se hacía más entrecortada. Luego experimentaba una sensación de ahogo y, en medio de una terrible convulsión, perdía la consciencia.&lt;br /&gt;Estos terribles hechos me sucedían ahora tres veces a la semana y dejaban en mí una profunda huella. Estaba pálida, el círculo morado que rodeaba mis ojos era cada vez más visible y mi languidez aumentaba día a día.&lt;br /&gt;Mi padre me preguntaba frecuentemente si me encontraba mal, pero con una obstinación que ahora me parece inexplicable, le aseguraba una y otra vez que estaba perfectamente bien. En cierto sentido, era verdad. No sentía dolor alguno ni podía quejarme de ningún malestar físico. Mi dolencia me parecía imaginaria y, por penosos que fueran mis sufrimientos, los cultivaba amorosamente y en secreto.&lt;br /&gt;Carmilla se quejaba de sueños y de sensaciones febriles parecidas a las mías, aunque menos alarmantes. Si hubiera sido capaz de comprender mi situación, habría pedido ayuda y consejo de rodillas. Pero el narcótico de una influencia insospechada obraba en mí y mis sentidos estaban embotados.&lt;br /&gt;Hablaré ahora de un sueño que me condujo a un extraño descubrimiento.&lt;br /&gt;Una noche, en vez de la solitaria voz que oía en el vacío, oí otra voz más dulce y más tierna, y al mismo tiempo más terrible, que decía: Tu madre te advierte que tengas cuidado con el asesino. En el mismo instante apareció inesperadamente una luz y vi a Carmilla de pie cerca de mi cama, embutida en su blanco camisón completamente manchado de sangre.&lt;br /&gt;Me desperté sobresaltada, convencida de que Carmilla había sido asesinada. Salté de la cama pidiendo socorro. La señora Perrodon y la señorita Lafontaine salieron de sus habitaciones, alarmadísimas, y encendieron una lámpara del rellano de !a escalera. Les conté lo que me había sucedido e insistí en ver a Carmilla. Acudimos a su dormitorio y la llamamos a través de la puerta. No respondió, a pesar de nuestros gritos, y el hecho nos alarmó a todas, ya que la puerta estaba cerrada por dentro. Regresamos a mi habitación y agitamos furiosamente la campanilla que había a la cabecera de mi cama. Si mi padre hubiese dormido en nuestro mismo piso le hubiesemos llamado inmediatamente, pero dormía en el piso bajo, fuera del alcance de nuestras voces, y para llegar hasta su habitación era necesario organizar una expedición para la cual ninguna de nosotras se sentía con fuerzas. Los criados llegaron corriendo. Entretanto, nos habíamos puesto una bata y calzado unas zapatillas. Volvimos a la habitación de Carmilla, y, después de llamarla de nuevo repetidas veces, ordené a los criados que forzaran la puerta. Una vez abierta, penetramos en el dormitorio: todo estaba en orden, tal como lo había visto al dar las buenas noches a Carmilla. Pero mi amiga había desaparecido.&lt;br /&gt;Al ver que la única señal de desorden en la habitación era la producida por nuestra irrupción, nos tranquilizamos un poco y no tardamos en recobrar el buen sentido y en despedir a los criados. La señorita Lafontaine aventuró la opinión de que Carmilla, despertada repentinamente al sentir que forzaban la puerta, se había asustado y se había escondido debajo de la cama o dentro del armario: era natural que no saliera mientras el mayordomo y los criados se hallaran en la habitación. La llamamos de nuevo, pero no respondió. Eso aumentó nuestra perplejidad y nuestra zozobra. Examinamos las ventanas, pero estaban cerradas. Supliqué a Carmilla, si estaba escondida, que no prolongara por más tiempo aquella burla y acabara con nuestra ansiedad, saliendo de su escondite. Pero todo fue en vano. Era evidente que no estaba en el dormitorio, ni en el tocador. Yo estaba intrigadísima. Tal vez Carmilla había descubierto un pasadizo secreto... El viejo guarda decía que existía uno en el castillo, pero nadie recordaba dónde, exactamente. El misterio se aclararía, indudablemente, pero de momento estábamos perplejas.&lt;br /&gt;Eran las cuatro de la madrugada y preferí pasar el resto de la noche en la habitación de la señora Perrodon. Pero la luz del día no trajo la solución al enigma: Carmilla había desaparecido. Mi padre estaba desesperado, pensando en lo que iba a ocurrir cuando regresara la madre de la muchacha... Yo también estaba desesperada, pero mi desesperación tenía otras causas.&lt;br /&gt;Transcurrió la mañana en medio de la mayor alarma y agitación. Se habló incluso de rastrear el río. Llegó el mediodía y la situación no había cambiado. A eso de la una se me ocurrió echar otro vistazo a la habitación de Carmilla. Llegué allí y mi asombro no tuvo limites: ¡Carmilla estaba en su habitación, mirándose al espejo! No podía creer en lo que estaban viendo mis ojos. Mi amiga me llamó con un gesto. En su rostro se leía el miedo. Corrí hacia ella, la abracé y besé repetidas veces, y luego me precipité hacia la campanilla y la agité desesperadamente para que acudieran todos y se tranquilizaran.&lt;br /&gt;- ¡Querida Carmilla! - exclamé -. ¿Qué te ha sucedido? ¿Dónde has estado?&lt;br /&gt;- Ha sido una noche prodigiosa - me respondió -. Después de cerrar la puerta del dormitorio, como de costumbre, me acosté. He dormido sin interrupción y sin sueños, pero al despertar me he encontrado sobre el diván del tocador, con su puerta abierta y la de la habitación forzada. ¿Cómo es que no me he despertado? Tiene que haberse producido un gran alboroto, y yo tengo el sueño muy ligero... ¿Cómo puede ser que me haya encontrado fuera de mi cama sin haberme enterado de nada?&lt;br /&gt;Entretanto, habían llegado mi padre, la señora Perrodon, la señorita Lafontaine y varios criados. Naturalmente, Carmilla fue asediada a preguntas, pero su respuesta fue siempre la misma. Mi padre daba vueltas por la habitación, sumido, al parecer, en hondas reflexiones. Vi que Carmilla le seguía con la mirada, y en sus ojos había una expresión preocupada. Finalmente, mi padre despidió a los criados, se acercó a mi amiga y, cogiéndola delicadamente por la mano, la condujo hasta el diván, donde se sentaron.&lt;br /&gt;- ¿Me permites que te haga una pregunta, querida? - inquirió mi padre.&lt;br /&gt;- Desde luego. Tiene usted perfecto derecho a preguntar lo que quiera, siempre que no traspase los límites impuestos por mi madre.&lt;br /&gt;- Bien, querida, no hablaremos de lo que tu madre me prohibió, sino de lo ocurrido esta noche. Te has levantado de la cama y has salido de la habitación, sin despertarte. Y todo esto estando puertas y ventanas cerradas por dentro. Tengo una teoría, pero antes quiero hacerte una pregunta.&lt;br /&gt;Todos conteníamos la respiración.&lt;br /&gt;- La pregunta es ésta: ¿eres sonámbula?&lt;br /&gt;- No, ahora no. Pero lo fui en mi infancia.&lt;br /&gt;- Ya. Y, en aquella época, ¿te levantabas con frecuencia de la cama en sueños?&lt;br /&gt;- Sí. Por lo menos, así me lo decía mi niñera.&lt;br /&gt;Mi padre sonrió, asintiendo.&lt;br /&gt;- Lo ocurrido tiene una fácil explicación. Carmilla es sonámbula; abre la puerta y no deja, como de costumbre, la llave en la cerradura, sino que, siempre en sueños, cierra por la parte de afuera y se lleva la llave. Luego recorre las veinticinco habitaciones de este piso, y quizá también las de las otras plantas. Esta casa está llena de escondrijos, de desvanes y de trastos viejos. Se tardaría una semana en explorarla a fondo. ¿Entiendes lo que quiero decir?&lt;br /&gt;- Sí, pero no del todo - respondió Carmilla.&lt;br /&gt;- ¿Y cómo explicas, papá, que se haya despertado en el tocador, que yo había registrado minuciosamente?&lt;br /&gt;- Carmilla regresó cuando vosotras os habíais ya marchado. Regresó dormida, naturalmente, y al despertarse se asombró de encontrarse allí. Ojalá todos los misterios tuvieran una explicación tan sencilla como éste, Carmilla -añadió mi padre, satisfecho.&lt;br /&gt;En aquel momento, Carmilla estaba más hermosa que nunca. Creo que fue entonces cuando mi padre comparó su aspecto con el mío, porque súbitamente dijo:&lt;br /&gt;- Tienes muy mal aspecto, Laura.&lt;br /&gt;Como sea que Carmilla no quería que ninguna sirvienta pasara la noche en su habitación, mi padre ordenó que uno de los criados durmiera delante de la puerta de su dormitorio, a fin de que la muchacha no pudiera salir sin ser vista por nadie.&lt;br /&gt;Aquella noche transcurrió tranquila, y a la mañana siguiente, el médico, que mi padre había enviado a buscar sin yo saberlo, vino a visitarme. La señora Perrodon me acompañó a la biblioteca, donde me aguardaba el doctor. Le expliqué lo que me sucedía de un tiempo a esta parte, y mientras avanzaba en mi relato noté que su aspecto se hacía más pensativo. Nos hallábamos ante una ventana, uno al lado del otro. Cuando terminé de hablar se apoyó en la pared y me miró con un interés que dejaba traslucir cierto horror. Tras meditar unos instantes, mandó llamar a mi padre. Éste llegó sonriendo, pero su sonrisa desapareció al ver la expresión preocupada del médico. Inmediatamente se enfrascaron en una conversación que sostuvieron en voz baja, como si temiendo que la señora Perrodon o yo, que nos manteníamos apartadas, pudiéramos oír lo que hablaban. De pronto, mi padre volvió los ojos hacia mí. Estaba pálido y parecía intensamente preocupado.&lt;br /&gt;- Laura, querida, acércate.&lt;br /&gt;Obedecí, sintiéndome alarmada por primera vez, ya que a pesar de mi creciente debilidad no creía estar enferma.&lt;br /&gt;- Me ha dicho usted antes que tuvo la sensación de que le clavaban dos alfileres en el cuello, la noche en que sufrió aquella pesadilla - me dijo el médico -. ¿Le duele aún en el lugar donde sintió los pinchazos?&lt;br /&gt;- No, en absoluto - respondí.&lt;br /&gt;- ¿Puede señalarme con el dedo el punto exacto?&lt;br /&gt;- Debajo mismo de la garganta, aquí - respondí.&lt;br /&gt;Llevaba un vestido de cuello alto, que cubría la parte señalada.&lt;br /&gt;- ¿Quiere pedirle a su padre, por favor, que le desabroche el cuello? Es necesario que conozca todos los síntomas.&lt;br /&gt;Obedecí: el punto señalado estaba unas dos pulgadas más abajo del cuello.&lt;br /&gt;-¡Dios mío! - exclamó mi padre, palideciendo.&lt;br /&gt;- ¿Se da usted cuenta? - inquirió el médico, con expresión de triunfo.&lt;br /&gt;- ¿Qué pasa? - pregunté, alarmada.&lt;br /&gt;- Nada, señorita, no hay más que una pequeña marca azulada, tan diminuta como una cabeza de alfiler - dijo el médico. Y, volviéndose hacia mi padre, añadió: Veremos lo que se puede hacer.&lt;br /&gt;- ¿Es peligroso? - insistí, angustiada.&lt;br /&gt;- No lo creo - respondió el médico -. Estoy convencido de que mejorará rápidamente. Quisiera hablar con la señora Perrodon -añadió, dirigiéndose a mi padre.&lt;br /&gt;Mi padre llamó a la señora Perrodon.&lt;br /&gt;- La señorita Laura no se encuentra tan bien como sería de desear - le dijo el médico -. No creo que sea nada de cuidado. Sin embargo, hay que adoptar ciertas precauciones, en beneficio suyo. Es indispensable que no deje sola a la señorita Laura ni un solo instante. Por ahora, es el único remedio que puedo prescribir, pero deseo que cumpla mis instrucciones al pie de la letra. ¿Entendido?&lt;br /&gt;Mi padre salió para acompañar al médico. Les ví cruzar el puente levadizo, absortos en una animada discusión. Luego vi cómo el médico montaba a caballo, saludaba a mi padre y se alejaba hacia oriente.&lt;br /&gt;Casi al mismo tiempo llegó el correo de Dranfeld, con un paquete de correspondencia para mi padre.&lt;br /&gt;Media hora después, mi padre se reunió conmigo: tenía una carta en la mano.&lt;br /&gt;- Es del general Spieldorf - dijo. Llegará mañana, o quizás hoy mismo.&lt;br /&gt;Me entregó la carta abierta, pero no parecía satisfecho como de costumbre cuando un huésped, especialmente un buen amigo como el general, venía a visitarnos. Parecía estar ocultándome algo.&lt;br /&gt;- Querido papá, ¿quieres explicármelo todo? - le dije, cogiéndole del brazo y mirándole con expresión suplicante -. ¿Qué te ha dicho el médico? ¿Me ha encontrado muy enferma?&lt;br /&gt;- No, querida. Dice que te repondrás pronto. - Pero su tono era seco -. De todos modos, preferiría que nuestro amigo el general hubiese escogido otro momento para su visita.&lt;br /&gt;- Pero... dime, papá, ¿qué enfermedad tengo?&lt;br /&gt;- Ninguna. No me atormentes con tus preguntas - respondió.&lt;br /&gt;Nunca había dado muestras de tanta irritación al hablar conmigo. Después se dio cuenta de que me había lastimado, y añadió:&lt;br /&gt;- Lo sabrás todo dentro de un par de días, es decir, sabrás lo que sé yo. Entretanto, no me hagas preguntas.&lt;br /&gt;Dio media vuelta, dispuesto a marcharse, pero luego, antes de que yo tuviera tiempo de detenerme a pensar en lo raro que resultaba todo lo que estaba sucediendo, volvió sobre sus pasos para decirme que quería ir a Karstein y que había hecho preparar el carruaje para las doce. La señora Perrodon y yo le acompañaríamos. Quería visitar al sacerdote que vivía en aquel lugar, y, dado que Carmilla no le conocía, podía reunirse con nosotros más tarde, cuando se levantara. Podía venir en compañía de la señorita Lafontaine, la cual llevaría también lo necesario para un almuerzo en las ruinas del castillo.&lt;br /&gt;A las doce en punto nos pusimos en marcha. Pasado el puente levadizo giramos a la derecha y tomamos el camino que conducía al pueblo deshabitado y a las ruinas del castillo de Karstein. Debido a lo accidentado del terreno, la carretera da muchas vueltas y serpentea ora junto a un precipicio, ora por la ladera de una colina, en una inagotable variedad de paisajes. En una de las innumerables revueltas del camino nos encontramos inesperadamente en presencia de nuestro amigo el general, que avanzaba a caballo hacia nosotros, seguido de su criado, también a caballo. Tras las cordiales efusiones de bienvenida, pasó a ocupar el sitio que quedaba libre en nuestro carruaje y envió el caballo al castillo con su criado.&lt;br /&gt;Habían transcurrido solamente diez meses desde la última vez que le habíamos visto, pero su aspecto había cambiado como si hubiesen pasado diez años. Una expresión angustiada había sustituido a su habitual aire de tranquila serenidad. No era sólo la transformación que cabe esperar en una persona que ha sufrido un gran dolor: una especie de furor apasionado parecía haber contribuido a llevarle a la actual situación.&lt;br /&gt;Apenas reemprendimos la marcha, el general comenzó a contarnos el engaño - según su propia expresión - que había conducido a la muerte a su joven sobrina. De repente se dejó arrastrar por una ola de furor y de amargura, profiriendo invectivas contra las artes diabólicas de que había sido víctima. Mi padre, comprendiendo que debían existir motivos extraordinarios para que el ecuánime general se expresara en aquellos términos, le pidió que nos contara, si no le resultaba demasiado penoso, los hechos que justificaban tan violentas expresiones.&lt;br /&gt;- Con mucho gusto - replicó el general -. Pero no van a creerlo.&lt;br /&gt;- ¿Y por qué no? - inquirió mi padre.&lt;br /&gt;- Porque usted, amigo mío, sólo cree en lo que responde a sus prejuicios y a sus ilusiones. También yo era como usted. Pero ahora he aprendido algo más.&lt;br /&gt;- Póngame a prueba - insistió mi padre-. Soy menos dogmático de lo que usted cree. Además, me consta que usted basa siempre sus opiniones en pruebas fehacientes, y por lo tanto estoy dispuesto a respetar sus conclusiones.&lt;br /&gt;- Tiene usted razón: si he llegado a creer en la existencia de hechos prodigiosos, no ha sido a la ligera. Y puedo asegurarle que he sido víctima de una verdadera conspiración sobrenatural.&lt;br /&gt;Vi que mi padre, a pesar de su promesa, miraba al general con ojos que reflejaban evidentes dudas acerca de la capacidad intelectual de su viejo amigo. Afortunadamente, el general no se dio cuenta. Miró con ojos impregnados de tristeza el paisaje selvático que se extendía ante nosotros.&lt;br /&gt;- ¿Van ustedes a las ruinas de Karstein? - preguntó -. Curiosa coincidencia... Precisamente quería pedirles que me acompañaran allí. Quiero examinarlas detenidamente. ¿Es cierto que hay una capilla en ruinas con numerosas tumbas de aquella extinguida familia?&lt;br /&gt;- Sí, y son muy interesantes - respondió mi padre -. ¿Se propone usted, quizá, reivindicar su propiedad?&lt;br /&gt;Mi padre hizo aquella pregunta en tono de broma, pero el general respondió completamente en serio.&lt;br /&gt;- De ningún modo - exclamó secamente -. Tengo la intención de exhumar algunos ejemplares de aquella hermosa raza. Espero, con la ayuda de Dios, llevar a cabo un piadoso sacrilegio que librará a la tierra de algunos monstruos y permitirá dormir tranquilamente a personas de bien que tienen derecho a acostarse en paz, sin que sobre sus cabezas penda la amenaza de unos malvados asesinos.&lt;br /&gt;Mi padre le miró de nuevo. Pero esta vez no había desconfianza en su mirada, sino que trataba de ser penetrante y perspicaz.&lt;br /&gt;- La casta de los Karstein - dijo - se extinguió hace mucho tiempo. Cien años, por lo menos. Mi mujer descendía de los Karstein por línea materna. Pero el apellido y el título desaparecieron hace casi un siglo. El castillo está en ruinas y el pueblo deshabitado; hace más de cincuenta años que no sale humo por sus chimeneas.&lt;br /&gt;- Eso es lo que me han contado, exactamente. Y otras cosas que le asombrarán. Pero será mejor que lo cuente siguiendo un orden lógico. ¿Recuerda usted a mi sobrina? Era la muchacha más hermosa del mundo, y hace sólo tres meses estaba aún viva.&lt;br /&gt;Mi padre apretó afectuosamente la mano del general. Las lágrimas llenaron los ojos del anciano, que no trató de ocultarlas.&lt;br /&gt;- Mi sobrina era el consuelo de mi vejez. Y ahora, todo ha terminado. No me queda mucho tiempo de vida, pero, con la ayuda de Dios, confío en que antes de morir podré prestar un gran servicio al género humano.&lt;br /&gt;La cosa empezó así: mi sobrina se preparaba con impaciencia para visitarles a ustedes. En el curso de aquellos preparativos, fuimos invitados a una fiesta ofrecida por mi viejo amigo el conde de Carlofed, cuyo castillo dista unas seis leguas del de Karstein. La noche en que empezó mi desgracia se celebró un fastuoso baile de máscaras. EI parque del castillo estaba, iluminado con farolillos de colores, y los fuegos artificiales fueron de una magnificencia nunca vista. ¡Y qué música! Usted ya sabe que la música es mi debilidad. Las mejores orquestas del mundo, y los mejores cantantes de ópera europeos. Nunca, había asistido a una fiesta tan brillante, ni siquiera en París. Mi querida sobrina estaba hermosísima. No iba disfrazada. La emoción y la alegría ponían en su rostro un encanto indefinible. Me di cuenta de que otra joven, que vestía lujosamente y llevaba un antifaz, miraba a mi sobrina con especial interés. La había visto ya al comienzo de la velada, en la terraza del castillo: estaba cerca de nosotros y su actitud demostraba un vivísimo interés. La acompañaba una dama, vestida con el mismo lujo y también cubierta con un antifaz, que tenía el aire autoritario de una persona de rango.&lt;br /&gt;En aquel momento estábamos en un salón. Mi pobre sobrina había bailado mucho y descansaba sentada en una silla, cerca de la puerta. Yo estaba sentado junto a ella. Las dos damas se acercaron a nosotros y la más joven ocupó una silla vacía al lado de mi sobrina en tanto que la de más edad venía a sentarse junto a mí. Empezó hablando consigo misma, como si estuviera refunfuñando. Luego, aprovechándose de la impunidad que le confería el antifaz, se dirigió a mí en el tono de una antigua amiga, llamándome por mi nombre. Sus palabras excitaron mi curiosidad. Se refirió a las numerosas ocasiones en que nos habíamos encontrado, en la Corte o en alguna casa elegante. Hizo alusión a incidentes que yo no recordaba, pero que al serme citados por ella acudieron de nuevo a mi memoria.&lt;br /&gt;Sentí que mi curiosidad iba en aumento. Deseaba ardientemente saber quién se escondía detrás de aquel antifaz, mientras la dama parecía divertirse con el juego. Entretanto, la joven, a la cual la dama de más edad llamaba con el extraño nombre de Millarca, había entablado conversación con mi sobrina. Se presentó a sí misma diciendo que su madre era una antigua amiga mía, elogió el vestido que llevaba mi niña y alabó discretamente su belleza. La divirtió con sus agudas observaciones acerca de la gente que se apiñaba en el salón, y, al poco rato charlaban como si se conocieran de toda la vida. Luego, la joven desconocida se quitó al antifaz; tenía un rostro bellísimo, de facciones tan agradables y seductoras que resultaba imposible escapar a su atractivo. Mi pobre sobrina quedó seducida al instante. También la desconocida parecía haber sido fascinada por mi sobrina. Por mi parte, valiéndome de la familiaridad que permite un baile de disfraces, dirigí algunas preguntas personales a mi interlocutora.&lt;br /&gt;Me ha puesto usted en un aprieto - confesé, riendo -.¿Quiere ser clemente conmigo ahora? ¿Por qué no me hace el honor de quitarse el antifaz, como ha hecho su hija?&lt;br /&gt;- Es una petición descabellada - respondió-. ¡Pedir a una dama que renuncie a un privilegio! Por otra parte, no podría usted reconocerme: han pasado demasiados años desde que me vio por primera vez. Mire a mi hija Millarca y comprenderá que ya no puedo ser joven. Prefiero que no tenga usted ocasión de compararme con la imagen que conserva de mí. Además, usted no lleva antifaz y no puede ofrecerme nada a cambio.&lt;br /&gt;- Recurro a su clemencia - dije.&lt;br /&gt;- Y yo a la suya -replicó.&lt;br /&gt;- Por lo menos, ya que me ha honrado con su conversación, le ruego que me diga su nombre. ¿Debo llamarla señora condesa?&lt;br /&gt;Se echó a reír de buena gana y sin duda hubiera encontrado el medio de eludir mi pretensión, de no haberse producido un hecho fortuito ... aunque ahora estoy convencido de que todo había sido planeado minuciosamente.&lt;br /&gt;- Mire ... - empezó a decir, pero se vio interrumpida por la presencia de un caballero vestido de negro, de extraña apariencia y rostro exangüe como el de un cadáver. Tampoco iba disfrazado. Se inclinó cortésmente ante mi compañera y dijo:&lt;br /&gt;- ¿Me permite la señora condesa unas palabras en privado?&lt;br /&gt;Mi interlocutora se volvió al instante hacia el recién llegado, llevándose un dedo a los labios para indicarle silencio. Luego, dirigiéndose a mí, se disculpó:&lt;br /&gt;- Le ruego que me guarde el asiento, general: regresaré en seguida.&lt;br /&gt;Se alejó en compañía del caballero vestido de negro. Vi cómo hablaban animadamente, antes de desaparecer entre la multitud.&lt;br /&gt;Mientras me torturaba tratando de identificar a la dama que tan amablemente parecía recordarme, regresó acompañada del mismo caballero de rostro cadavérico. Oí que este último le decía: Le advierto, condesa, que el carruaje espera en la puerta. Y, tras inclinarse profundamente, desapareció.&lt;br /&gt;- ¿De modo que la perdemos a usted, señora condesa? Espero que será por poco tiempo - aventuré. Y me incliné a mi vez ante ella.&lt;br /&gt;- Sí, tengo que marcharme - respondió -. Y es posible que mi ausencia se prolongue unas semanas. Acabo de recibir noticias muy desagradables ... y usted, ¿ha recordado ya quién soy?&lt;br /&gt;- Ya le he dicho que no.&lt;br /&gt;- Lo sabrá, descuide. Pero no ahora. Somos amigos, más íntimos y más antiguos de lo que usted sospecha. Pero ahora no le puedo revelar mi identidad. Dentro de tres semanas pasaré por su castillo. Entonces tendré mucho gusto en que reanudemos nuestra vieja amistad. De momento, estoy muy preocupada por la noticia que acaban de darme. Tengo que recorrer más de cien millas con la mayor rapidez posible. Y si no fuese por la reserva que me veo obligada a guardar acerca de mi identidad, le pediría un favor ... Mi pobre hija cayó del caballo durante una cacería y fue arrastrada por el animal más de una milla. Quedó con los nervios destrozados y nuestro médico le recomendó descanso absoluto. Yo tendré que viajar día y noche, sin interrupción. Está en juego una vida ... pero ya le hablaré de ello la próxima vez que nos veamos.&lt;br /&gt;Y a continuación me pidió el favor a que había aludido. Se trataba de alojar a su hija en mi casa durante su ausencia. Era una petición un poco rara, por no decir atrevida. La condesa me desconcertó adelantándose a todas mis posibles suspicacias, diciéndome que comprendía lo incorrecto de su proceder, pero que, conociéndome como me conocía, sabía que yo me haría cargo de lo insólito de las circunstancias que la obligaban a comportarse de aquel modo. Y en aquel mismo instante, por una fatalidad que debió ser tan premeditada como todo lo que estaba sucediendo, se acercó mi sobrina pidiéndome que invitara a su nueva amiga Millarca a pasar unos días en nuestra casa.&lt;br /&gt;En cualquier otra ocasión hubiera salido del paso diciéndole que aguardara hasta que pudiésemos enterarnos de la identidad de aquellas damas. Pero debo confesar que las facciones delicadas de la joven desconocida, con su extraordinario poder de fascinación, me habían conquistado. De modo que consentí estúpidamente en hacerme cargo de la muchacha mientras durase la ausencia de su madre.&lt;br /&gt;El caballero vestido de negro regresó en busca de mi interlocutora. Lo último que me pidió la dama fue que no tratara de averiguar la identidad de la joven hasta su regreso. Luego susurró algunas palabras al oído de su hija; la abrazó fríamente y se alejó acompañada del fúnebre personaje.&lt;br /&gt;A la mañana siguiente Millarca se instaló en nuestra casa. En el fondo, me sentía satisfecho de haber encontrado a una joven tan agradable para que hiciera compañía a mi sobrina.&lt;br /&gt;Pero no tardó en surgir el reverso de la medalla. Al principio, Millarca se quejaba de una gran debilidad; estaba aún convaleciendo del accidente que había sufrido, y no salía de su habitación antes del mediodía. Luego descubrimos de un modo casual que, a pesar de que cerraba siempre la puerta de su habitación con llave, no estaba en ella todas las horas que la creíamos allí. Un día, de madrugada, la vi andar bajo los árboles, en dirección a oriente: miraba como una persona en trance. Pensé que era sonámbula. Pero esta hipótesis no resolvía las dudas que se me habían planteado. ¿Cómo salía de la habitación, si estaba cerrada por dentro? ¿Cómo salía de la casa sin abrir puertas ni ventanas? Mientras me debatía en esta situación contradictoria, se me presentó una preocupación más grave.&lt;br /&gt;Mi sobrina languidecía de un modo misterioso. Empezó por tener espantosas pesadillas, luego dijo que recibía la visita de un espectro que a veces se parecía a Millarca y otras tenía el aspecto de una bestia inidentificable que daba vueltas alrededor de su cama. No tardaron en presentarse otros síntomas: una sensación dolorosa debajo de la garganta, como si la pincharan con dos alfileres, la impresión de que se ahogaba y una subsiguiente pérdida del conocimiento ...&lt;br /&gt;¡Cuál no sería mi emoción al oír describir los síntomas que yo misma había experimentado! Especialmente, después de haber oído la descripción de las costumbres y características de nuestra hermosa invitada, Carmilla.&lt;br /&gt;Habíamos llegado al término de nuestro viaje. Ante nosotros se extendían las ruinas de un pueblo, entre gigantescos árboles.&lt;br /&gt;Descendimos en silencio del carruaje; todos estábamos absortos en nuestros pensamientos. Subimos una empinada cuesta y nos encontramos ante el castillo de Karstein.&lt;br /&gt;- He aquí su palacio - dijo el general -. Era una estirpe malvada. Resulta difícil creer que incluso después de muertos puedan seguir infectando a la humanidad con su horrible concupiscencia. Miren: alli está la capilla.&lt;br /&gt;Señaló un edificio de estilo gótico escondido entre el follaje.&lt;br /&gt;- Oigo el hacha de un leñador muy cerca de aquí - continuó -. Quizá pueda facilitarnos la información que buscamos y señalarnos la tumba de Mircalla, condesa de Karstein. A veces, estos aldeanos conservan el recuerdo de las tradiciones locales acerca de las grandes familias.&lt;br /&gt;- En casa tengo un retrato de Mircalla, condesa de Karstein - dijo mi padre -. ¿Le gustaría verlo?&lt;br /&gt;- Desde luego. Pero tenemos tiempo de sobra - respondió el general -. Creo haber visto el original, y espero convencerme después de explorar la capilla.&lt;br /&gt;- ¡Cómo! - exclamó mi padre -. ¿Pretende haber visto a la condesa Mircalla? Pero, ¡si hace más de un siglo que murió!&lt;br /&gt;- No está tan muerta como la gente cree - replicó el general.&lt;br /&gt;Cuando pasábamos por debajo del arco que daba acceso a la capilla gótica en ruinas, añadió:&lt;br /&gt;- En los pocos años que me quedan de vida sólo deseo tener ocasión de una cosa: vengarme. Y, afortunadamente, la venganza puede realizarse aún por medio de un brazo mortal.&lt;br /&gt;- ¿De qué venganza está hablando? - preguntó mi padre, cada vez más asombrado.&lt;br /&gt;- Quiero cortar la cabeza del monstruo -respondió el general en un acceso de cólera, golpeando el suelo con el pie y alzando sus manos como si empuñara un hacha invisible y la blandiera ferozmente en el aire.&lt;br /&gt;- ¡Qué es lo que dice! - gritó mi padre.&lt;br /&gt;- Le cortaré la cabeza con un hacha, con una hoz, con cualquier herramienta que pueda servir para rebanarle el cuello a un criminal ¡Mirad! - gritó, temblando de rabia -. Esta madera servirá de cepo. Veo que su hija está cansada, déjela reposar.&lt;br /&gt;Me dejé caer sobre un bloque de madera medio oculto entre los hierbajos que salían por entre las losas del pavimento de la capilla. Entretanto, el general llamó al leñador que estaba podando las ramas secas de los árboles, muy cerca de allí. Se nos acercó un viejo fornido, que llevaba un hacha en la mano, pero resultó que no sabía nada acerca de aquellas ruinas. Sin embargo, nos informó que conocía a un guarda forestal que vivía a unas leguas de distancia y que podría hablarnos de todas y cada una de las piedras de la capilla.&lt;br /&gt;- ¿Hace mucho tiempo que trabaja usted en este bosque? - le preguntó mi padre.&lt;br /&gt;- Hasta hace poco tiempo he sido leñador a las órdenes del guarda forestal. Mi padre, mi abuelo y toda mi familia, durante generaciones, hemos tenido el mismo oficio. Podría mostrarles las casas en que vivieron mis antepasados.&lt;br /&gt;- ¿Por qué quedó deshabitado el pueblo?&lt;br /&gt;- Porque recibía la visita de los espectros. Parece ser que los persiguieron hasta sus tumbas, exhumaron los cadáveres con los medios acostumbrados y fueron destruidos en la forma habitual: decapitados, traspasados con un palo y quemados. Sin embargo, muchos aldeanos habían perdido la vida. A pesar de todos los esfuerzos que se hicieron, a pesar de abrir tantas tumbas y de privar a tantos vampiros de su horrible existencia, el pueblo no quedó totalmente libre de la influencia diabólica. Pero un noble moravo, que vino a estudiar esta parte del país, oyó hablar de estos hechos y, siendo experto en la materia como otros muchos compatriotas suyos, se ofreció para librar al pueblo de aquella obsesión. Y he aquí lo que hizo: una noche de luna llena, trepó a la torre de la capilla poco después de ponerse el sol. Se quedó allí de guardia hasta que vio salir al vampiro de la tumba y despojarse de su blanco sudario para dirigirse al pueblo, a fin de atormentar a sus habitantes. Una vez se hubo alejado el vampiro, el extranjero descendió de la torre, recogió el sudario y volvió a encaramarse a su observatorio. Cuando el vampiro regresó de su expedición y no encontró el sudario en el lugar donde lo había dejado, empezó a aullar, enfurecido por la pérdida de su atavío fúnebre. El moravo, entonces, llamó al vampiro y le desafió a que subiera a lo alto de la torre para recuperar su sudario. El vampiro aceptó el reto y empezó a trepar por el campanario. Pero cuando estaba a punto de alcanzar la cima, el moravo le golpeó con su sable en la cabeza, partiéndole el cráneo en dos y haciéndole caer al fondo de la capilla. Luego bajó de la torre, decapitó al vampiro y al día siguiente entregó la cabeza y el cuerpo a Ios aldeanos, que lo atravesaron con un palo y lo quemaron, según las reglas establecidas para estos casos. El noble moravo estaba autorizado por un documento de la familia Karstein a cambiar el emplazamiento de la tumba de la condesa Mircalla, cosa que hizo, sin que nadie sepa el lugar donde está enterrada actualmente.&lt;br /&gt;- ¿Puede usted decirme dónde estaba antes? -preguntó el general.&lt;br /&gt;Pero el leñador debía tener un trabajo urgente porque, olvidándose de recoger su hacha, se marchó sin contestar a la pregunta. Y mi padre y yo nos quedamos a escuchar el final del relato del general.&lt;br /&gt;- Mi querida sobrina empeoraba a ojos vista. El médico ignoraba la naturaleza exacta de su enfermedad. Al darse cuenta de mi preocupación, propuso una consulta con uno de los mejores médicos de Gratz. Era un hombre que conocía a fondo su profesión y tenía mucha experiencia. Después de haber examinado a mi sobrina, los dos médicos se encerraron en la biblioteca para conferenciar. Desde la habitación contigua pude oír sus voces, de un tono mucho más violento de lo que cabía esperar en una discusión puramente científica. Llamé a la puerta y entré. El viejo médico de Gratz defendía su teoría. Su colega la impugnaba con evidente ironía, y de cuando en cuando no podía evitar el reírse francamente de las sugerencias de su colega. Mi entrada interrumpió la discusión.&lt;br /&gt;- General - me dijo nuestro médico -, parece ser que mi ilustre colega opina que tenemos más necesidad de un brujo que de un médico.&lt;br /&gt;- Perdone, perdone - replicó el viejo médico de Gratz con evidente disgusto -. Daré mi opinión - y a mi modo - en otra ocasión. De momento, siento decirle que mi intervención no puede ser de ninguna utilidad. De todos modos, antes de marcharme tendré el honor de hacerle una sugerencla.&lt;br /&gt;Se sentó ante una mesa y empezó a escribir.&lt;br /&gt;Parecía que la consulta no había dado resultado alguno. Me estaba paseando por el jardín, sumamente agitado, cuando se me acercó el viejo médico de Gratz. Se disculpó por molestarme y me dijo que, en conciencia, no podía marcharse sin ofrecerme una explicación. Dijo que tenía la seguridad de no equivocarse: no existía ninguna enfermedad con aquellos síntomas, y la muerte de mi sobrina era inminente. Le quedaba solamente un día, tal vez dos, de vida. Si lograba detener el proceso fatal, quizá pudiese recobrar las fuerzas. Pero, en su estado actual, bastaría otro ataque para extinguir la última llama de vida.&lt;br /&gt;¿Y de qué naturaleza es el ataque a que alude usted? - le pregunté.&lt;br /&gt;En esta nota se lo explico todo. Llame a un sacerdote y abra y lea la carta solamente en su presencia. Puede que no la comprenda, pero tenga en cuenta que es una cuestión de vida o muerte. Si no encuentra un sacerdote inmediatamente, puede leerla usted solo.&lt;br /&gt;En los alrededores no había ningún sacerdote, por lo que me decidí a leer la carta. En cualquier otro momento me hubiese reído de su contenido. Pero, ¡a cuántas charlatanerías se somete uno cuando está en una situación apurada, cuando todos los medios conocidos han fracasado y está en peligro la vida de un ser querido! El médico decía en su carta que la enferma recibía la visita de un vampiro. Las punzadas que había notado en la garganta habían sido producidas por los dientes afilados y largos de uno de aquellos horripilantes seres. No cabía la menor duda, añadía, dado el lugar donde se habían producido Ios pinchazos, que se trataba de la mordedura típica de un vampiro, cosa que confirmaría cualquier experto.&lt;br /&gt;Yo era bastante escéptico en lo que respecta a la existencia de fantasmas y vampiros en general. En aquel momento, al pensar en la teoría expuesta por el anciano médico, me dije a mí mismo que una gran erudicción y una despejada inteligencia pueden ir aliadas con la locura. Pero estaba tan desesperado, que decidí seguir las instrucciones contenidas en la carta.&lt;br /&gt;Me escondí en el tocador que comunicaba con el cuarto de la pobre enferma, alumbrada toda la noche por una vela, y esperé a que mi sobrina se durmiera. A través de la rejilla situada encima de la puerta del tocador miraba el sable que había colocado sobre una mesa, por prescripción del médico. Al cabo de un rato vi una forma oscura que se arrastraba a los pies de la cama y que se lanzaba súbitamente al cuello de mi sobrina, al tiempo que se transformaba en una gran masa palpitante. Me quedé como petrificado por espacio de unos segundos. Luego abrí la puerta del tocador, empuñé el sable y me acerqué a la cama. El monstruo se dejó caer al suelo y se quedó inmóvil junto al lecho. Me miraba fijamente, con una expresión de ferocidad en sus pupilas. A pesar de lo horrible de su aspecto, pude reconocer a Millarca. Descargué el sable con todas mis fuerzas, pero el monstruo estaba ya junto a la puerta, ileso. Corrí detrás de él, pero desapareció como por ensalmo. Mi sable se rompió contra la puerta. No sé cómo describir lo que sucedió aquella horrible noche. Todos los moradores de la casa se despertaron y se pusieron en movimiento. El espectro de Millarca había desaparecido. Pero su víctima se agravó rápidamente y a primeras horas de la madrugada falleció.&lt;br /&gt;El anciano general estaba descompuesto. Mi padre y yo permanecimos en silencio. Al cabo de un rato, mi padre avanzó por la capilla, leyendo cuidadosamente las inscripciones de las lápidas. El general, por su parte, se había apoyado en el muro y se enjugó los ojos con un pañuelo. Las voces familiares de Carmilla y de la señorita Lafontaine, que en aquel momento se acercaban, me reanimaron.&lt;br /&gt;De repente, por debajo de un arco rematado por uno de aquellos monstruos grotescos que brotaban de la imaginación de los antiguos escultores góticos, vi aparecer la seductora figura de Carmilla. Me puse en pie para contestar a su sonrisa, particularmente atractiva, cuando el viejo general lanzó un grito y se interpuso entre nosotras, blandiendo el hacha que el leñador había dejado olvidada.&lt;br /&gt;El rostro de Carmilla había sufrido una transformación brutal. Retrocedió. Pero, antes de que yo pudiera gritar, el general descargó el hacha sobre ella con todas sus fuerzas. Carmilla pareció inclinarse hacia delante a consecuencia del golpe, pero en realidad lo que hizo fue coger la muñeca del general con su delicada mano. El anciano se debatió vigorosamente, luchando por soltarse, pero se vio obligado a abrir la mano y dejar caer el hacha. Carmilla desapareció como si se la hubiera tragado el aire. El general, tambaleándose, se apoyó en el muro. Sus cabellos estaban erizados y su rostro aparecía empapado en sudor. Estaba pálido como un muerto. Todo lo que acabo de contar sucedió en un par de segundos. No sé si llegué a perder el conocimiento. Lo primero que recuerdo después de la desaparición de Carmilla es la voz de la señora Perrodon, preguntándome:&lt;br /&gt;- ¿Dónde está la señorita Carmilla?&lt;br /&gt;Por fin pude contestar que no lo sabía.&lt;br /&gt;- Ha salido de aquí hace un momento - dije, señalando la puerta por la cual había entrado la señora Perrodon.&lt;br /&gt;- Yo estaba allí y no la he visto.&lt;br /&gt;Inmediatamente empezó a llamarla por su nombre, sin obtener respuesta.&lt;br /&gt;- ¿Se hace llamar Carmilla? - inquirió el general, que no se había recobrado totalmente.&lt;br /&gt;- Efectivamente - respondí.&lt;br /&gt;- Carmilla... Millarca... - murmuró el general -. No cabe ninguna duda, es la misma que en otro tiempo se llamó Mircalla de Karstein. Querida Laura, márchese inmediatamente de esta tierra maldita. Creo que no verá nunca más a Carmilla.&lt;br /&gt;Mientras el general pronunciaba estas palabras, entró en la capilla uno de los hombres más extraños que he visto en mi vida. Era alto, delgado, muy cargado de hombros y vestía de negro. Tenía la tez morena y surcada de profundas arrugas. Llevaba un sombrero pasado de moda, adornado con una enorme pluma. Sus cabellos largos y grasientos caían sobre su espalda. Andaba lentamente, arrastrando los pies. Usaba anteojos con montura de oro y su mirada se fijaba alternativamente en el techo de la capilla y en el pavimento. Sus largos y delgados brazos oscilaban continuamente, como el péndulo de un reloj.&lt;br /&gt;¡Éste es mi hombre! - gritó el general al verlo, precipitándose a su encuentro con manifiesta alegría-. ¡Mi querido barón! ¡Cuánto me alegra verle! No esperaba encontrarle tan pronto.&lt;br /&gt;Llamó con un gesto a mi padre, que, entretanto, había regresado de su exploración, y le presentó a aquel extraño personaje, llamándole simplemente barón. Inmediatamente, los tres hombres se enfrascaron en una animada conversación. El desconocido sacó de su bolsillo un raído plano y lo extendió sobre el granito rosado de una tumba. Con un lápiz, empezó a trazar líneas de un extremo a otro del plano, consultando con la vista determinados lugares de la capilla, lo cual me hizo suponer que se trataba de un plano del edificio en que nos hallábamos. También consultaba a menudo un cuaderno de notas sucio y amarillento, cuyas páginas estaban llenas de una apretada escritura.&lt;br /&gt;Los tres hombres acabaron por dirigirse hacia el lado opuesto a aquel en que yo me encontraba y luego empezaron a medir la distancia en pasos entre las tumbas. Finalmente, se detuvieron ante el muro y lo examinaron atentamente, levantando la hiedra que lo cubría en aquel lugar. No tardaron en descubrir una lápida de marmol, sobre la cual aparecían esculpidas unas letras.&lt;br /&gt;Ayudados por el leñador, que había regresado en busca de su hacha, arrastraron hasta un lugar iluminado la enorme lápida. Se trataba, en efecto, del sepulcro de Millarca, condesa de Karstein. El general alzó las manos al cielo en silenciosa acción de gracias.&lt;br /&gt;- Mañana - oí que decía - vendrá el Comisario. Actuaremos de acuerdo con los preceptos legales.&lt;br /&gt;Luego, encarándose con el anciano de los lentes con montura de oro, le estrechó calurosamente las manos.&lt;br /&gt;- ¿Cómo puedo agradecerle su ayuda, barón? ¿Cómo podríamos expresarle nuestra gratitud? Ha librado usted a esta comarca de una horrible plaga. Gracias a usted, hemos podido localizar al más odioso de Ios monstruos.&lt;br /&gt;Mi padre se acercó a mí y me abrazó y besó repetidas veces.&lt;br /&gt;- Ya es hora de que regresemos a casa - dijo.&lt;br /&gt;Sus palabras sonaron a mis oídos como música celestial, pues nunca me había sentido tan cansada como en aquel momento.&lt;br /&gt;Una vez en el castillo, mi satisfacción se trocó en espanto al descubrir que no había noticias de Carmilla. No me dieron ninguna explicación acerca de lo que había ocurrido en las ruinas del castillo, y era evidente que mi padre prefería, por el momento, conservar el secreto.&lt;br /&gt;La ausencia de Carmilla, que en aquellas circunstancias resultaba de lo más siniestro, me tenía en vilo. Y mi inquietud aumentó con Ios preparativos que se hicieron para pasar aquella noche. Dos sirvientas, además de la señora Perrodon, se quedaron en mi habitación, en tanto que mi padre y uno de los criados montaban guardia ante la puerta.&lt;br /&gt;Al día siguiente, tuvieron lugar en la capilla de Karstein, con las formalidades de rigor, los actos previstos. Se abrió la tumba de la condesa de Karstein. El general y mi padre reconocieron en ella a la bellísima y pérfida invitada. A pesar de que llevaba enterrada más de ciento cincuenta años, sus facciones estaban llenas de vida. Tenía los ojos completamente abiertos. El cadáver no parecía haber sufrido el proceso de descomposición.&lt;br /&gt;Los dos médicos que asistían a la ceremonia atestiguaron el hecho prodigioso de que el cadáver respiraba, aunque muy débilmente, y que era posible captar los leves latidos de su corazón. Los miembros conservaban su flexibilidad y la carne era elástica. El féretro de plomo estaba lleno de sangre, que empapaba al cadáver. Se trataba de un caso irrefutable de vampirismo. De acuerdo con las antiguas prácticas, alzaron el cadáver y atravesaron su pecho con una estaca. Luego le cortaron la cabeza, y del cuello seccionado brotó un chorro de sangre. A continuación colocaron el cuerpo y la cabeza sobre un montón de leña y le prendieron fuego, hasta que no quedó más que un montón de cenizas. Las cenizas fueron dispersadas a los cuatro vientos, y a partir de entonces la región quedó libre de vampiros.&lt;br /&gt;Mi padre conserva una Copia del informe de la Comisión Imperial, con la firma de todos los que presenciaron aquella horrible ceremonia. De este documento oficial he copiado la descripción de la macabra escena.&lt;br /&gt;No he contado estos hechos serenamente. ¡Oh, no! No puedo pensar en aquellos sucesos sin sentirme profundamente trastornada. Si no me lo hubieran solicitado tantas veces, nunca me hubiese decidido a escribir la historia de unos sucesos que destrozaron - quizá para siempre - mis nervios, proyectando la sombra de aquel horror indecible que, a pesar de los años transcurridos, continúa acosándome día y noche, haciéndome insoportable la soledad.&lt;br /&gt;Añadiré algunas palabras acerca del extraño barón de Vonderburg, gracias a cuya erudición fue posible el descubrimiento de la tumba de la condesa Mircalla.&lt;br /&gt;Vivía en Gratz, de una pequeña renta - todo lo que le quedaba de la fortuna de su familia -, y se dedicaba al estudio del vampirismo, en todas sus formas. Había leído todo lo que se había escrito sobre la materia: la Magia Posthuma, el Phlegon de mirabilibus, el Agustinus de cura pro mortuis, el Philosophicae et christianae cogitationes de vampiriis, de John Chistofer Heremberg, y muchos otros libros de los cuales sólo recuerdo algunos de los que prestó a mi padre.&lt;br /&gt;Tenía un voluminoso archivo de todos los casos judiciales incoados por vampirismo, y de ellos había deducido algunos principios fundamentales acerca de los vampiros.&lt;br /&gt;Por ejemplo, la palidez mortal que se atribuye a esa clase de espectros es pura ficción literaria. En realidad, tanto en la tumba como cuando se muestran públicamente tienen un aspecto saludable. Cuando se abre su féretro aparecen las mismas señales que demostraron que la condesa de Karstein, fallecida siglo y medio antes, era un vampiro.&lt;br /&gt;Lo más inexplicable era y sigue siendo cómo pueden salir de su tumba y regresar a ella. La doble vida de los vampiros se mantiene gracias al sueño cotidiano en la tumba. Su monstruosa avidez de sangre de seres vivos les proporciona la energía necesaria para subsistir durante las horas de vigilia. El vampiro está propenso a ser víctima de vehementes pasiones, parecidas a las del amor, ante determinadas personas. Pera obtener su sangre, pone en juego una paciencia infinita y recurre a toda clase de estratagemas a fin de superar los obstáculos que le separan del objeto deseado. No desiste de su empresa hasta que su pasión ha sido colmada y ha podido sorber la vida de la codiciada víctima. Llegan incluso a contraer matrimonio con ella, prorrogando su placer criminal con el refinamiento de un epicúreo. Pero con más frecuencia se encamina directamente a su objetivo, vence por la fuerza y devora a su víctima en un solo festín.&lt;br /&gt;Parece que el vampiro, algunas veces, debe sujetarse a determinadas condiciones. En el ejemplo que acabo de relatar, Mircalla debía limitarse al uso de un nombre que, si no era siempre exactamente el suyo, debía contener todas las letras que lo componían: Mircalla, Carmilla, Millarca ...&lt;br /&gt;Mi padre explicó al barón de Vordenburg, que fue nuestro huésped durante un par de semanas, la historia del caballero moravo y del vampiro de la capilla de Karstein, y le preguntó al barón cómo había podido descubrir el emplazamiento exacto de la tumba, tanto tiempo ignorada, de la condesa Mircalla.&lt;br /&gt;El barón sonrió enigmáticamente. Miró el estuche de sus anteojos, que tenía en la mano, lo sopesó unos instantes y luego, alzando de nuevo la mirada, dijo:&lt;br /&gt;- Poseo muchos escritos y documentos de aquel notable personaje. El más curioso es una especie de narración acerca de su visita a Karstein, que usted acaba de mencionar. Naturalmente, la leyenda deforma siempre los hechos. Es posible que le tomaran por un noble moravo, ya que se había cambiado de nombre. En realidad era un noble que había nacido en la Alta Estiria. En su juventud había sido el amante apasionado y predilecto de la bellísima Mircalla, condesa de Karstein. La muerte prematura de su amada le abismó en un dolor inconsolable. Creo necesario aclarar que los vampiros pueden multiplicarse y crecer, de acuerdo con una ley que rige para esos monstruos. Suponed un lugar completamente libre de esta amenaza. ¿Cómo es que se presenta y desarrolla?&lt;br /&gt;Imaginen ustedes que un individuo, suficientemente perverso, se mata. En determinadas circunstancias, los suicidas pueden transformarse en vampiros. Este vampiro empieza a visitar a los seres vivos mientras duermen. Estos últimos se mueren y, una vez sepultados, se transforman casi invariablemente en vampiros. Eso fue lo que le sucedió a la bellísima Mircalla, que era visitada por uno de esos monstruos. Mi antepasado Vordenburg, cuyo título llevo, descubrió esta historia y en el curso de los estudios a los cuales se había dedicado profundizó mucho en esta materia. Entre otras cosas, llegó a la conclusión de que se sospechaba del vampirismo de la condesa que, en vida, fue su ídolo. Se horrorizó ante la idea de que sus restos pudieran ser profanados en una póstuma ejecución. Dejó un curioso documento que demuestra que el vampiro, una vez privado de su doble existencia, queda condenado a otra aún más terrible. Y decidió, en consecuencia, preservar de esa posibilidad a su amada Mircalla. Simulando un viaje de estudios, se trasladó a Karstein y consiguió hacer desaparecer el rastro y el recuerdo de la tumba de Mircalla. Pero, pasados unos años y próximo el final de sus días, pensando en el mundo que pronto iba a abandonar, consideró bajo otro aspecto lo que había hecho y se sintió aterrado.&lt;br /&gt;Trazó los diseños y notas que me han servido de guía, y confesó por escrito lo que había llevado a cabo. Tal vez pensó hacer algo más positivo, pero la muerte se lo impidió. Sólo valiéndose de la mano de uno de sus descendientes ha podido dirigir, demasiado tarde para muchos, la búsqueda del monstruo.&lt;br /&gt;Más tarde, en el curso de una conversación, añadió:&lt;br /&gt;- Una de las pruebas del vampirismo es la fuerza de las manos. La frágil mano de Mircalla apretó como dogal de acero la mano del general, cuando éste levantó el hacha para matarla. La fuerza de la mano de un vampiro deja una huella indeleble en su presa, produciendo una atrofia que se cura sólo muy lentamente, y no en todos los casos.&lt;br /&gt;La primavera siguiente la pasé en Italia con mi padre. Viajamos durante un año. Necesité mucho tiempo para que el horror de aquellos hechos fueran disolviéndose en mi recuerdo. Incluso ahora, a muchos años de distancia, la imagen de Carmilla se me aparece frecuentemente en sus diversos y cambiantes aspectos: unas veces es la hermosísima y lánguida joven; otras, el monstruo que vi en las ruinas del castillo. Y a menudo, en medio de una pesadilla, tiemblo de miedo porque me parece oír los leves pasos de Carmilla que se acercan a la puerta de mi habitación.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/32301282-697550738679846334?l=lecturasymiradas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lecturasymiradas.blogspot.com/feeds/697550738679846334/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=32301282&amp;postID=697550738679846334' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32301282/posts/default/697550738679846334'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32301282/posts/default/697550738679846334'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lecturasymiradas.blogspot.com/2008/04/carmilla_27.html' title='CARMILLA'/><author><name>Jorge Alberdi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06839403331625373087</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='26' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_8rE0iJThDfs/RiJfPo2LT2I/AAAAAAAAABY/aDR0r83W5Bk/s320/JorgeAlberdiImagen.bmp'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-32301282.post-8583074653803091021</id><published>2008-03-24T21:13:00.005-03:00</published><updated>2008-12-10T16:28:40.171-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Miradas'/><title type='text'>La muerte se engalana de plata</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_8rE0iJThDfs/R-hIBCC3N3I/AAAAAAAAAD8/GHoTHsSe9ss/s1600-h/pez+muerto+3+b.JPG"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5181470553855702898" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_8rE0iJThDfs/R-hIBCC3N3I/AAAAAAAAAD8/GHoTHsSe9ss/s400/pez+muerto+3+b.JPG" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_8rE0iJThDfs/R-hGKiC3N2I/AAAAAAAAAD0/nd6yupThL30/s1600-h/pez+muerto+2+b.JPG"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5181468518041204578" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_8rE0iJThDfs/R-hGKiC3N2I/AAAAAAAAAD0/nd6yupThL30/s400/pez+muerto+2+b.JPG" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/32301282-8583074653803091021?l=lecturasymiradas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lecturasymiradas.blogspot.com/feeds/8583074653803091021/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=32301282&amp;postID=8583074653803091021' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32301282/posts/default/8583074653803091021'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32301282/posts/default/8583074653803091021'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lecturasymiradas.blogspot.com/2008/03/la-muerte-se-engalana-de-plata.html' title='La muerte se engalana de plata'/><author><name>Jorge Alberdi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06839403331625373087</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='26' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_8rE0iJThDfs/RiJfPo2LT2I/AAAAAAAAABY/aDR0r83W5Bk/s320/JorgeAlberdiImagen.bmp'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_8rE0iJThDfs/R-hIBCC3N3I/AAAAAAAAAD8/GHoTHsSe9ss/s72-c/pez+muerto+3+b.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-32301282.post-214002895508773211</id><published>2008-03-09T20:19:00.003-02:00</published><updated>2008-03-09T20:29:05.958-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Lecturas'/><title type='text'>"POR EL SENDERO VENÍA AVANZANDO UN VIEJECILLO..."</title><content type='html'>&lt;div align="left"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color:#339999;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;Abelardo Castillo, &lt;span style="color:#000000;"&gt;escritor argentino (1935)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Puedo decir que asistí a un solo taller literario en mi vi&amp;shy;da y que duró alrededor de cinco minutos. Yo tenía dieciséis o diecisiete años, había escrito un cuento muy largo llama&amp;shy;do "El último poeta" y consideraba que era, naturalmente, extraordinario. Se lo fui a leer, una tarde, a un viejo profesor sin cátedra que vivía en las barrancas de San Pedro, un hom&amp;shy;bre muy extraño. Bosio Arnaes se llamaba. Leía una cantidad de idiomas. Recuerdo que tenía un búho, papagayos, un enorme mapamundi en su mesa. Él mismo se parecía a un búho, pájaro, dicho sea de paso, que fue el de la sabiduría en&amp;shy;tre los griegos. La penúltima vez que lo vi, el viejo estaba casi ciego, pero se había puesto a aprender ruso para leer a Dostoievski en su idioma original. Eso la penúltima vez. La última, estaba leyendo a Dostoievski, en ruso, con una lupa del tamaño de una ensaladera. Era un hombre misterioso y excepcional. En San Pedro se decía que era el verdadero au&amp;shy;tor del libro sobre los isleros que escribió Ernesto L. Castro y del que se hizo la famosa película. La novela original era una novela vastísima de la que, se decía, Castro tomó el te&amp;shy;ma de Los isleros. No importa si esto es cierto; era una de esas historias míticas que ruedan y crecen en los pueblos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De modo que fui a la casa de la barranca y comencé a leer mi cuento, que empezaba exactamente con estas pala&amp;shy;bras: Por el sendero venía avanzando el viejecillo… y ahí ter&amp;shy;minó todo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bosio Arnaes me interrumpió y me preguntó: ¿Por qué "sendero" y no “camino”?, ¿por qué “avanzando” y no caminando"?, en el caso de que dejáramos la palabra sendero, ¿por qué "el" viejecillo y no "un" viejecillo?, ya que aún no conocíamos al personaje; ¿por qué "viejecillo" y no "viejecito", "viejito", "anciano" o simplemente "viejo"? Y sobre todo: ¿por qué no había escrito sencillamente que el viejecillo venía avanzando por el sendero, que es el orden lógico de la frase? Yo tenía diecisiete años, una altanería acorde con mi edad y ni la más mínima respuesta para ninguna de esas pre&amp;shy;guntas.&lt;br /&gt;Lo único que atiné a decir, fue: "Bueno, señor, por&amp;shy;que ése es mi estilo".&lt;br /&gt;Bosio Arnaes, mirándome como un lechuzón, me respondió:&lt;br /&gt;-Antes de tener estilo, hay que aprender a escribir.&lt;br /&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;(Tomado de "Ser Escritor", 3ª edición, Ed. Seix Barral, 2007, Abelardo Castillo)&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Ver también entrada &lt;a href="http://lecturasymiradas.blogspot.com/2007/08/noche-para-el-negro-griffiths.html"&gt;"Noche para el negro Griffiths"&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/32301282-214002895508773211?l=lecturasymiradas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lecturasymiradas.blogspot.com/feeds/214002895508773211/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=32301282&amp;postID=214002895508773211' title='5 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32301282/posts/default/214002895508773211'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32301282/posts/default/214002895508773211'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lecturasymiradas.blogspot.com/2008/03/por-el-sendero-vena-avanzando-un.html' title='&quot;POR EL SENDERO VENÍA AVANZANDO UN VIEJECILLO...&quot;'/><author><name>Jorge Alberdi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06839403331625373087</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='26' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_8rE0iJThDfs/RiJfPo2LT2I/AAAAAAAAABY/aDR0r83W5Bk/s320/JorgeAlberdiImagen.bmp'/></author><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-32301282.post-5761269555671772725</id><published>2007-10-07T19:43:00.000-03:00</published><updated>2008-12-10T16:28:40.861-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Miradas'/><title type='text'>Reflejos y Espinas</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_8rE0iJThDfs/RwljrmVCU2I/AAAAAAAAADc/9_VHw-5eq3A/s1600-h/diagonales.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5118732052157584226" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_8rE0iJThDfs/RwljrmVCU2I/AAAAAAAAADc/9_VHw-5eq3A/s320/diagonales.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5118729848839361362" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_8rE0iJThDfs/RwlhrWVCU1I/AAAAAAAAADU/Fcrcy6HUOkU/s320/docta2.jpg" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_8rE0iJThDfs/RwlheGVCU0I/AAAAAAAAADM/_y2UM2mTyOc/s1600-h/docta1.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5118729621206094658" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_8rE0iJThDfs/RwlheGVCU0I/AAAAAAAAADM/_y2UM2mTyOc/s320/docta1.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/32301282-5761269555671772725?l=lecturasymiradas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lecturasymiradas.blogspot.com/feeds/5761269555671772725/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=32301282&amp;postID=5761269555671772725' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32301282/posts/default/5761269555671772725'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32301282/posts/default/5761269555671772725'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lecturasymiradas.blogspot.com/2007/10/reflejos-y-espinas.html' title='Reflejos y Espinas'/><author><name>Jorge Alberdi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06839403331625373087</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='26' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_8rE0iJThDfs/RiJfPo2LT2I/AAAAAAAAABY/aDR0r83W5Bk/s320/JorgeAlberdiImagen.bmp'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_8rE0iJThDfs/RwljrmVCU2I/AAAAAAAAADc/9_VHw-5eq3A/s72-c/diagonales.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-32301282.post-4779354225363025906</id><published>2007-09-22T09:58:00.000-03:00</published><updated>2007-09-22T10:03:16.145-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Lecturas'/><title type='text'>COSTUMBRES DEL POMBERO</title><content type='html'>&lt;div align="left"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color:#339999;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;Orlando Van Bredam, &lt;span style="color:#000000;"&gt;escritor argentino (1952)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Según la abuela Taca, el Pombero es un duende que vive en el horno de barro, el que usamos para el pan y la chipá. Según la abuela, sólo sale de allí, los martes y los viernes.&lt;br /&gt;Se lo suele ver con un gran sombrero y una cinta negra que le cubre la frente. Tiene debilidad por las mujeres jóvenes y se hace entender a través de silbidos. Si el silbido es fuerte, está lejos; si por el contrario, es débil, está muy cerca. Cuando se encariña con una mujer o con un niño es un ángel protector. Según la abuela Taca, es muy servicial, rubio y pintón, así dice.&lt;br /&gt;De nosotros, el Pombero no se puede quejar. Siempre le dejamos por la noche, una copita de caña y unos cigarros en la puerta del horno.&lt;br /&gt;-Hay que tratarlo bien -dice la abuela Taca-, después de todo es tu padre. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/32301282-4779354225363025906?l=lecturasymiradas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lecturasymiradas.blogspot.com/feeds/4779354225363025906/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=32301282&amp;postID=4779354225363025906' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32301282/posts/default/4779354225363025906'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32301282/posts/default/4779354225363025906'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lecturasymiradas.blogspot.com/2007/09/costumbres-del-pombero.html' title='COSTUMBRES DEL POMBERO'/><author><name>Jorge Alberdi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06839403331625373087</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='26' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_8rE0iJThDfs/RiJfPo2LT2I/AAAAAAAAABY/aDR0r83W5Bk/s320/JorgeAlberdiImagen.bmp'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-32301282.post-7948123429990584227</id><published>2007-08-26T16:13:00.000-03:00</published><updated>2007-08-26T17:08:44.761-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Lecturas'/><title type='text'>NOCHE PARA EL NEGRO GRIFFITHS</title><content type='html'>&lt;div align="left"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color:#009900;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;&lt;span style="color:#339999;"&gt;Abelardo Castillo,&lt;/span&gt; &lt;span style="color:#000000;"&gt;escritor argentino (1935)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;«“&lt;strong&gt;Noche para el negro Griffiths&lt;/strong&gt;” puede leerse como una discusión o una deuda. La primera versión de mi cuento es de 1959, pero lo terminé mucho después de haber leído “El perseguidor”. La tradición asegura que el plagio es la forma más sincera de la admiración: lo mismo vale para algunos desacuerdos. La trompeta, el hot, el barrio porteño de Barracas, opuestos al saxo, al bebop, al París de Cortázar, son polos de una velada discusión estética y momentos de mi deuda con un cuentista admirable» (del posfacio de 1976 a su libro ‘Las Panteras y el Templo’).&lt;br /&gt;«La nueva generación hoy quiere desembarazarse de Cortazar —de Marechal, de Borges—, y yo no tengo edad para sumarme a estos parricidios, que, por otra parte, nunca afectaron la buena salud de ningún padre. -agregado en 1993-» A. Castillo; Alfaguara ‘Cuentos Completos’.&lt;/span&gt; &lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/em&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;strong&gt;De él, de Griffiths,&lt;/strong&gt; he sabido que todavía en 1969 tocaba la trompeta por cantinas cada vez más mugrientas de Barracas o el Dock, acompañado ahora (naturalmente) por algún pianista polaco, húngaro o checo —uno de esos pianistas bien convencionales, a los que no cuesta mucho imaginarios cuando el último cliente se ha marchado y los mozos apilan las sillas sobre las mesas, tocando abstraídos, solos y como fuera del mundo, notas de una mazurca, un aire de Brahms o una frase del &lt;em&gt;Moldava&lt;/em&gt;: con una botella de vino sobre el piano y una multitud de porquerías imperdonables sobre la conciencia—, algún viejo pianista tan fracasado y canalla como él, como Israfel Sebastian Griffiths, y acaso tan capaz de un minuto de grandeza.&lt;br /&gt;La trompeta, dije. No sé, realmente. Jamás he diferenciado bien esas cosas. Puede que Griffiths tocara la trompeta, o hasta el clarinete. Nunca el saxo. Elijo la trompeta porque me gusta la palabra: su sonido. Tiene forma, diría él; se la ve, saltando hacia arriba, dorada, ¿me comprende?, como una nota limpia en la que uno siente que alcanzó lo suyo, que se tocó el nombre. O a lo mejor solo decía: que está en lo suyo. Porque Griffiths, claro, era un músico pésimo. O si he de ser honrado, era algo peor; era decididamente mediocre. Sólo que &lt;em&gt;lo sabía&lt;/em&gt;, y esto (aparte de su nombre) era lo que asustaba en él, lo que a mí me asustaba viéndolo soplar su corneta bajo la luz del Vodka o del Akrópolis, invulnerable, consciente de sus límites como si fuera un genio. Esto y el ala del demonio. Las ráfagas. Ciertas rachas de felicidad y de locura como relámpagos de una música de efímeras o como el resplandor de un sueño donde silbaba Otro: dos, tres endiabladas notas de oro delirante que algunas noches parecían arrebatarlo en mitad de un chapoteo sobre cualquier temita de formidable mal gusto, desquiciarlo del piso, hacerlo saltar de los zapatos y del traje, salirse de él y remontarlo por las motas hasta los límites del círculo, con trompeta y todo, no sé bien qué círculo, pero yo lo sentía así, o como podría sentir de golpe todas las estrellas sobre mi cabeza al entrar una noche en mi departamento o al bajar a un sótano. Y, durante ese segundo, la trompeta del negro irrumpía triunfalmente en la otra zona, ahí donde el jazz y el tango y un &lt;em&gt;Stabat mater&lt;/em&gt; comienzan a ser la música, a secas, A tener algo en común, a complicarlo todo.&lt;br /&gt;No digo que estos desplazamientos le ocurriesen muy seguido, no. Ni siquiera me atrevo a asegurar que la noche del chico Baxter ese, noche en que el negro se identificó diez minutos con el ángel —se tocó el nombre—, nos pasara lo del sótano y las estrellas. Pero, vamos a ver. Ya que no hay más remedio que contar yo esta historia (no sé por qué digo que no hay más remedio, pero de cualquier modo no lo hay, Griffiths), quiero ser muy franco. El jazz no me gusta. Ni el &lt;em&gt;hot&lt;/em&gt;, ni el otro. Griffiths lo sabía. Y también sabía, aunque sin entender la razón, que yo en el fondo lo despreciaba.&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;a onclick="changecontent('castillo')"&gt;&lt;u&gt;&lt;span title="Seguir leyendo"  style="color:#ff6666;"&gt;&lt;em&gt;Leer completo&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/u&gt; &lt;div class="switchcontent" id="castillo"&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;—No, negro —le decía yo—. No al menos por lo que vos imaginás, sino porque, aparte de tocar esta porquería, tocás como un mono. Francamente sos muy malo, negro.&lt;br /&gt;Él, riéndose, decía que sí. Y era cierto.&lt;br /&gt;—Ves —le decía yo—, por eso.&lt;br /&gt;Creo que la misma noche en que nos conocimos se lo dije.&lt;br /&gt;—Sí —reflexionó Griffiths—. Pero hay que saber darse su lugar. Cada cosa en su sitio, ¿no? El mundo es como círculos, sabe.&lt;br /&gt;—&lt;em&gt;Dixit &lt;/em&gt;—dije—. Dale, Nietzsche.&lt;br /&gt;Me miró. Le expliqué, como pude, la doctrina de los ciclos.&lt;br /&gt;Él se divertía.&lt;br /&gt;—Ése estaba loco. No. Lo que yo digo es otra cosa. Círculos así, planos —y hacía dibujos con el dedo, sobre la mesa—. Cada uno está en el suyo. O mejor: como si Dios nos hubiera dado a cada uno un círculo a llenar. A mí, con esto —y levantó la trompeta—. A usted, con lo que sea —se interrumpió—. De qué trabaja usted.&lt;br /&gt;—De nada. Yo miro.&lt;br /&gt;Se rió, los dientes blancos.&lt;br /&gt;—No se puede llenar con nada. Eso es lo que yo digo.&lt;br /&gt;Y cosas como ésta eran las que me daban miedo: las que me hicieron seguirlo al Akrópolis.&lt;br /&gt;Lo conocí en el Vodka. Una boite con zíngaros apócrifos, whisky apócrifo y una rubiecita auténtica de ojos húmedos, que no bien se enteró de mi oficio miró hacia un fornido ruso que debía de ser el encargado de patearme al medio de la calle, y amagó levantarse de la mesa. Le expliqué que no, que gracias a Dios no era periodista ni estaba preparando ninguna nota sobre alcaloides, &lt;em&gt;prostitución&lt;/em&gt;, o ministros degenerados, sino que hacía cuentos, libros: en una palabra, que era una especie de Poeta. Lo que no podía explicarle (lo que aún hoy no consigo explicarme a mí mismo) es qué manía ambulatoria, Fuerza Misteriosa o fantasma de tranvía 20 me arrastró esa noche a la zona del Riachuelo, ni por qué estuve un rato largo acechando la luna en tan ambiguas y podridas aguas, ni cuando reconocí, de golpe, mi propia cara en un espejo del Vodka. La rubiecita de los ojos me miró con desconfianza. Después sonrió, como un gatito se acerca a un ruiseñor. Y de inmediato, con la excusa de querer acostarse conmigo, comenzó a contarme su vida Embelleciéndola, lista para la imprenta. Y al tercer whisky yo le creía todo y me sentía Léon Bioy dispuesto a sacarla del arroyo para siempre. Cuando oí la trompeta, y miré. O primero miré. Y lo que me Impresionó fue la actitud del negro: algo bello (absoluto) en su manera de pararse. No sé. Algo parecido a lo que puede quizá sentirse viendo a un torero bien plantado o a un boxeador intachable. Lo que se llama clásico, el estilo apolíneo. Y exactamente la misma decepción, cuando escuché la trompeta, que al ver cómo el toro lo engancha a nuestro hombre por la culera del pantalón y lo volea a los tendidos, o al boxeador lo despatarran de un áperca a medio segundo del saludo. Le calculé cuarenta y cinco años. Aunque con los negros nunca se sabe, y menos con esa luz. Quizá, unos más. Pregunté quién es. Mi rubiecita de ojos lluviosos dijo: Israfel. Caramba, pensé yo, o lo dije, con una ironía tan fuera de sitio como incomprensible para la muchacha. Caramba con el arcángel de la música: lo han de haber pateado del cielo cuando la rebelión, tan negro lo veo. Y me reí, nerviosamente.&lt;br /&gt;El adverbio no es literatura, no. Hay ciertos seres, cierto tipo humano, diría, que tienen la virtud de irritarme, de hacer que pierda el sentido de las proporciones, de los valores. Me llevaría años explicarlo, pero en resumen es esto: los miro y los remiro y me encuentro pensando pero por qué, por qué &lt;em&gt;ellos no&lt;/em&gt;. Qué les falta. Y cómo hago yo para descubrirlo. En el caso de Griffiths, por qué él, pongamos, no era Louis Armstrong. Pues lo fascinante (ya sé, debí escribir lo espantoso) es que semejante pregunta supone que no existe &lt;em&gt;ninguna&lt;/em&gt; razón que la haga ridícula. Ya que uno no puede preguntarse sin fangosidad cuál es la razón de que esa lisiada no sea Galina Ulánova, o aquel mongoloide Einstein. ¿Entendés?, le pregunté a mi rubiecita. Y ella respondió que sí, moviendo la cabeza de un modo tan triste que, por un momento, me dio frío que ella entendiese realmente y que yo me hubiera pasado más de treinta años metido en un frasco de formol mirando, como desde un acuario, ondularse a los hermosos e insondables seres humanos. Lo que pasa es el whisky, reflexioné; eso es lo que pasa. Y pedí una vodka y le pedí que me presentara a Griffiths.&lt;br /&gt;Y el negro y yo hablamos esa madrugada. Y muchas otras, durante meses. Me enteré de que era norteamericano y que había tocado una noche con Bix, así dijo simplemente: Bix. Me habló de Bolden, al que no conoció pero al que nombraba como nosotros a Gardel, abriendo la palma de las manos hacia afuera como para contener a una turba de ruidosos herejes, Buddy Bolden, de quien sabía que su trompeta se escuchaba a diez millas. Yo le decía que rebajara unos metros, y él, mirándome con una sonrisa como de fatiga o de tristeza, decía no, créame que no le miento. Usted no se imagina lo que es New Orleans. Es una ciudad con acústica: toda la ciudad. Rodeada de agua y de niebla sonora, se lo juro. No es imposible que una trompeta, quiero decir, una trompeta como aquélla, se escuche a diez millas, y aún más lejos. La música caía sobre uno desde cualquier parte por las noches. Éramos chicos y corríamos buscando la música, que siempre sonaba en otro sitio. Y el negro Griffiths se me perdía hablando, a tal punto que muchas veces continuaba en inglés, para él solo, y yo me encontraba sintiendo que no se tiene derecho a tocar tan mal con esa mirada que tenía. De modo que yo buscaba en la oscuridad la mano de Cecilia, la rubiecita del Vodka, con la que también caminábamos por las calles de Barracas en aquellas noches de mi amistad (o lo que fuera) con el negro miserable aquel, fracasado y absolutamente indigno de lástima. Negro de mierda, pensaba yo. Y pensaba qué estoy haciendo con estos dos personajes de sainete, jugando a hermano del negro y, de paso, acostándome con su mujer, con Cecilia. Qué me importaba a mí el jazz, por otra parte. Griffiths lo sabía; yo me encargaba de decírselo. Sin entrar a juzgar rarezas &lt;em&gt;cool&lt;/em&gt; o jazz frío, o como se llame, ideadas por tocadores de tuba con delirio que se sienten Darius Milhaud como nuestros acordeonistas Bartók, durante tres minutos por baile, el jazz me parecía, en términos generales, música digna de una civilización como la nuestra: bárbara, de piel blanca, que ha encontrado una buena excusa para contonearse, fornicar, sudar como caballos y dar gritos, sin dejar por ello de sentirse superior a la raza salvaje que le deparó semejante distracción. Y sospechaba que así como los judíos medievales utilizaron el comercio para sobrevivir a nuestra hostil brutalidad, los negros, a través de su música (que también hemos corrompido) se dan el enorme gustazo de vernos pegar saltos, visitar la selva con nuestras pálidas mujeres y aullar, en cuatro patas, a la luz sangrienta de la misma luna que alumbró los buenos tiempos del hacha de sílex y los cantos alrededor de la fogata. Usted es un tipo raro, me decía Griffiths cuando yo le comentaba sonriendo éstas o parecidas cosas: usted me desprecia, ¿no es cierto?&lt;br /&gt;Yo volvía a explicarle que tocaba como un mono y él se reía.&lt;br /&gt;—Ni música sé: leer música, digo. En serio. Irónico, lo dijo.&lt;br /&gt;Y yo recordé alguna de sus conversaciones bilingües, una pregunta que me había hecho cualquier noche por Barracas o en esta mesa del Akrópolis donde estábamos ahora. ¿Sabe por qué Bolden y Bunk Johnson y su gente fueron la primera orquesta de jazz? Porque ninguno de los músicos leía música. Escríbalo: el jazz es otra cosa, no un papel pentagramado. Volví a insistir en que no era periodista y pensé sí, &lt;em&gt;otra cosa&lt;/em&gt;. Y me dieron ganas de partirle una silla en la cabeza. Otra cosa, él lo sabe. Y lo mismo toca como un mono. (Otra cosa, el jazz. Un canuto con un papel de seda dentro del viejo clarinete de Alphonse Picou, la Calle del Canal y en algún lugar llamado el distrito de Storyville, o simplemente el Distrito, innumerables faroles rojos: dos mil prostitutas oficiales y diez mil clandestinas, inmortales negras riendo y cantando y copulando durante semanas enteras. Antes, cuando todo se hacía cantando. Se moría cantando. Seis nomás: un clarinete, un banjo, una batería y un trombón. Y una trompeta, la del director, naturalmente. Y al cementerio. A veces, un pianista. Nunca un saxo, para qué. En fila por la calle del cementerio, tocando detrás del ataúd y con el piano sobre un carro, porque allá a uno lo enterraban como había vivido, entre la música. ¿Fue jugador?, ¿rió mucho?, ¿disfrutó de buena cerveza y grandes mujeres antes de que la policía lo matara en la calle Saint James? ¡Que en paz descanse, compañero! Y se swingaba hasta reventar las trompetas, y el alma. Y era la música más &lt;em&gt;hot&lt;/em&gt; que nadie haya escuchado en su vida. Otra cosa el jazz. Bandas de blancos con su rey blanco por la Calle del Canal, y nosotros soplando a muerte por la calle Basin con nuestro rey zulú ataviado de plumas y de paja. Y Bolden. Sobre todo y siempre Bolden. Bolden que una noche, metiendo la trompeta por un agujero de la empalizada del Lincoln Park le robó todo su público a Robichaux, tocando de rodillas como si rezara, hasta vaciar el Lincoln Park y llevándose luego la gente por detrás, él tocando y la gente detrás, por el medio de la calle. En New Orleans.)&lt;br /&gt;Otra cosa, el jazz.&lt;br /&gt;—Y en el 17 —canturreé yo, en el Akrópolis— un edicto del gobierno prohibió los faroles colorados, asesinó la música, la Marina clausuró los quilombos y se expulsó a todas las prostitutas del Distrito. Ya lo sé, Heródoto —pero estaba visto que ya no iba a poder callarme—. Y allá se fueron las gordas hetairas de color, miles de negras locas rumbo a la eternidad por la Calle del Canal Y siguiéndolas entre la muchedumbre, la más vasta y límpida orquesta &lt;em&gt;hot&lt;/em&gt; sublunar: todas las bandas de jazz de New Orleans. Meta música. Me lo contaste treinta y ocho veces, en distintos idiomas. Todo New Orleans, despidiendo a sus luciérnagas, jubilosamente doblando a muerto por la Inocencia Perdida. ¡Música para esas ancas pecadoras bajo la indulgente mirada de Dios!, ¡música para esas tetas torrenciales! Música de una felicidad tan grande como para llorar cien años. Todo New Orleans de cortejo, detrás de sus prostitutas —me interrumpí, de un trago me tomé hasta el hielo del whisky—. Mierda —dije—. Y &lt;em&gt;Los expulsados de Poker Fiat&lt;/em&gt;, de Bret Harte, después de oírte a vos, vienen a ser el corso vecinal de Villa Catriel. Palabra.&lt;br /&gt;Le hice una seña al mozo.&lt;br /&gt;—Era una marcha fúnebre, pero alegre —dijo Griffiths— Y no todas eran negras, no todas las muchachas.&lt;br /&gt;—Un whisky, mozo —dije yo.&lt;br /&gt;—No todas, no —dijo Griffiths.&lt;br /&gt;—Natural —dije yo.&lt;br /&gt;—Quién es Bret Harte —dijo Griffiths.&lt;br /&gt;—Un compatriota tuyo, sólo que más muerto. Y más pálido.&lt;br /&gt;—Entonces no haría jazz —dijo Griffiths pero ya hablaba en otro sitio, como desde otro sitio, y no todas las muchachas eran negras, algunas tenían tipo español y otras eran criollas y otras blancas, sin lágrimas en la cara y con diamantes en el pelo, como nueces. Yéndose no por la Calle del Canal, no por la calle blanca, sino por las calles Basin, Franklin, Iberville, Bienville y Saint Louis, entre la música—. &lt;em&gt;Tarará tá&lt;/em&gt; —dijo Griffiths.&lt;br /&gt;Sentí como un aletazo en la nuca. Me dio miedo.&lt;br /&gt;—Qué es eso —pregunté.&lt;br /&gt;—Qué cosa —me miraba como perdido.&lt;br /&gt;—Eso. Lo que tarareabas.&lt;br /&gt;—Lo que usted dice: la Gran Marcha.&lt;br /&gt;—De qué hablás.&lt;br /&gt;—Un tema, mío. El pedazo de un tema que no sé, pero que es así.&lt;br /&gt;—Tuyo. Y no lo sabés.&lt;br /&gt;—Claro. La música está desde antes que uno, desde siempre. No se hace más que encontrarla —después siguió hablando, como quien canta un salmo—. Y las muchachas pusieron sus ropas de colores sobre los carritos. Y no hubo más luces rojas en Storyville. Y se tocó para ellas, en New Orleans. Se imagina.&lt;br /&gt;Yo me imaginé.&lt;br /&gt;—Con la trompeta —dije secamente—. Contalo con la trompeta.&lt;br /&gt;Me miró como si se despertara. O yo lo miré a él, como si me despertara. Y caí sentado en el Akrópolis. Cecilia, en una mesa no muy lejana, emborrachaba a algún imbécil que seguramente le tocaba la pierna con la rodilla. A nuestro lado, una pareja se besaba como si alguno de los dos fuera a morir al rato.&lt;br /&gt;—Te das cuenta —dije—. Te das cuenta de que, encima, interpretás para este selecto auditorio de fabricantes de chacinados. Y putitas —agregué.&lt;br /&gt;Me miraba.&lt;br /&gt;—Quiero decir que ni soplar fuerte podés.&lt;br /&gt;—Nunca soplé fuerte. Por eso toco &lt;em&gt;cool.&lt;/em&gt; No me gusta, pero es más música. Escuche eso —dijo, y le brillaban otra vez los ojos:&lt;br /&gt;bajo los spots, Paul, el pianista, cambió de tiempo e hizo piruetear el tema, del blues, a &lt;em&gt;La catedral sumergida&lt;/em&gt;, como si hubiera visto a Debussy entrar por la puerta del Akrópolis—. ¿Se da cuenta que eso es hermoso? Oiga el clarinete ahora.&lt;br /&gt;Y hasta yo me di cuenta de que eso como un angelito de Botticelli soplando en el Olimpo la corneta de Marte era un saxo.&lt;br /&gt;El negro Griffiths se dio vuelta. Un muchacho rubio, el Baxter saxofonista ese que ahora toca en el Akrópolis, improvisaba, elocuentemente, sobre el tema de &lt;em&gt;Love&lt;/em&gt;. Paul le guiñó un ojo a Griffiths. Cecilia miró hacia nuestra mesa.&lt;br /&gt;Griffiths dijo:&lt;br /&gt;—Y es así. Y a mí me pagan y toco.&lt;br /&gt;—Ese rubiecito toca bien —dije con frialdad—. Sabe lo que quiere y a vos, Cristobal Rilke, eso no te gusta nada.&lt;br /&gt;No me preguntó quién era Cristobal Rilke.&lt;br /&gt;—Son de otra camada —dijo al rato— Jóvenes. Ha de ser un amigo de Paul, a veces prueba a alguno.&lt;br /&gt;—Pero el conjunto lo dirigís vos.&lt;br /&gt;—Sí. El conjunto sí.&lt;br /&gt;Y yo no le pregunté qué era lo que no dirigía.&lt;br /&gt;Baxter, disfrazado de Alban Berg en momentos de rendirle un homenaje a Haydn, compuso suavemente un raro collage con el blues de Paul, quien, acompasándose con los ojos, parecía dopado con miel barbitúrica. Aquello estaba bastante bien, realmente. De modo que aseguré que era lo más hermoso que había escuchado en el Akrópolis, o en mi vida. Cuando acabó el solo, aplaudí un poco intempestivamente. Luego aplaudió todo el Akrópolis. El pianista hizo un poco de &lt;em&gt;La consagración de la primavera&lt;/em&gt; mechado con ragtime, y yo juré que era la apoteosis. Con otro guiño, Paul invitó al negro a que se metiera. Acá va a correr sangre, pensé. Cecilia miraba, es decir, me miraba a mí: como pidiéndome algo. Como diciendo no. Yo me limité a sacar el labio inferior hacia afuera y señalé con la cabeza a Baxter, como quien dice bárbaro ese chico, y vi venir la orquesta por la Calle del Canal. Los blancos con su rey, había dicho Griffiths, y nosotros (quiso decir los de antes, o simplemente los negros), nosotros, soplando a muerte por la calle Basin, con nuestro rey zulú ataviado de plumas, al encuentro de los blancos.&lt;br /&gt;Griffiths se levantó y fue hacia la tarima.&lt;br /&gt;Habló unas palabras al oído de Paul. que dijo sí con la cabeza.&lt;br /&gt;Cecilia estaba a mi lado, me pareció que iba a escupirme o algo en ese estilo. La tomé del brazo y la hice sentar. Griffiths volvió. No saqué la mano de sobre el brazo de Cecilia.&lt;br /&gt;—Vamos, si quieren —dijo el negro.&lt;br /&gt;—Cómo &lt;em&gt;vamos&lt;/em&gt;. —pregunté.&lt;br /&gt;Sí —dijo el negro—. Me duele el pecho. Lo autoricé a Paul a que se arregle con el chico, por hoy. Se entienden bien.&lt;br /&gt;Que le dolía el pecho era cierto. Cecilia misma me lo dijo esa noche, o cualquier otra, en mi departamento.&lt;br /&gt;—Además —dijo Cecilia— se está poniendo viejo.&lt;br /&gt;—Debe de hacer treinta años que se está poniendo viejo. Para qué lo justificás. Fuera de que no es el momento más oportuno —agregué, sacándome los pantalones—. Ustedes las mujeres tienen cada cosa. Lo que me indigna es que no se haya animado a echarlo, eso es lo que me indigna. Porque ¿querés que te diga lo que va a pasar? Correte. Va a pasar que ese cabrón, el rubio exótico ese. Cómo se llama.&lt;br /&gt;Y descubrí con inquietud que yo estaba empezando a ponerme del lado del negro, a tocar con la banda que venía por la calle Basin, porque cuando me olvido del nombre de alguien es mala señal.&lt;br /&gt;—Baxter —dijo Cecilia.&lt;br /&gt;—Ése. Va a pasar que entre él y Paul se van a quedar con el conjunto. ¿O no viste? ¿O no viste de qué modo se entienden? Tilín tilín tu tuaaa, schfffss pum tummpt, bu bip. Si hasta el cornudo de la batería parece Santa Teresa, en éxtasis.&lt;br /&gt;Cecilia apoyó el codo en la almohada. Con los ojos enrejados detrás de los dedos, me espiaba, divertida.&lt;br /&gt;—Qué te pasa —preguntó.&lt;br /&gt;—Mirá, dejame dormir —dije.&lt;br /&gt;—Y para eso me trajiste? —rara la voz de Cecilia, incrédula a la altura de mi nariz. Contenta.&lt;br /&gt;La miré y vi un lindo otoño. Vi un lento remolino de hojas de oro al final de una calle mojada por la lluvia, es increíble cómo me gustaban los ojos de Cecilia.&lt;br /&gt;Apagué el velador y me di vuelta.&lt;br /&gt;—Te traje —murmuré— porque a veces me da una especie de asco imaginarte, dando tus grititos, galopada por ese etíope. Por eso te traje. Y ahora llorá que te queda lindo, Desdémona.&lt;br /&gt;Cerré los ojos con fuerza. Cuando desperté era de mañana, Cecilia, de espaldas a mi lado, miraba el cielo raso con párpados de estatua. Después pronunció mi nombre, con lentitud reflexionando. O como si lo clavara. Qué, dije yo. Pero ella naturalmente no agregó una palabra. Se vistió y había sol. Y aunque esa misma noche y muchas otras volví a verla, y a acostarme con ella, mi último recuerdo de Cecilia es ése. Ella mirando fijamente el aire y su voz inexorable y neutra. Y lo que no vi. Cecilia parada ahí, con la cartera marrón colgada del brazo y su mirada lluviosa, mirándome con lástima la nuca desde esa puerta. Estás conforme ahora, le pregunté esa noche en el Akrópolis; antes le había explicado, a grandes rasgos, que lo que sucede es que a veces tengo arranques. Pero ella había vuelto a ser la rubiecita del Vodka, sonreía con perplejidad y no era necesario explicar nada.&lt;br /&gt;Y así, durante todo el mes siguiente, el panorama general fue el mismo. Salvo los rubios, una noche. Y los negros. Porque la última noche, el Akrópolis parecía la Guerra de Secesión. Cuando me acostumbré a la rojiza ambigüedad de la boîte, vi hasta media docena de negros entre los muchos borrachos desconocidos, rubios, que llenaban las mesas generalmente vacías del Akrópolis. Salvo esto y salvo Baxter, todo igual. Baxter, cada día más brillante. Sobre todo esa noche. Su saxo, agresivo, modulando una matemática cenagosa, lasciva y eficaz.&lt;br /&gt;—Echalo —le propuse a Griffiths.&lt;br /&gt;Baxter acabó &lt;em&gt;Take Five&lt;/em&gt; y cruzó hacia el bar. Yo aplaudí como un energúmeno. Griffiths me interrogaba con la mirada, entre el ruido de los aplausos y algunas aprobaciones en inglés, que, súbitamente, me explicaron la cantidad de borrachos raros que deambulaban esa noche por Barracas. Un barco norteamericano: su tripulación. &lt;em&gt;Deus ex machina&lt;/em&gt;, murmuré maravillado, dejando de aplaudir.&lt;br /&gt;—Cómo?&lt;br /&gt;—Que lo echés.&lt;br /&gt;Griffiths me miró como si yo hubiese dicho algo muy extraordinario. Riéndose, sacudía la cabeza. Yo dije que, de todos modos, alguna cosa íbamos a tener que hacer, porque hasta los mozos empezaban a darse cuenta. Y él, inconscientemente, miró hacia el bar.&lt;br /&gt;—De qué —pregunto.&lt;br /&gt;Cecilia, en el bar, hablaba con Baxter.&lt;br /&gt;Me reí.&lt;br /&gt;—No, Salieri. Qué les puede importar eso a los mozos, ni a nadie. Lo que medio mundo se palpita, en cambio, es que no sólo por ese lado te hacés el distraído. —Encendí un cigarrillo, el negro había dejado de sonreír. —Lo que ya notó hasta mi tía es que el rubiecito y vos &lt;em&gt;nunca&lt;/em&gt; tocan juntos.&lt;br /&gt;—Quién es Salieri —preguntó él, mecánicamente.&lt;br /&gt;De pronto sentí que ya estaba comenzando a hartarme. Un amigo de Mozart, murmuré sin muchas ganas. Y de pronto me encontré diciéndole que haber nacido en New Orleans, y tocar tan mal, venía a ser más o menos como si a un organista le regalan la Catedral de Viena y él se pone a tirarle de la piola a la campana. E indignado de estar indignándome traté aún de sonreír con cinismo, mientras le decía que, encima, se llamaba Sebastian con acento en la primera a, como Bach. Por no hablar del otro nombre, que ya era directamente una locura, un chiste secreto de Dios. Y si no se daba cuenta de qué era lo que estaba pasando, no en el bar. Acá, adentro. En el Akrópolis o en Buenos Aires. O en el mundo. Y me planté la mano abierta a la altura de la solapa. O vaya a saber adentro de dónde carajo. Si era un árbol de Navidad o qué. Un árbol de Navidad, grité: si tenía las bolas de adorno. O por lo menos si no sabía qué fecha era hoy, y si para eso me había hecho gastar una semana de mi vida en la Biblioteca Lincoln y en la Embajada de su roñoso país, y pagar un diario podrido como si fuera la edición príncipe del &lt;em&gt;Arcana Cælestia&lt;/em&gt;. Me levanté.&lt;br /&gt;Nos miraban.&lt;br /&gt;—Qué es lo que quiere —preguntó Griffiths a media voz.&lt;br /&gt;—Ser negro. No mucho rato, eso sí. Lo que dura una escupida. Cosa de no tener después ningún cargo de conciencia. Y decile a Cecilia que me haga anotar la consumición —dije, y me fui.&lt;br /&gt;Cuando estaba recogiendo el sobretodo, alguien me tomó del brazo. Pero no era Griffiths, era Cecilia.&lt;br /&gt;—Te vas —dijo.&lt;br /&gt;Me sentí inmensamente cansado.&lt;br /&gt;—Tomá —le dije—. Dáselo.&lt;br /&gt;Ella me miró; después miró el periódico, viejísimo, y volvió a mirarme como si yo estuviera al borde de un ataque de epilepsia. Un periódico en inglés, de 1917: hoy cumplía exactamente medio siglo. Cuatro grandes páginas del color de la arena, del día en que las prostitutas fueron expulsadas del Distrito y todas las orquestas de jazz de New Orleans, siguiendo sus carritos, improvisaron un blues que era una celebración de la vida y era una marcha fúnebre.&lt;br /&gt;—Ahí tiene hasta el edicto original. Y la protesta.&lt;br /&gt;Amarillenta la protesta, ajada, aduciendo las muchachas que si la prostitución era un mal, era, al menos, un mal decente. Y nuestro trabajo, Señor. Y también mucha alegría honrada a la hora de cantar y reír.&lt;br /&gt;Fui hasta la puerta y me volví. Ella, con el periódico en la mano, tenía la misma cara de imbécil de siempre. Le quité el periódico de un manotón. Se oyó el saxo de Baxter.&lt;br /&gt;—Mejor decile —y absurdamente agité el periódico mostrándoselo de lejos, roto como estaba, porque al quitárselo se rompió de viejo que era, o yo lo rompí adrede—. O mejor no le digas nada. Qué van a entender las mujeres.&lt;br /&gt;Cecilia se adelantó un paso, con ese gesto que ponen cuando imaginan que el mundo necesita maternal ayuda. Después se quedó ahí, quieta, sin animarse a terminar el gesto. El piano. Un redoble. El piano. El saxo: su jadeo impuro. El saxo a goterones, dibujando pesadas flores sobre las paredes.&lt;br /&gt;Yo me había quedado mirando con estupidez el diario.&lt;br /&gt;—Mirá. Ve qué porquería cómo está —me oí decir y levanté la vista. Pero Cecilia se había puesto a mirar el suelo, rápidamente. O apretó los ojos como si le hubieran pisado un pie, o quisiera borrarme, borrarse ella de ahí adelante. Ahora improvisaba el cornudo de la batería.&lt;br /&gt;Fango con mermelada, pensé. Y me reí solo: eso era de Thomas Mann, de &lt;em&gt;La Montaña Mágica&lt;/em&gt;. Una tos como fango con mermelada.&lt;br /&gt;Salí a la calle.&lt;br /&gt;El aire frío de la noche casi me voltea. El diario lo tiré al charco ese que se forma junto al cordón de la vereda. Me sentí contento, libre: otro.&lt;br /&gt;Entonces, cuando cruzaba, &lt;em&gt;escuché&lt;/em&gt; la trompeta.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Hear me talkin’ to ya&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;Un hilo de metal agudísimo y dorado traspasándome la nuca. O la espada incandescente de un ángel que era al mismo tiempo una palabra y un color. Irrumpió en la melodía y la clavó, como un alfiler de oro a una mariposa. Duró un segundo. Y se apagó, súbita. Pero no como se apaga un sonido; sino dejando un hueco, como desaparece un objeto. En el espacio vacío se oyó el piano, monocorde, y el susurro perplejo de los platos de bronce de la batería, su tamborileo livianísimo, como de lluvia sobre un papel de seda. Y de inmediato, soltándose, saltando hacia adelante como una espiral a la que se le corta el sostén que la mantuvo envuelta sobre sí misma, el hilo de metal de la trompeta, o la palabra dorada, de punta, perforando otra vez la melodía y haciéndola estallar como un globo. Los tres llamados siguientes sonaron, nítidos, en el borde mismo de aquello que decía Griffiths cuando hablaba de círculos. &lt;em&gt;Hear me talkin’ to ya&lt;/em&gt;, decía, un círculo tocándose con otro y con otro y con otro, todos de distintos tamaños, de tal modo que casi no existen espacios entre círculo y círculo, porque siempre se puede dibujar uno más pequeño y a cada cual le ha sido destinado el suyo. Tal vez es fácil llegar al borde, y saltar de allí, pero quién vuelve. Escúcheme lo que le digo: ellos sí vuelven, y no siempre. Bolden saltó del suyo y acabó en el manicomio; andaba por las calles, hablando de muchachas. Muchas veces saltó, y también Bix, y contaban cosas de allá con la trompeta. Y si pudiera decir la Marcha, mostrarle a Paul cómo se encendieron por última vez los faroles rojos y obligarlo a seguirme por la calle funeral de New Orleans, yo también contaría cosas. Y Griffiths, en Barracas, buscó afanosamente el agujero de la empalizada por donde meter su corneta. Me reí solo en medio de la calle cuando Albertina Mac Kay, gran puta deslumbrante, riéndose también, blandió su revólver ante las narices de Lee Collins, su formidable calibre 38 especial cargado con balas dumdum. Todos aplaudieron en el Akrópolis. El piano, resistiéndose, intentaba mantener la cordura en un duro tempo cuatro por cinco, que no dejaba mover la trompeta de Griffiths, pero ya lo íbamos sacando de allí, y el primer ladrillazo de Daisy Parker, rebotando en un techo, anunció a medio Distrito que por ahí andaba su amante, Louis Armstrong, a quien recibió con una granizada de cascotes no bien asomó su redonda nariz por la esquina. Como todas las noches, nada menos que a Armstrong y a ladrillazos: eso es la otra cosa que yo le decía. Y la trompeta se agazapó, como para tomar impulso, dio tres toques idénticos a los del principio y, en el hueco, sólo quedó el piano, su tecleo empecinado y maquinal. Paul seguía del lado de Baxter. Me apoyé en una tapia, en Barracas: a esperar. Y en la mitad de un coro, una especie de &lt;em&gt;flash&lt;/em&gt;, súbito, como en los tiempos en que hasta las baterías se afinaban, un redoble de pepitas de oro sobre los platillos quebrando el tiempo de Paul, abriendo una fisura por la que entraron juntos batería y trompeta entre una de aplausos y gritos e hilos dorados a fuego y patadas sobre el piso que hicieron asomar a sus ventanas a todas las muchachas del Distrito. Y un farol, rojo. Pero el saxo, entrando solapadamente detrás del piano, me hizo el efecto de una mano helada en el cuello, repitió con frialdad el tema de la trompeta y envolviéndose alrededor de la última nota de Griffiths tejió, provocativamente, un contrapunto que rescató al piano del incontrolado límite en que ahora se desbordaba la corneta del negro. Después, no sé. Me acuerdo de esferas encendiéndose y de palabras que no se pueden pronunciar con mis palabras, porque en algún momento, ya en el linde del último círculo que le estaba permitido, manoteando detrás de la húmeda malla con que el saxo envolvía las duras marcaciones del piano, reapareció, dorado y seco, el llamado de la trompeta. Y otra luz, roja. Y me pegué un puñetazo en la palma de la mano como quien piensa chupate esa mandarina o yo sabía que Dios no puede ser tan hijo de perra. Por más que el chico Baxter, su saxo, nos estuviera demostrando a Griffiths y a mí lo que, de cualquier modo, uno también ya sabía: que el negro no era ni la mitad de músico que Baxter; que, a partir de esa noche, Griffiths no volvería nunca más al Akrópolis. Y recordé los ojos de Cecilia una madrugada, su gesto de querer escupirme. Pero la trompeta del negro, ya al borde de su último círculo, describió una pirueta, se apoyó un segundo en el saxo y, aceptando el desafío, irrumpió en otras altas esferas de las que ya no se vuelve, improvisando una especie de fuga que me hizo abrir grandes los ojos en la noche atónita. Y me reí entre dientes. Y vi una catedral que era a la vez una respuesta y un conventillo, porque a quién se le puede ocurrir preguntarse qué está viendo. Cómo qué está viendo, amigo: la casa entre la niebla donde nació Bunk Johnson, taratá, Bunk Johnson que perdió los dientes, de viejo, y se quería matar dándose la cara contra las paredes, porque nadie en el mundo, sabe, nadie en el mundo puede soplar una trompeta sin dientes. Mi reino, o el de Dios Padre, por una dentadura, que del resto me encargo yo, de venir como antes por la calle Basin, soplando contra el mundo, tocando a muerte, parecidos a monos saltando entre los tachos de basura donde un chico que se llamará Israfel buscó algo para comer alguna noche y encontró su primera corneta, la de tocar una sola vez en la vida, y hoy se ha puesto a soplarla, hasta que amanezca, hasta que los angelitos de Botticelli, dándose palmadas en sus barrigas, caigan sobre Barracas desde un rajo del cielo. Esto era la otra cosa que yo le decía. Y el piano, por fin, dio tres acordes súbitos, a dos manos, y cambió de rumbo y se derrumbó por la bajada del puerto, ganado por el cuatro por cuatro y detrás de Griffiths. Y Griffiths, en Barracas, se arrodilló como quien habla con Dios y metió su trompeta por un agujero de la empalizada. Y la música y él cayeron del otro lado, en New Orleans. Y se encendieron todos los faroles rojos de las puertas de las muchachas. Y algunas tenían tipo español. Y otras eran criollas. Y otras blancas. Negras o blancas, pero todas con apostura de princesas en momentos de entrar en la Ópera, todas enamoradas de los trompetistas. Con diamantes en el pelo, como nueces. Y ellas habían puesto sus ropas de colores sobre los carritos y marchaban lentamente, mirando hacia adelante, por la calle Basin. Detrás quedaban todas las luces encendidas. Pero ninguna dio vuelta la cabeza. Y todas las orquestas de jazz de New Orleans, siguiendo sus carritos, tocaban para ellas. &lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/32301282-7948123429990584227?l=lecturasymiradas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lecturasymiradas.blogspot.com/feeds/7948123429990584227/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=32301282&amp;postID=7948123429990584227' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32301282/posts/default/7948123429990584227'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32301282/posts/default/7948123429990584227'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lecturasymiradas.blogspot.com/2007/08/noche-para-el-negro-griffiths.html' title='NOCHE PARA EL NEGRO GRIFFITHS'/><author><name>Jorge Alberdi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06839403331625373087</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='26' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_8rE0iJThDfs/RiJfPo2LT2I/AAAAAAAAABY/aDR0r83W5Bk/s320/JorgeAlberdiImagen.bmp'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-32301282.post-1119344704342055273</id><published>2007-07-28T19:43:00.000-03:00</published><updated>2008-12-10T16:28:41.731-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Miradas'/><title type='text'>NATASSIA...</title><content type='html'>&lt;em&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#339999;"&gt;Natassia Kinski,&lt;/span&gt; actriz alemana (1959)&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt; &lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5092382721437706002" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_8rE0iJThDfs/RqvHGsOhpxI/AAAAAAAAACU/u4bx3ug4WcY/s400/N+kinski+3.jpg" border="0" /&gt; &lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Belleza; Misterio; Sensualidad y Poesía...&lt;/div&gt;&lt;a onclick="changecontent('KINSKI2')"&gt;&lt;u&gt;&lt;span title="Seguir leyendo"  style="color:#ff6666;"&gt;&lt;em&gt;Ver más&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/u&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="switchcontent" id="KINSKI2"&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Inocencia... &lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5092383034970318626" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_8rE0iJThDfs/RqvHY8OhpyI/AAAAAAAAACc/OjcHzPKeXUU/s400/N+kinski+4.jpg" border="0" /&gt;Estilo...&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5092383155229402930" style="DISPLAY: block; 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premios y etiquetas.</title><content type='html'>&lt;div align="left"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#009900;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#339999;"&gt;Klaus Kinski,&lt;/span&gt; &lt;span style="color:#000000;"&gt;actor&lt;/span&gt; &lt;span style="color:#000000;"&gt;(1926-1991).&lt;/span&gt; &lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;¡Ser crítico no es ninguna profesión!&lt;/strong&gt; Los críticos no son más que una plaga que va extendiéndose porque se les deja actuar impunemente. Nunca se sabe dónde tiene su origen una epidemia. Lo importante es encontrar una vacuna contra ella. Siempre es lo mismo: el que no puede ser juez o miembro de un jurado y entregar a alguien al patíbulo, quiere al menos poder poner nota a una película, o a un cantante o a un bailarín o a un pintor o a un libro. Criticar, corregir, decorar, plastificar, analizar, diseccionar, embalsamar, cualificar, esterilizar... Para la mayoría, criticar significa que uno sabe más cosas y puede hacerlo mejor, pero sin tenerlo que demostrar de inmediato. Los actores, directores, productores, escritores, etcétera, sin excepción, se sienten contentos y agradecidos cuando les llaman a formar parte del «jurado» de un festival de cine. Se les «selecciona» del mismo modo que se selecciona a los buenos ciudadanos para formar un jurado. No sólo se enorgullecen de ello, sino que se muestran completamente cambiados, deformados, realmente desfigurados. Cuando, durante el festival, tropieza uno con ellos de camino hacia su reunión del jurado, nunca «tienen tiempo». Apenas le conocen a uno y, en lugar de responder al saludo, contraen los labios en una mueca compasiva. Durante el período en que son jurados, seguro que tampoco follan, o únicamente lo hacen con otros miembros del jurado.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;a onclick="changecontent('KINSKI1')"&gt;&lt;u&gt;&lt;span title="Seguir leyendo"  style="color:#ff6666;"&gt;&lt;em&gt;Leer más&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/u&gt;&lt;/a&gt; &lt;div class="switchcontent" id="KINSKI1"&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Después de cada festival corren rumores de soborno. Pero no se trata de meros rumores. Sé de festivales en los que se puede comprar el premio. Pero el ansia de «fama» e «importancia» es peor que cualquier soborno. Resulta físicamente repugnante ver cómo los premiados prácticamente masturban al premio mientras pronuncian su penoso discurso de agradecimiento. Y luego las caras hostiles de los otros, los que no se han llevado ningún premio. Todo eso revela una enorme falta de tacto. Como cuando, siendo niño, me invitaron a un reparto de regalos de Navidad para niños pobres cuyos padres no tenían dinero para regalos. Además de ponerle a cada niño unos cuantos trozos de pastel en un plato de cartón y una taza con chocolate, se les iba llamando y se les entregaba en mano un paquetito envuelto en papel de regalo. Cada vez que llamaban a un niño, se me arrasaban los ojos en lágrimas. Lágrimas de rabia. Si les hubiesen dado dinero a nuestras madres, cada una habría podido hacer un regalo a su hijo. Pero allí las madres estaban sentadas con nosotros, viendo cómo otras personas, en lugar de ellas mismas, «hacían regalos» a sus hijos queridos. Es cierto que cogía todo lo que fuese comestible, porque nunca comía bastante, pero me habría gustado mandar a la mierda a la condescendiente piedad «social» de aquellas ceremonias, y habría preferido aplastar la nariz contra la ventana de una panadería y absorber, hasta que se me reventaran los pantalones, el cálido aroma del pan como si fuera la leche de los pechos de mi madre.&lt;br /&gt;¡Ningún niño se merece que le den de comer de una manera tan humillante!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una entrega de premios resulta tanto más detestable porque los que se pirran por esa quincalla no la necesitan, no la necesitan como un niño con hambre necesita alimento. Aún más para su tierna alma que para su cuerpo.&lt;br /&gt;¿Y de qué están tan agradecidos esos adultos sedientos de premios? ¿Agradecidos de ver satisfechas sus ansias de prestigio? ¿Sus ansias de fama? ¿De dinero?&lt;br /&gt;Y además, ¿qué pasa con todos los demás que también merecen un premio? ¡O incluso más que los que lo han obtenido! A Charlie Chaplin y a Orson Welles nunca les dieron un Oscar.&lt;br /&gt;¡A la mierda esos jurados de cabrones académicos!&lt;br /&gt;¿Y a qué viene esa estupidez de los premios? ¿Para qué? ¿Y quién puede arrogarse el derecho a anunciar la decisión? ¿Y cuántos son los que se arrogan ese derecho, comparados con centenares de millones de espectadores? Una película no tiene mayor éxito porque haya obtenido un premio. Al contrario, el público se siente secuestrado por una pequeña camarilla arrogante que se cree con derecho a dictarle qué es lo mejor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dejo que Herzog se encargue de recoger toda esa basura. Como un trapero, emprende largas giras de recogida de premios, en las que va rapiñando todo lo que le «conceden» por las películas que ha hecho conmigo.&lt;br /&gt;¿Quién, por todos los diablos, puede arrogarse el derecho a pronunciar públicamente un «elogio»? ¿Quién puede reclamar el derecho a «conceder» algo?&lt;br /&gt;Hay distinciones que se dan en nombre de la paz: el Premio Nóbel (400.000 dólares libres de impuestos). También se lo dieron a Einstein, aunque descubrió la fisión del átomo (la bomba atómica). Más adelante lo lamentó de una forma «conmovedora». Hay premios por ser cómico y premios para las tragedias. Premios para la belleza y premios para la fealdad. Premios para el mejor y premios para el peor. Premios para el que es capaz de comer más y premios para el que es capaz de beber más... ¿Hay también premios para el hambre? Sí, récords de hambre, mientras que a los niños hambrientos no se les concede ningún premio. ¿Hay premios para accidentes? Sí, para los especialistas; para los accidentes de verdad, no. Los nazis condecoraban a las madres por los hijos que parían. Esa condecoración se llamaba «cruz de la maternidad»; se concedía la de bronce tras el cuarto hijo y las de plata y oro tras varios hijos más. Cuando los hijos crecían, entraban en el ejército y les daban medallas por matar. Premios para los asesinos. Cuando los mataban a ellos, las mismas madres que los habían parido recibían condecoraciones por sus hijos muertos. Medallas por las lágrimas, por el dolor y la desesperación. Medallas por las vidas destruidas. Hay premios para los salvavidas. Premios para las películas pomo: pollas y cojones.&lt;br /&gt;A los toros y a los cerdos se les premia del mismo modo. El semental no necesita ningún premio por joder bien. Pero nadie le pide su opinión.&lt;br /&gt;Luego la marca a fuego en el culo. El número perforado en la oreja, pegado en la frente o simplemente garrapateado en la piel, y venga, al matadero. Los animales no pueden oponer resistencia. Los humanos, por el contrario, no sólo lo consienten, sino que hacen cola para apuntarse ellos mismos. La cosa empieza con el carnet de identidad (no se lo dan a todo el mundo). Luego el carnet de conducir, como premio por conducir bien. Pegatinas contra los accidentes de tráfico. El derecho al voto también es una distinción (!); por decirlo así, los colegiales crecen hasta estar maduros para ese premio. Tarjetas de crédito. Las tarjetas de identificación están cuidadosamente plastificadas, para que nadie las manche de comida. Y es que sus titulares no tienen ningún empacho en llevarlas puestas cuando van al restaurante a la hora de comer. Se creen importantes porque les dejan llevar encima algo que contiene un distintivo. Saberse registrados, clasificados, marcados, les tranquiliza la conciencia. Da igual dónde les pongan el sello. Si al mediodía, en vez de ir a comer, van a follar, ¿también llevan puesta la tarjeta plastificada de identificación? Les podrían coser el distintivo en el prepucio. ¿Por qué han de tener más suerte que los toros? Los condenados a muerte por fusilamiento también llevan una especie de pegatina: les pegan o les cosen un distintivo blanco en el pecho, para que los asesinos puedan apuntar al corazón. A los presos de los campos de concentración, incluyendo a los niños, les grababan a fuego en la carne, en el antebrazo, el número de identificación. Pero también los torturadores de las SS llevaban un número grabado a fuego en la carne, pero algo más discreto, debajo de la axila. Los soldados tienen sus marcas de identificación, a fin de no confundir los vivos con los muertos ni los muertos entre sí. En los hospitales, los pacientes llevan en la muñeca pulseras de plástico con el nombre y el número de paciente, para que no le saquen a nadie el hígado en lugar del “apéndice, etcétera... Los recién nacidos también llevan esas pulseras de plástico.&lt;br /&gt;A las puertas de los parques de atracciones de Estados Unidos hay hombres y mujeres jóvenes armados con sellos de tampón que estampan en el dorso de la mano de todo aquel que sale del parque de atracciones con la intención de volver a entrar. Aunque sólo vaya a mear. Por todas partes esos asquerosos sellos y pegatinas. En la comida y en los calzoncillos. También en las latas de cerveza, justo en el lugar en que se arranca el tirador de latón para beber. Te pegan la etiqueta del precio literalmente en la cerveza o el refresco. Te bebes el precio junto con el líquido. En el depósito, los cadáveres llevan puestas unas etiquetas de identificación, a veces en el dedo gordo del pie. Es todo la misma chatarra: precios, premios, condecoraciones, títulos, marcas al fuego, sellos, estampados, pegatinas. Aunque sólo sea un número: siempre será mejor que nada en absoluto. Un número le hace a uno sentir que pertenece a algo, a ser posible a un grupo, por supuesto. Incluso los grupos de montañistas que aspiran a coronar una cumbre van pegando, escribiendo, imprimiendo, cosiendo, entretejiendo por todas partes el nombre de su expedición. ¿Para quién? ¿Para el monte Everest, el Anapurna o el Ama Dablam? También en las regatas de veleros la gente se dedica a garrapatear por todas partes. Hasta en las mismísimas velas.&lt;br /&gt;Por todas partes indicaciones, muletas, sillas de ruedas, perros lazarillos para una sociedad intelectual y espiritualmente atrofiada. Ofuscamiento, embrutecimiento. Engaño y alcahuetería.&lt;br /&gt;Existen libros titulados Cómo ser escritor (yo mismo vi leer un libro así a un tipo con pinta de pocas luces mientras hacía cola en una oficina de registro de automóviles). Existen libros titulados Cómo cocinar patatas. Hay libros que explican «cómo morir». ¡Según ese tipo de Sacramento que siempre habla del «amor» en la televisión norteamericana, hay gente que por 20 dólares se presta a cogerle a uno de la mano en el momento de la muerte! En un poblacho de California hay una barraca con un gran letrero que reza CENTRO DE LA PAZ ¿Se puede comprar paz en ese local? Un rótulo en un chiringuito de comidas rápidas en la costa dice: SUMINISTRO DE COMIDA.&lt;br /&gt;Hay «Centros para la comprensión» y «Centros recreativos». ¿Qué es eso? También lo he visto en los tugurios en los que se calientan y echan un trago las putas y los macarras. También en algunas sex-shops, Existen tarjetas de visita con la inscripción «evangelista». Seguro que también hay otras que dicen «poeta», «escultor», «pintor», «tratante de ganado» o «verdugo». Hay camisetas en las que se lee: «Soy uno de los pocos que no se han follado a Shelley Winters». Y hay camisetas en las que se lee: «Voy a coger una metralleta, me voy a ir a todos los países del mundo y voy a matar a toda la gente que pueda».&lt;br /&gt;Las pegatinas son más baratas y más prácticas, se pueden pegar en cualquier sitio, normalmente en el coche. Cuando voy detrás de un coche de ésos, me pongo enfermo. Hay para todos: para los amigos de Jesucristo, el redentor. Para racistas. Para veteranos de guerra. Para militaristas. Para pacifistas. Para chistosos, etcétera. Para quedar bien, lo mejor es tener algo de todos: protestar, pasar por ingenioso, fresco, alegre, indignado, agresivo, amante de la paz, creyente, frívolo y odiar a todos los que no sean «del país». Algunos dicen: «Quiero a mi mujer», «Quiero a mis hijos», «Quiero a mi perro». ¿Hace falta pegar eso en el coche? ¿Tan singular resulta? ¿O es que los que pegan esas cosas en sus coches se piensan que a los demás no les pasa lo mismo? A ellos ¿qué les importa? ¿Se habrán parado a pensar alguna vez esos idiotas que a los demás les importa un comino lo que ellos van pregonando? ¿O es que forran sus coches de pegatinas para acallar su mala conciencia? O: «Abuela a bordo», o «Suegra a bordo». Estoy esperando ver a alguno con una pegatina que diga: «Gilipollas a bordo».&lt;br /&gt;Cuanto más pugnan los humanos por el «entendimiento», menos entendimiento existe. Una vez, una chica me contó que su padre llevaba años sin hablar con su madre, y se limitaba a dejar o pegar notas en las que escribía lo que quería decirle. La chica me dijo también que su madre creía que el tipo se había vuelto loco. Peo no, no estaba loco: simplemente ya no le quedaba ninguna otra posibilidad de entendimiento. Por lo menos no era un bocazas, ni se pasaba el día soltando paridas sobre el entendimiento. De los premios y las condecoraciones a las camisetas y las pegatinas, pasando por los distintivos y las exhortaciones. Engendros de cerebros enfermos que van de basura en basura!&lt;br /&gt;Pero, al fin y al cabo, lo que cuenta es hacerse notar. Que lo observen a uno. Tener algo que exhibir. Una marca prestigiosa. Da igual lo que se exhiba; la gente está dispuesta a pagar por ello con tal de poder lucir la marca. ¡Las indicaciones existen para ser obedecidas!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un crítico de Nueva York escribió sobre mí, en alguna de esas revistas de Hollywood espantosamente imbéciles, faltas de talento y absolutamente insulsas, que yo tenía «calibre de Oscar». ¿Calibre? ¿Qué calibre? No creo que se refiriera a mi polla, porque sería como descubrir la sopa de ajo. ¿A qué debía de referirse?&lt;br /&gt;Y luego esos eunucos a los que llaman directores (¿de dónde habrán sacado eso de que son directores?), esos salteadores de caminos y ladrones apostados en los vastos espacios de mi alma, como turistas que se llevan un trofeo a casa y afirman que «les costó mucho conseguirlo»: una cabeza reducida de los jíbaros de Perú, una piraña disecada, un sombrero de bambú de Vietnam, Matan a un elefante por sus colmillos, o para hacer un taburete o un gran cenicero con una pata, o para hacer pantallas de lámparas con su piel. ¿Por qué resulta tan aberrante confeccionar lámparas con piel humana? Apalean vivos a los cachorros de las focas hasta dejarlos convertidos en piltrafas sanguinolentas, porque la piel queda más brillante si se les quita en vida.&lt;br /&gt;Volvamos al tema de los directores, esos mostrencos que intentan chulearme con sus pollas fláccidas. Esos fanfarrones altaneros, arrogantes y neuróticos que se empeñan en sacar música de mí y no hacen más que desafiarme. ¡No necesito perro lazarillo! ¡Ese impotente de Kubrik es capaz de repetir una toma ochenta o ciento veinte veces! Pero los pobres locos que le siguen la corriente no se merecen nada mejor. Una vez, en una entrevista que me hicieron para un periódico de Londres, dije que nunca podría rodar una película con él, porque el primer día del rodaje le daría una patada en el culo. Cuando lo leyó, se quedó con la boca abierta. Los perros lazarillos al menos son capaces de guiar a un ciego a través del tránsito callejero. ¡Pero los directores son sanguijuelas, parásitos! ¡Quieren exprimirme como a un tubo de pintura, pero no saben pintar! No saben manejar los colores fundamentales, no los dominan. Yo, en cambio, llevo dentro de mí los verdaderos paisajes. Los paisajes de todos los sentimientos, de todas las expresiones. Llevo dentro de mí los paisajes de todas las formas, que se transforman sin cesar. Llevo todos los mares dentro de mí, y todos los astros. Las nubes y todos los vientos. Soy música. Soy una ópera. Un aria. Una sinfonía. Soy notas. No quiero libros. Soy la novela. Soy poesía. Soy la fábula. Soy la supresión del tiempo. La supresión de los sexos. La supresión del bien y del mal. Llevo dentro de mí los paisajes de planetas enteros. Los paisajes del fondo de los mares. Los recorro a pie, los recorro volando. Soy un pez enorme. Un ave colosal. Soy el vuelo de todos los pájaros que atraviesan los aires. Estoy en lo hondo de la tierra, en los cristales, en los metales, en los minerales, en los manantiales de fuego de los volcanes. Vivo en las puntas de las raíces. En los rostros de los árboles. Me esparzo en los colores de las flores y las mariposas. Soy el olfato y el gusto de los grandes felinos. Soy la mirada de los lobos. Soy las venas hendidas de las rocas y el grito del hielo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los directores me roban la energía, pero se guardan cobardemente de mi infierno, de mis ruinas sangrientas.&lt;br /&gt;Cuando quise rodar la película sobre Charryl Chessman, ¿qué director habría podido decir lo que aguantó Chessman (durante diez años) mientras esperaba su ejecución, que era aplazada una y otra vez (durante diez años) en el último instante? ¡Cuál de esos chacales sarnosos habría podido tener ni la menor idea de cómo sería la muerte de Chessman en la cámara de gas?!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ninguno de esos a los que llaman directores ha conseguido jamás darme otra cosa que mierda y halitosis. Van propagando sus malas costumbres como enfermedades venéreas. Se hurgan la nariz y se rascan el culo. Se mueven como amputados. Lo único que han hecho con mi alma ha sido estuprarla. ¡¡Esos gansos que pretenden enseñarle a volar a un águila!! Herzog se considera una excepción, y le gustaría que esa verdad se difundiese por toda la tierra. Se considera una persona sensible, y es sólo porque yo le hago cerrar el pico y no le queda más remedio que pedirme que haga lo que yo quiero hacer. Está contentísimo de que yo haga lo que me da la gana, pues al muy inútil no se le ocurre absolutamente nada. Va por todo el mundo proclamando que soy un genio. Debe albergar la esperanza de que yo, como contrapartida, diga que él también lo es.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y, además, están las ansias de rapiña de los directores, que pierden el culo por ingresar en su propia cuenta cualquier éxito, incluso aunque la película se alimente sólo de la fascinación que emana de un gran actor. Tienen la jeta de colocar su nombre por encima del título de la película, y persisten impunes en sus delirios de grandeza hasta el día en que algún distribuidor les parte la cara.&lt;br /&gt;Aparte de su patológica fanfarronería, jamás consienten en que surja la sospecha de que el éxito de la película se debe a alguna otra persona. Herzog es el ejemplo más espeluznante de ello. Además de su envidia, propia de un chapucero sin talento, creo que está dispuesto a vengarse de mí porque le tengo dominado. Y sabe que, sin mí, él no vale una puñetera mierda. Me odia sin paliativos. Intenta negar mi existencia, algo que sólo puede ocurrírsele a un imbécil como él. ¡En un reportaje ilustrado de varias páginas sobre Aguirre, en la revista norteamericana RoIling Stone, no mencionó para nada mí nombre, y entre las abundantes fotos no había ni una sola mía! ¡Ni una sola foto de Aguirre! ¡La única razón de ser de la película, su alma! Desde Aguirre han pasado diecisiete años, ¡y en estos diecisiete años me ha estado estafando con el mayor descaro en los carteles de propaganda de todos los países del mundo! En muchos de esos carteles no aparece mi nombre. En otros, en letra muy pequeña.&lt;br /&gt;Pero en todos los carteles el nombre de Herzog aparece por encima del título de la película, a pesar de que en cada contrato impongo la condición de que por encima del título aparezca mi nombre, y sólo mi nombre, y luego, por debajo del título de la película, el nombre de Herzog. La peor jugarreta me la hizo en Estados Unidos. La distribuidora cinematográfica de Nueva York me trajo orgullosa al hotel la primera prueba de imprenta del cartel de Woyzeck, en la que aparecía mi cara gritando y, cruzándola, el rótulo LA OBRA MAESTRA DE HERZOG, y luego Woyzeck. ¡Ni una palabra sobre mí!&lt;br /&gt;En Francia también vi un cartel enorme de Aguirre sin mi nombre. Pero, como ya he dicho, la única solución es partirles la cara.&lt;br /&gt;Hay que tener en cuenta que, en el mundo del cine, el hecho de mencionar expresamente un nombre se traduce en dinero contante y sonante. Porque, lo admitan o no, la mayoría de los productores tienen tan pocas luces que miden las exigencias salariales según el tamaño y la posición del nombre en los carteles, en la publicidad en salas de cine y en la pantalla. Además, me da asco que esa plaga de Herzog se propague de un modo tan pertinaz.&lt;br /&gt;En una conferencia de prensa en Nueva York, un periodista le preguntó a Herzog cómo había escenificado el «ballet» de mis manos en Nosferatu. Justo en el momento en que Herzog iba a empezar a soltar la correspondiente sarta de asquerosas mentiras, le pegué una patada por debajo de la mesa a la que estábamos sentados y le gruñí entre dientes que no se atreviera a decir ni mu, pues de lo contrario yo pregonaría la verdad a los cuatro vientos. Durante el rodaje de Nosferatu se había dedicado a lamerme el culo, sin que viniera a cuento, cada vez que yo rodaba una escena completa sin haber consentido que abriera la boca para soltar sus paridas, es más, ni siquiera para expresar vagamente algún deseo. En pocas palabras: como siempre, le había hecho cerrar el pico. Saltaba de alegría cada vez que yo hacía algo que a él jamás se le habría ocurrido, por más que después afirmara lo contrario, o sea, que yo lo hacía todo exactamente como él se lo había imaginado en su primera versión; llegó a decir la estupidez de que entre nosotros había «telepatía». De esa manera, con sus mentiras y sus engañifas, les ha metido en la cabeza a la gente, en muchos países, y también en Estados Unidos, que él, Herzog, es el «creador» de las películas Aguirre, Nosferatu, Woyzeck, Fitzcarraldo y Cobra Verde. Pero su mentira más espeluznante es eso que va diciendo de que durante el rodaje de Corazón de cristal hipnotizó a los actores. Por lo demás, esa película es un coñazo insoportable y un fiasco total. Y luego hace rodar un documental sobre su persona, en el que aparece comiendo zapatos. ¿A qué vendrá eso? ¡¿Y a quién puede interesarle?!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;Klaus Kinski:&lt;/strong&gt; Nikolaus Günther Nakszynski, actor, nacido en 1926, Sopot, Alemania, actualmente Gdansk, Polonia, muerto en California en 1991. (Fragmento de «Yo Necesito Amor», sus memorias)&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/32301282-3336470472843180558?l=lecturasymiradas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lecturasymiradas.blogspot.com/feeds/3336470472843180558/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=32301282&amp;postID=3336470472843180558' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32301282/posts/default/3336470472843180558'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32301282/posts/default/3336470472843180558'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lecturasymiradas.blogspot.com/2007/07/kinski-sobre-crticos-y-directores-de.html' title='KINSKI: sobre críticos y directores de cine; premios y etiquetas.'/><author><name>Jorge Alberdi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06839403331625373087</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='26' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_8rE0iJThDfs/RiJfPo2LT2I/AAAAAAAAABY/aDR0r83W5Bk/s320/JorgeAlberdiImagen.bmp'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-32301282.post-116325416081980906</id><published>2006-11-11T10:54:00.000-03:00</published><updated>2007-07-28T20:00:57.014-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Lecturas'/><title type='text'>TANTO SOÑÉ CONTIGO</title><content type='html'>&lt;div align="left"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#009900;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;&lt;span style="color:#339999;"&gt;Robert Desnos&lt;/span&gt;, poeta francés (1900-1945).&lt;/span&gt; &lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;strong&gt;Tanto soñé contigo&lt;/strong&gt; que pierdes tu realidad. &lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;¿Todavía hay tiempo para alcanzar ese cuerpo vivo y besar sobre esa boca el nacimiento de la voz que quiero? &lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;Tanto soñé contigo que mis brazos habituados a cruzarse sobre mi pecho cuando abrazan tu sombra, quizá ya no podrían adaptarse al contorno de tu cuerpo. &lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;Y frente a la existencia real de aquello que me obsesiona y me gobierna desde hace días y años, seguramente me transformaré en sombra. &lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;Oh balances sentimentales. &lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;Tanto soñé contigo que seguramente ya no podré despertar. Duermo de pie, con mi cuerpo que se ofrece a todas las apariencias de la vida y del amor y tú, la única que cuenta ahora para mí, más difícil me resultará tocar tu frente y tus labios que los primeros labios y la primera frente que encuentre. &lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;Tanto soñé contigo, tanto caminé, hablé, me tendí al lado de tu fantasma que ya no me resta sino ser fantasma entre los fantasmas, y cien veces más sombra que la sombra que siempre pasea alegremente por el cuadrante solar de tu vida.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;A la mystérieuse (Corps et Biens) &lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;em&gt;(Tomado de Antología de la Poesía Surrealista, 2ª edición, Ed. Argonauta, 1961, Aldo Pellegrini)&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/32301282-116325416081980906?l=lecturasymiradas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lecturasymiradas.blogspot.com/feeds/116325416081980906/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=32301282&amp;postID=116325416081980906' title='5 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32301282/posts/default/116325416081980906'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32301282/posts/default/116325416081980906'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lecturasymiradas.blogspot.com/2006/11/tanto-so-contigo.html' title='TANTO SOÑÉ CONTIGO'/><author><name>Jorge Alberdi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06839403331625373087</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='26' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_8rE0iJThDfs/RiJfPo2LT2I/AAAAAAAAABY/aDR0r83W5Bk/s320/JorgeAlberdiImagen.bmp'/></author><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-32301282.post-116144126996167256</id><published>2006-10-21T11:03:00.000-03:00</published><updated>2007-07-28T20:02:45.853-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Lecturas'/><title type='text'>Algunos CONTOS PLAUSÍVEIS</title><content type='html'>&lt;div align="left"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#009900;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;&lt;span style="color:#339999;"&gt;Carlos Drummond de Andrade&lt;/span&gt;, poeta brasileño (1902-1987).&lt;/span&gt; &lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;LA BAILARINA&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La profesión de mercachifle está reglamentada; sin embargo, nadie más la ejerce, por falta de baratijas. Pasaron a vender helados y jugos de fruta, y son conocidos como ambulantes.&lt;br /&gt;Conocí al último mercachifle de verdad, y le compré un espejito que tenía en el lado opuesto una bailarina desnuda. ¡Qué mujer! Sonreía para mí como prometiendo cosas, pero yo era pequeño, y no sabía qué cosas fuesen. Me perturbaba.&lt;br /&gt;Un día rompí el espejo, pero la bailarina quedó intacta. Sólo que no sonreía más para mí. Era una fotografía como cualquiera. Busqué al mercachifle, que no estaba más en la ciudad, probablemente había cambiado de profesión. Hasta hoy no sé qué era lo mágico: si el mercachifle, si el espejo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;LA BAILARINA Y EL MURCIÉLAGO&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Hay un murciélago volando de madrugada por la calle Montenegro. Siempre después de las dos, nunca después de las cuatro.&lt;br /&gt;Escoge entre ventanas abiertas y entra en dormitorios de jovencitas, para chuparles la sangre. Hace esto tan suavemente que la víctima no despierta, y sólo por la mañana, al levantarse, siente ardor en un pequeño punto amoratado del cuello.&lt;br /&gt;Hay quien discute la identidad del animal, y afirma que se trata de un vampiro humano, como los hay en Transilvania. Falta consistencia a la afirmación, pues ningún hombre llegaría al séptimo piso, subiendo por la fachada de los edificios.&lt;br /&gt;Muchos moradores ya vieron al murciélago e intentaron matarlo. El escapa y se diría que no teme represalias, pues regresó por tercera vez al dormitorio de Hercilia Fontamara, bailarina del Teatro Municipal.&lt;br /&gt;A los periodistas, Hercilia declaró que comienza a habituarse al hecho de ser visitada por un murciélago que le extrae algunas gotas de sangre sin mayor daño. Ella observó que, a partir de la primera visita, aumentó su flexibilidad muscular en los ensayos, y que nunca bailó tan bien como de ahí en adelante. Espera tener un desempeño perfecto en la presentación de “Giselle”, si en la noche de la víspera le ofrece un poco de sí misma al estimulante quiróptero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;LA BELLEZA TOTAL&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;La belleza de Gertrudis fascinaba a todo el mundo y a la propia Gertrudis. Los espejos se pasmaban delante de su rostro, rehusándose a reflejar a las personas de la casa y mucho menos a las visitas. No osaban abarcar el cuerpo entero de Gertrudis. Era imposible, de tan bello, y el espejo del baño, que se atrevió a esto, se partió en mil astillas.&lt;br /&gt;La muchacha ya no podía salir a la calle, pues los vehículos paraban a despecho de los conductores, y estos, a su vez, perdían toda capacidad de acción. Hubo un embotellamiento monstruoso, que duró una semana, aunque Gertrudis haya vuelto luego a su casa.&lt;br /&gt;El Senado aprobó una ley de emergencia, prohibiendo a Gertrudis aproximarse a la ventana. La muchacha vivía confinada en un salón al cual sólo entraba su madre, pues el mayordomo se había suicidado con una foto de Gertrudis sobre el pecho.&lt;br /&gt;Gertrudis no podía hacer nada. Había nacido así, este era su destino fatal: la extremada belleza. Y era feliz, sabiéndose incomparable. Por falta de aire puro, terminó sin condiciones de vida, y un día cerró los ojos para siempre. Su belleza salió del cuerpo y quedó suspendida en el aire, inmortal. El cuerpo ya entonces raquítico de Gertrudis fue acogido en el sepulcro, y la belleza de Gertrudis continuó titilando en el salón cerrado con siete llaves.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;(traducción de María Teresa Ré)&lt;/span&gt;&lt;/em&gt; &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/32301282-116144126996167256?l=lecturasymiradas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lecturasymiradas.blogspot.com/feeds/116144126996167256/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=32301282&amp;postID=116144126996167256' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32301282/posts/default/116144126996167256'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32301282/posts/default/116144126996167256'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lecturasymiradas.blogspot.com/2006/10/algunos-contos-plausveis.html' title='Algunos CONTOS PLAUSÍVEIS'/><author><name>Jorge Alberdi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06839403331625373087</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='26' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_8rE0iJThDfs/RiJfPo2LT2I/AAAAAAAAABY/aDR0r83W5Bk/s320/JorgeAlberdiImagen.bmp'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-32301282.post-115716880299623827</id><published>2006-09-02T00:34:00.000-03:00</published><updated>2007-07-28T20:01:56.068-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Lecturas'/><title type='text'>LA HONDA DE DAVID</title><content type='html'>&lt;div align="left"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#666666;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;a href="http://cvc.cervantes.es/actcult/monterroso/"&gt;Augusto Monterroso&lt;/a&gt;, escritor guatemalteco (1921-2003). &lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;br /&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;Había una vez&lt;/strong&gt; un niño llamado David N., cuya puntería y habilidad en el manejo de la resortera despertaba tanta envidia y admiración entre sus amigos de la vecindad y de la escuela, que veían en él —y así lo comentaban entre ellos cuando sus padres no podían escucharlos— un nuevo David.&lt;br /&gt;Pasó el tiempo.&lt;br /&gt;Cansado del tedioso tiro al blanco que practicaba disparando sus guijarros contra latas vacías o pedazos de botella, David descubrió un día que era mucho más divertido ejercer contra los pájaros la habilidad con que Dios lo había dotado, de modo que de ahí en adelante la emprendió con todos los que se ponían a su alcance, en especial contra Pardillos, Alondras, Ruiseñores y Jilgueros, cuyos cuerpecitos sangrantes caían suavemente sobre la hierba, con el corazón agitado aún por el susto y la violencia de la pedrada.&lt;br /&gt;David corría jubiloso hacia ellos y los enterraba cristianamente.&lt;br /&gt;Cuando los padres de David se enteraron de esta costumbre de su buen hijo se alarmaron mucho, le dijeron que qué era aquello, y afearon su conducta en términos tan ásperos y convincentes que, con lágrimas en los ojos, él reconoció su culpa, se arrepintió sincero y durante mucho tiempo se aplicó a disparar exclusivamente sobre los otros niños.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dedicado años después a la milicia, en la segunda Guerra Mundial David fue ascendido a general y condecorado con las cruces más altas por matar él solo a treinta y seis hombres, y más tarde degradado y fusilado por dejar escapar viva una Paloma mensajera del enemigo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#666666;"&gt;(Tomado de La oveja negra y demás fábulas, México, Era, 1969.)&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/32301282-115716880299623827?l=lecturasymiradas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lecturasymiradas.blogspot.com/feeds/115716880299623827/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=32301282&amp;postID=115716880299623827' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32301282/posts/default/115716880299623827'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32301282/posts/default/115716880299623827'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lecturasymiradas.blogspot.com/2006/09/la-honda-de-david.html' title='LA HONDA DE DAVID'/><author><name>Jorge Alberdi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06839403331625373087</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='26' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_8rE0iJThDfs/RiJfPo2LT2I/AAAAAAAAABY/aDR0r83W5Bk/s320/JorgeAlberdiImagen.bmp'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-32301282.post-115665111953064162</id><published>2006-08-27T00:56:00.000-03:00</published><updated>2007-07-28T20:04:07.252-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Lecturas'/><title type='text'>¿EXISTE VERDADERAMENTE Mr. SMITH?</title><content type='html'>&lt;div align="left"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#009900;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#666666;"&gt;&lt;span style="color:#339999;"&gt;Estanislaw Lem,&lt;/span&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;escritor nacido en Lvov, Ucrania, en 1921.&lt;/span&gt; &lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;JUEZ. — La Corte pasa a examinar el litigio entre la Cybernetics Company y Harry Smith. ¿Están presentes las dos partes?&lt;br /&gt;ABOGADO. — Su Señoría.&lt;br /&gt;JUEZ. — ¿Usted actúa en nombre de…?&lt;br /&gt;ABOGADO. — Represento legalmente a la Cybernetics Company, Su Señoría.&lt;br /&gt;JUEZ. — ¿Dónde está el acusado?&lt;br /&gt;SMITH. — Estoy aquí, Su Señoría.&lt;br /&gt;JUEZ. — Les ruego se sirvan dar a la Corte sus datos personales.&lt;br /&gt;SMITH. — Con mucho gusto. Me llamo Harry Smith y nací el 6 de abril de 1917 en Nueva York.&lt;br /&gt;ABOGADO. — Me opongo, Su Señoría. La afirmación del acusado es tendenciosa: élnunca ha venido al mundo.&lt;br /&gt;SMITH. — Tengo aquí mi partida de nacimiento. Y mi hermano está aquí, en la sala…&lt;br /&gt;ABOGADO. — Esa no es su partida de nacimiento, y aquel individuo no es su hermano.&lt;br /&gt;SMITH. — Entonces ¿de quién es hermano? ¿De usted acaso?&lt;br /&gt;JUEZ. — Calma, se lo ruego. Un momento, abogado ¿Entonces, Mr. Smith…?&lt;/div&gt;&lt;a onclick="changecontent('lem')"&gt;&lt;u&gt;&lt;span title="Seguir leyendo"  style="color:#ff6666;"&gt;&lt;em&gt;Leer más&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/u&gt;&lt;/a&gt; &lt;div class="switchcontent" id="lem"&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;SMITH. — Mi padre, el nunca bastante llorado Lexington Smith, poseía un garaje, y me inculcó la pasión por su oficio. A los diecisiete años participé por primera vez en una carrera automovilística para principiantes. A continuación, ya como corredor profesional, he competido ochenta y siete veces. Hasta hoy me he hecho con la victoria dieciséis veces, con veintiún segundos puestos…&lt;br /&gt;JUEZ. — Se lo agradezco, pero estas particularidades no son pertinentes a la causa.&lt;br /&gt;SMITH. — Tres copas de oro…&lt;br /&gt;JUEZ. — Le he dicho que esos detalles son superfluos.&lt;br /&gt;SMITH. — Y una corona de plata….&lt;br /&gt;MR. DONOVAN (Presidente de la Cybernetics Company). — ¡Oh, está delirando!&lt;br /&gt;SMITH. — No se engañe.&lt;br /&gt;JUEZ. — ¡Calma! ¿No tiene un abogado para su defensa?&lt;br /&gt;SMITH. — No, me defiendo por mí mismo. Mi causa es clara como el agua de un manantial.&lt;br /&gt;JUEZ. — ¿Conoce las demandas que la Cybernetic Company presenta contra usted?&lt;br /&gt;SMITH. — Las conozco. Soy víctima de las viles maquinaciones de esos perros criminales…&lt;br /&gt;JUEZ. — Ya es suficiente. Abogado Jenkins, ¿quiere exponer a la Corte las razones que han motivado su citación?&lt;br /&gt;ABOGADO. — Con mucho gusto, Su Señoría. Hace dos años el acusado tuvo un accidente durante las carreras automovilísticas disputadas en Chicago. Se dirigió entonces a nuestra firma. Usted ya sabe que la Cybernetics Company fabrica prótesis: piernas, brazos, riñones artificiales, corazones artificiales y muchos otros órganos de recambio. El acusado compró a crédito una prótesis de la pierna izquierda y pagó el primer plazo. Cuatro meses después se dirigió de nuevo a nosotros, esta vez para el suministro de dos brazos, una caja torácica y una bóveda craneal.&lt;br /&gt;SMITH. — ¡Es falso! La bóveda craneal no. Fue en primavera, tras las carreras en montaña.&lt;br /&gt;JUEZ. — No interrumpa.&lt;br /&gt;ABOGADO. — Se trataba, respetando el orden cronológico, de la segunda transacción. En aquel tiempo la deuda del acusado ascendía a 2.967 dólares. Cinco meses después el hermano del acusado se dirigió a nosotros: Harry Smith se encontraba recuperándose en la clínica Monte-Rosa, no lejos de Nueva York. Conforme al nuevo pedido, nuestra firma suministró, tras pago de un adelanto, diversas prótesis cuya relación particularizada va unida a las actas del proceso. Entre otras figura como repuesto de un hemisferio cerebral un cerebro electrónico Geniak, llamado comúnmente “El Genial”, cuyo precio es de 26.500 dólares. Llamo la atención de la honorabilísima Corte sobre el hecho de que el acusado nos ordenó un modelo Geniak de lujo, equipado con válvulas metálicas, dispositivo para sueños en colores naturales, filtro antipreocupaciones y eyector de pensamientos tristes, a pesar de que todo esto excedía sus posibilidades financieras.&lt;br /&gt;SMITH. — ¡Seguro! ¡Les habría sido mucho más cómodo si hubiera decidido reventar con su cerebro construido en serie!&lt;br /&gt;JUEZ. — ¡Calma, se lo ruego!&lt;br /&gt;ABOGADO. — Que el acusado haya actuado con la intención consciente y deliberada de no pagar lo que había adquirido, viene probado perentoriamente por un hecho: él no ordenó un modelo común de brazo artificial, sino que escogió una prótesis especial, provista de reloj de muñeca, marca Schaffhausen, de 18 rubíes. Cuando la deuda del acusado llegó a los 29.863 dólares lo citamos en juicio para restitución de todas las prótesis que había adquirido. Sin embargo, nuestra querella fue desestimada basándose en la siguiente consideración: Mr. Smith, si fuera privado de sus prótesis, moriría. En efecto, en aquel tiempo, de este Mr. Smith no quedaba sino medio cerebro.&lt;br /&gt;SMITH. — Cómo atreve decir ¿”de este Mr. Smith”? ¿Percibe acaso acciones de la Cybernetics Company por cada insulto que sale de su boca? ¡Leguleyo!&lt;br /&gt;JUEZ. — ¡Calma, por favor! Mr. Smith, en caso de nuevos ultrajes a la parte demandante le impondré una sanción.&lt;br /&gt;SMITH. — ¡Es él quien me Insulta!&lt;br /&gt;ABOGADO. — En las condiciones en que entonces encontraba, en deuda con la Cybernetics Company, y equipado de pies cabeza con prótesis suministradas por nuestra firma que, a su respecto, ha dado pruebas de infinita bondad, satisfaciendo ipso facto cualquier deseo suyo, el acusado comenzó a calumniar públicamente nuestros productos a los cuatro vientos, encontrando qué murmurar sobre su calidad. Pero esto no le impidió todavía presentarse ante nosotros tres meses más tarde. Se quejaba, en aquel tiempo, de toda una sarta de achaques y de dolores que, como pudieron probar nuestros expertos, dependían del hecho de que su viejo hemisferio cerebral se encontraba sofocado, alojado como estaba en aquel nuevo ambiente que yo definiría, si me lo permite Usía, como protésico. Movida de un sentimiento de humanidad, nuestra firma aceptó otra vez más satisfacer el deseo del acusado, “genializándolo” totalmente, o lo que es igual, nuestra firma aceptó sustituir el viejo pedazo de cerebro que le pertenecía in proprio con un segundo aparato Geniak, gemelo del precedente. Como garantía de este nuevo crédito, el acusado nos firmó letras de cambio por un importe de 26.950 dólares. ¡Hasta hoy, todo lo que nos ha liquidado han sido 232 dólares con 18 centavos! Estando así las cosas... ¡Honorabilísima Corte, el acusado está tratando pérfidamente de impedirme hablar, sofoca mis palabras con silbidos, ruidos y estridencias! ¡Que la Honorabilísima Corte tenga la bondad de llamarlo al orden!&lt;br /&gt;JUEZ. — Mr. Smith...&lt;br /&gt;SMITH. — No soy yo, es mi Geniak. Hace esto cada vez que reflexiona intensamente. ¿Acaso soy yo responsable de todo lo que ha hecho la Cybernetics Company? ¡La Honorabilísima Corte haría mejor si citase al presidente Donovan por fraude!&lt;br /&gt;ABOGADO. — …estando así las cosas, Cybernetics Company presenta a la Corte la siguiente petición: que le sea reconocido el derecho de entera propiedad sobre la totalidad de las prótesis suministradas y que se encuentran aquí, en esta sala de tribunal, sosteniendo ser Harry Smith.&lt;br /&gt;SMITH. — ¡Qué desvergüenza! ¿Y dónde está Smith según usted, abogado, si no está aquí?&lt;br /&gt;ABOGADO. — Aquí, en esta sala, yo no veo a ningún Smith, por la simple razón de que los restos de aquel célebre campeón de carreras reposan diseminados a lo largo de las muchas autopistas de los Estados Unidos. En consecuencia, el veredicto que seguramente pronunciará este tribunal a nuestro favor no podrá lesionar a ninguna persona física, porque nuestra firma no hará sino volver a entrar en posesión de lo que legítimamente le pertenece, desde el envoltorio de nylon hasta el último tornillo.&lt;br /&gt;SMITH. — ¡Cómo! ¡Quieren despedazarme, quieren reducirme a prótesis!&lt;br /&gt;PRESIDENTE DONOVAN. — ¡Lo que haremos con nuestros bienes no le interesa!&lt;br /&gt;JUEZ. — Presidente Donovan, le ruego cálidamente conservar su sangre fría. Gracias, abogado. ¿Qué tiene que decir, Mr. Smith?&lt;br /&gt;ABOGADO. — Señoría, para aclarar mejor la cuestión querría hacerle notar además que el acusado, para decir la verdad, no es realmente el acusado, sino únicamente un objeto material que pretende pertenecerse en toda propiedad. En efecto, dado que él no vive…&lt;br /&gt;SMITH. — ¡Acérquese un poco, y se enterará de si estoy vivo o no!&lt;br /&gt;JUEZ. — Verdaderamente, es un caso insólito. Mmmm… Abogado, la decisión de establecer si el acusado está vivo ó no la dejo en suspenso hasta que la Corte haya emitido su juicio; de otra manera, nos arriesgaríamos a turbar el desarrollo normal de la audiencia. Ahora, tiene usted la palabra, Mr. Smith.&lt;br /&gt;SMITH. — Honorabilísima Corte, y ustedes, ciudadanos de los Estados Unidos, que siguen atentamente los despreciables esfuerzos de un gran trust para destruir en mi persona una libre personalidad pensante...&lt;br /&gt;JUEZ. — Le ruego dirigirse exclusivamente a la Corte. ¡Esto no es un mitin!&lt;br /&gt;SMITH. — De acuerdo, Su Señoría. La cosa se presenta así: efectivamente, yo he obtenido de la Cybernetics Company un cierto número de prótesis...&lt;br /&gt;PRESIDENTE DONOVAN. — ¡Un cierto número de prótesis! ¡Y tiene la desfachatez de decirlo!&lt;br /&gt;SMITH. — ¡Que la Honorabilísima Corte llame a orden a este señor! Sí, he obtenido aquellas prótesis. Poco importa lo que éstas sean. Poco importa si, incesantemente, cuando estoy sentado, cuando camino, cuando como, cuando duermo, se oye un tal ruido en mi cabeza hasta el punto que he llegado a tener que retirarme a una habitación aparte porque despertaba a mi hermano durante la noche. Sí, a causa de estos Geniak con estas inclinaciones, construidos a escondidas con los avances de las máquinas de calcular, he contraído la enfermedad del cálculo, hasta el extremo que debo contar sin tregua las cercas, los gatos, los palos, las personas que me encuentro a lo largo de los caminos, y Dios sabe qué otras cosas... Ustedes ya me entienden. Sea como sea, tenía verdaderamente intención de pagar todas las sumas debidas, pero el único medio que tengo de procurarme dinero es vencer en las carreras. Ahora he dejado pasar demasiadas, me he descorazonado, he perdido la cabeza y…&lt;br /&gt;ABOGADO. — El acusado reconoce espontáneamente haber perdido la cabeza. Ruego a la Corte tome nota.&lt;br /&gt;SMITH. — ¡No me interrumpa! Lo he dicho, pero no con ese sentido. He perdido la cabeza, he comenzado a jugar en la bolsa, he perdido y me he endeudado. En aquel periodo era un chasis lleno de achaques. Notaba continuamente dolores lacerantes en la pierna izquierda, vahídos, tenía sueños idiotas: yo cosiendo a máquina, yo haciendo media, yo haciendo puntilla; me hice visitar por psicoanalistas, que inmediatamente me descubrieron un complejo de Edipo tan sólo porque mi madre cosía a máquina cuando yo era niño. Fue en aquel período, justamente entonces que era débil y que apenas podía valerme, que la Cybernetics Company comenzó a llevarme ante los tribunales. Los periódicos hablaron de ello y, como consecuencia de las pérfidas calumnias de las cuales fui objeto, la congregación metodista —yo soy metodista, ¿saben?— me cerró las puertas de su iglesia.&lt;br /&gt;ABOGADO. — ¿Se lamenta por esto? ¿Cómo; usted cree en la vida de ultratumba?&lt;br /&gt;SMITH. — Creo, aunque no veo por qué le interesa a usted esto.&lt;br /&gt;ABOGADO. — ¡Me interesa porque Mr. Smith, actualmente, está ya viviendo una vida de ultratumba, y usted no es sino un infame usurpador!&lt;br /&gt;SMITH. — ¡Mida sus palabras, señor!&lt;br /&gt;JUEZ. — Ruego a las dos partes que mantengan la compostura.&lt;br /&gt;SMITH. — Honorabilísima Corte, mientras me encontraba en tan penosas circunstancias, la Cybernetics Company me citó a juicio, y cuando sus impúdicas peticiones fueron rechazadas un individuo sospechoso, un tal Goas, vino a mi encuentro enviado por el presidente Donovan... aunque esto yo aún no lo sabía. Este tal Goas se hizo pasar por perito electrónico y me dijo que tan sólo existía un remedio para curar todos mis sufrimientos, los lacerantes dolores y los vértigos: hacerme “genializar” a fondo. En el ruinoso estado en el cual me encontraba era imposible pensar en nuevas carreras automovilísticas. Por tanto, ¿qué otra cosa me quedaba? Acepté, lo reconozco ante la Honorabilísima Corte. Y Goas, al día siguiente; me condujo a la oficina de montaje de la Cybernetics…&lt;br /&gt;JUEZ. — ¿Esto significa que se ofreció a llevarle?...&lt;br /&gt;SMITH. — Ciertamente.&lt;br /&gt;JUEZ. — ¿Y que se ofreció a introducirlo allí…?&lt;br /&gt;SMITH. —Naturalmente; pero yo, yo, aún no comprendía por qué lo hacían tan de buen grado, con condiciones de favor y con largos plazos en el pago. ¡Ahora, por el contrario, lo entiendo perfectamente! Ellos querían, lo declaro ante la Honorabilísima Corte, que me desembarazase del viejo hemisferio cerebral que todavía me quedaba, dado que precedentemente sus peticiones habían sido rechazadas en consideración al hecho de que el desventurado pedazo original de mi cabeza no habría podido permanecer con vida por sí mismo si se me retiraba todo el resto. Y así el tribunal no les concedió nada. Y es por esto que ellos, aprovechando mi ingenuidad y la debilitación de mis facultades mentales, pensaron en mandarme a aquel tal Goas, para hacer que aceptase espontáneamente el sustituir el viejo pedazo de cerebro original, y hacerme caer en las redes de su diabólica maquinación. Ruego ahora a la Honorabilísima Corte que examine cuánto vale su razonamiento. Ellos dicen que tienen derecho a tomar posesión de mi persona. ¿A qué título? Supongamos que alguien adquiera provisiones a crédito en su proveedor: harina, azúcar, carne... y que después de un cierto tiempo el tendero intente una acción legal para hacerse reconocer propietario de su deudor, dado que —según se enseña en medicina— las sustancias de nuestro cuerpo, gracias a los procesos de naturaleza química, son constantemente renovadas y sustituidas por los productos alimenticios. Es verdad: transcurridos algunos meses, el deudor por entero, cabeza, hígado, brazos y piernas comprendidas, se compone de aquellas grasas, de la leche, de los huevos y de los hidratos de carbono que el tendero le ha cedido a crédito. Pero, ¿existe en el mundo un tribunal dispuesto a pronunciarse a favor de este tal tendero? ¿Acaso vivimos en el medioevo, cuando Shylock podía exigir que su deudor le cediese una libra de su propia carne? ¡Estamos aquí frente a una situación análoga! En cuanto a mí, ¡yo soy el campeón de carreras Harry Smith y no una máquina!&lt;br /&gt;PRESIDENTE DONOVAN. — ¡Es falso! ¡Es una máquina!&lt;br /&gt;SMITH. — ¿Ah, sí? ¿Entonces, a quién es, en definitiva, a quién persigue la Cybernetics? ¿A quién ha sido enviada la citación del tribunal? ¿A una máquina cualquiera o por el contrario a mí, Harry Smith? Su Señoría, desearía que consintiese en que la cuestión fuera definitivamente aclarada.&lt;br /&gt;JUEZ. — Mmmm… esto. La citación está dirigida a Harry Smith, Nueva York, calle 44-&lt;br /&gt;SMITH. — ¿Ha oído, Mr. Donovan? Querría además dirigir a Su Señoría una pregunta referente al procedimiento: ¿la ley de los Estados Unidos prevé, de una forma u otra, la posibilidad de querellarse contra una máquina? ¿Prevé la ley la posibilidad de citar a una máquina ante los tribunales, de acusarla de algo?&lt;br /&gt;JUEZ.-— Veamos… eh… no. ¡No! Esto no lo prevé la ley.&lt;br /&gt;SMITH. — Entonces todo está aclarado. En suma, o yo soy una máquina, y entonces el desarrollo de este proceso es fundamentalmente imposible, siendo claro que una máquina no puede ser citada en juicio, o bien no soy una máquina, sino un hombre, y entonces ¿cuáles son esos derechos que la firma pretende ejercer sobre mi persona? ¿Debería acaso convertirme en su esclavo? ¿Trata Mr. Donovan de convertirse en un propietario de esclavos?&lt;br /&gt;DONOVAN. — ¡Qué insolencia!&lt;br /&gt;SMITH. — ¡Reconózcalo, está en una trampa! En cuanto a los métodos comerciales a los que recurre esta firma, basta decir lo siguiente: cuando, todavía enfermo, atornillado y chaveteado a más y mejor, dejé el hospital y me fui a la playa para respirar un poco de aire puro, una masa de gente me seguía siempre los pasos. Comprendí inmediatamente el motivo: sobre la espalda me habían impreso “made in the Cybernetics Company”. He debido hacerme borrar la inscripción a mi costa y hacerme remendar lo mejor posible. ¡Y he aquí que ahora aún quieren perseguirme! Es verdad, el pobre está siempre expuesto a la cólera del rico, mi padre y mi madre me lo repetían siempre...&lt;br /&gt;PRESIDENTE DONOVAN. — ¡Su padre y su madre son la Cybernetics Company!&lt;br /&gt;JUEZ. — ¡Calma! ¿Ha terminado ya, Mr. Smith?&lt;br /&gt;SMITH. — No. Querría subrayar, en primer lugar, que la firma debería pasarme una pensión alimenticia, dado que no tengo de qué vivir. La dirección del Automóvil Club ha anulado mi participación en las carreras panamericanas, hace un mes, apoyándose en el hecho de que mi vehículo sería pilotado —así dicen— por un complejo automático no humano. Pero, ¿quién me ha puesto en estas condiciones? ¡Ellos, la Cybernetics Company, que ha enviado al Automóvil Club una sucia carta difamatoria! ¿Tratan de sacarme el pan de la boca? Bueno, que paguen entonces mi manutención y que me suministren las piezas de recambio. Y no es eso todo: ¡cada vez que debo hablar con ellos, los empleados de la firma, especialmente los de la dirección, me cubren de insultos!&lt;br /&gt;El presidente Donovan me ha propuesto, para normalizar la situación, una transacción amistosa: sería suficiente que aceptase figurar como modelo de reclamo. ¡Debería permanecer inmóvil, ocho horas diarias, en su vitrina! Por tal afrenta y otras similares, me constituyo en parte civil contra la Cybernetics Company. Concluyendo, pido que la Honorabilísima Corte quiera atentamente escuchar a mi hermano en calidad de testigo, puesto que él conoce perfectamente todos los particulares de la causa.&lt;br /&gt;ABOGADO. — Su Señoría, me opongo. El hermano del acusado no puede comparecer en calidad de testigo.&lt;br /&gt;JUEZ. — ¿Tal vez a causa de la consanguinidad?&lt;br /&gt;ABOGADO. — Sí... y no. La razón exacta es que el hermano del acusado fue víctima, la semana pasada, de un accidente aéreo.&lt;br /&gt;JUEZ. — Ah... ¿Y no puede comparecer ante la Corte?&lt;br /&gt;HERMANO DE SMITH. — ¡Sí puedo, estoy aquí!&lt;br /&gt;ABOGADO. — Puede, pero el hecho es que el accidente ha tenido para él consecuencias trágicas. Nuestra firma, a consecuencia de las órdenes llegadas a través de su esposa, ha debido proceder a la “genialización” y puesta a punto de un nuevo hermano del acusado...&lt;br /&gt;JUEZ. — ¿Un nuevo qué?&lt;br /&gt;ABOGADO. — Un nuevo hermano, que al mismo tiempo es el marido de la ex-viuda.&lt;br /&gt;JUEZ. — Ah...&lt;br /&gt;SMITH. — ¿Pero qué importa esto? ¿Por qué no puede testificar mi hermano? ¡Mi cuñada ha saldado la factura al contado!&lt;br /&gt;JUEZ. — Silencio, por favor. Vista la necesidad de proceder al examen de estos elementos complementarios, ordeno el aplazamiento de la causa... &lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/32301282-115665111953064162?l=lecturasymiradas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lecturasymiradas.blogspot.com/feeds/115665111953064162/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=32301282&amp;postID=115665111953064162' title='2 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32301282/posts/default/115665111953064162'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32301282/posts/default/115665111953064162'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lecturasymiradas.blogspot.com/2006/08/existe-verdaderamente-mr-smith.html' title='¿EXISTE VERDADERAMENTE Mr. SMITH?'/><author><name>Jorge Alberdi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06839403331625373087</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='26' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_8rE0iJThDfs/RiJfPo2LT2I/AAAAAAAAABY/aDR0r83W5Bk/s320/JorgeAlberdiImagen.bmp'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-32301282.post-115625521549530738</id><published>2006-08-22T10:55:00.000-03:00</published><updated>2007-07-28T20:05:33.731-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Miradas'/><title type='text'>NUEVAS TECNOLOGÍAS: la vida horizontal</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#ff9900;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#666666;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#339999;"&gt;Cristina Civale,&lt;/span&gt; &lt;span style="color:#000000;"&gt;escritora y periodista cultural argentina. Leído en el 11º Foro Internacional por el fomento del libro y la lectura, el 19/08/2006, Resistencia, Chaco&lt;/span&gt;.&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;A mediados de los años 90&lt;/strong&gt;, cuando Internet comenzó a difundirse masivamente no fue, en esos comienzos, muy original en sus propuestas de lectura. Repetía de manera fatigosa lo que proponían otros materiales de lecturas surgidos de la imprenta. Desde los medios de comunicación hasta los libros electrónicos, asistimos a un panorama aburridísimo y a veces algo inútil que sólo pudo sostenerse por la fascinación de un fenómeno que se presentaba como nuevo.&lt;br /&gt;Los intentos de los libros electrónicos, como esos experimentos que hizo Stephen King con sus novelas exclusivas para la red, duraron poco. El formato pdf y la impresión casera prácticamente daban asco, eran incómodos, feos, descartables, sucios. El año 2000 asistió a su nacimiento pero también a su muerte. Fue imposible competir con la ductilidad del objeto libro, por más computadora portátil e inalámbrica que se pudiese tener.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otro cuento se contó con los medios de comunicación: todos asistimos fascinados a&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;a onclick="changecontent('BLOGS2')"&gt;&lt;u&gt;&lt;span title="Seguir leyendo"  style="color:#ff6666;"&gt;&lt;em&gt;Leer más&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/u&gt;&lt;/a&gt; &lt;div class="switchcontent" id="BLOGS2"&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;la posibilidad de acceder a los distintos periódicos del mundo estuviéramos donde estuviésemos: todos los diarios y revistas del mundo leídos desde cualquier parte de la tierra, gratis, y a sola portada de clic. Allí la batalla corría por caminos, esta vez exitosos, que más que con un hábito de lectura, tuvieron que ver con la accesibilidad a una información que de otro modo resultaba costosísima o a la que directamente era imposible acceder.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Internet dio cuenta de estos dos fenómenos de lectura y tuvo que transformarlos. Dio cuenta tanto del fracaso como del éxito. Del primero para darlo vuelta y convertirlo en éxito, del segundo para hacerlo todavía más exitoso: entiendo exitoso como útil, original, único.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tanto en la literatura como en los medios de comunicación tuvo que hacer esfuerzos para generar otras propuestas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es así que los que manejaban la tecnología y eran los dueños de los dominios que nos ofrecían contenidos tanto de literatura como de información aguzaron, para beneficio de todos, su ingenio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el campo de la literatura, con sus herramientas exclusivas de búsqueda Internet abrió un circuito que posibilita un recorrido transversal por los libros, por los escritores y por los críticos, por los entrecruzamientos entre unos con otros –autores y críticos; libros y autores; críticos y libros y un sin fin de combinaciones- o entre unos y otros del mismo campo (un escritor junto a otro escritor). Si bien el buscador más usado es Google, el buscador que más afanosamente ha trabajado en el sentido de producir una lectura novedosa, excepcional y complementaria a la de los libros se llama A9 y es el buscador desarrollado no casualmente por la librería virtual más grande del mundo: Amazon.com.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recomiendo enfáticamente una aproximación a este buscador que se encuentra digitando &lt;a href="http://www.a9.com/"&gt;http://www.a9.com/&lt;/a&gt;, allí se despliega un menú en inglés –ese es su límite- que puede ser personalizado: es decir cada usuario puede organizarlo según sus necesidades.&lt;br /&gt;Un menú a la derecha de la pantalla se despliega y haciendo clic en la palabra preferencias podremos elegir en cuántos idiomas esperamos que se realice nuestra búsqueda, con qué formato, en cuántas columnas, con qué tipo y color de letra. Los idiomas en los que podemos pedir nuestra búsqueda son&lt;br /&gt;árabe, búlgaro, catalán, chino tradicional o simplificado, croata, checo, danés, alemán, inglés, estonio, finlandés, francés, alemán, griego, hebreo, húngaro,&lt;br /&gt;Islandés, italiano, japonés, coreano, lituano, noruego, polaco, portugués, ruso, servio, eslovaco, español, sueco y turco. A diferencia de los otros buscadores y de las búsquedas que podamos emprender en una biblioteca todas estas combinaciones se dan simultáneamente –gracias a su sistema único de búsqueda por columnas- y en este punto reside la originalidad y sobre todo la utilidad de su uso: esto es la posibilidad de entrecruzar información en pocos segundos y darnos pistas para una nueva lectura enriquecedora que seguramente nos llevará a otros libros, pero a libros a los que nunca hubiésemos llegado si no hubiese sido por esta herramienta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Podemos intentar algunos ejemplos concretos con el autor Horacio Quiroga, con el Martín Fierro o con Jorge Luís Borges, o con quien queramos. En todos los casos, el buscador nos va a llevar a la librería para comprar el libro o los libros: ése es su negocio. Pero una vez hecho el negocio y promocionados sus productos, nos ofrece una cantidad de herramientas que amplían la lectura, que nos dan pistas probablemente asombrosas sobre los autores buscados y nuevos modos de abordaje.&lt;br /&gt;La red no reemplaza al libro, permite una aproximación al mismo sembrada de contexto, historia y referencias. Esto no pasa con Yahoo, ni con el ya mencionado Google. El A9 es una verdadera herramienta de trabajo para todo docente y un gran incentivo para los alumnos: no es un buscador que nos lleva al chisme; es un buscador serio, en un extremo de optimismo casi podría decir erudito. Y espero haberlos entusiasmado lo suficiente como para que la próxima vez que enciendan sus computadores vayan directo hacia él: &lt;a href="http://www.a9.com/"&gt;http://www.a9.com/&lt;/a&gt; y juro que esta ponencia no está esponsorizada por Amazon.com.&lt;br /&gt;Todavía no está disponible, pero Google, como siempre quiere dar batalla y también está siendo original. La división Google libros quiere resucitar los libros que se des-catalogan año a año y decirnos dónde encontrarlos. Un 75 por ciento de los trece millones de libros que se producen al año en el mundo se olvidan o desaparecen, aseguran responsables del buscador y no hay motivos para no creerles. Estos libros ni quedan para el dominio público ni se vuelven a imprimir. Google asegura que puede "sacarlos de ese limbo", según Marco Marinucci, director de Desarrollo Internacional de Google Books.&lt;br /&gt;Este genovés, que fue editor en Estados Unidos y ahora es responsable del buscador de libros de Google, ha estado en un foro de debate sobre el futuro del libro en Madrid junto a otros expertos internacionales&lt;br /&gt;"La idea consiste en hacerse con todos los canales posibles de información para dar relevancia a los libros y que los usuarios se enteren no sólo de que lo que buscan existe, sino de dónde pueden encontrarlo", ha indicado Marinucci sobre Google Books, que desde su punto de vista "puede cambiar en el futuro todo el mundo de la edición".&lt;br /&gt;Marinucci ha destacado que "la industria editorial empieza a comprender que tiene herramientas digitales para manejar el futuro". También ha aclarado que Google es "una empresa pública y global que respeta las leyes y los derechos de autor de cada país".&lt;br /&gt;Miles de editoriales están ya en la base de datos Google que, con este proyecto, empieza a reorganizar su distribución dando una visibilidad al libro en los mercados que antes no podía alcanzar. Además, cuenta con dos canales distintos, uno para editoriales y otro para bibliotecas, que poco a poco se suman al proyecto.&lt;br /&gt;Google Books nació a finales de 2004, pero en Europa se dieron los primeros pasos el año pasado. Para Marinucci "aún estamos en la primera fase, educativa", que consiste en "hacer visible el patrimonio de conocimientos de la humanidad y salvaguardarlo". En cada país se están llevando adelante acuerdos para respetar tanto los derechos de edición como de autor, el verdadero talón de Aquiles para dar vía libre a este proyecto.&lt;br /&gt;Para Google, todos ganan con Google libros. Las editoriales porque se da visibilidad a los libros; los autores porque sus libros se ponen al alcance de más usuarios; Google, porque aumenta el tráfico en su sitio web. Y si los derechos realmente se respetan aquí tendremos una nueva herramienta para acceder a contenidos discontinuados en librerías.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el plano de la información, los diarios, al darse cuenta de que con sus servicios gratuitos estaban convirtiéndose en competidores de ellos mismos, tuvieron que empezar a generar nuevos contenidos y acotaron la información difundida gratuitamente. Hoy casi todos los diarios del mundo ofrecen su versión impresa fragmentada. Un parte es de acceso público y otra es de acceso a través del pago de una suscripción. O por lo menos para acceder gratuitamente a todo su contenido exigen un registro minucioso. No cobran en dinero, cobran en información, la de nuestros datos para luego vendernos otros productos. Pero aún sabiendo esto y porque lo sabemos es que podemos usarlos a nuestro favor.&lt;br /&gt;De todos modos, todos generaron una versión autónoma para la red que cuenta con una cantidad de servicios nada despreciables: la actualización de las noticias en tiempo real, las alertas que se pueden recibir en nuestro programa de correo luego de inscribirse gratuitamente en las mismas y contenidos exclusivos para la red, generalmente interactivos, enredados con otros links, que llevan a otros sitios y abren un panorama de lecturas que los diarios impresos no dan. El diario impreso y el diario on line se han convertido al día de hoy en dos objetos diferenciados. El diario para el cual escribo lo demuestra claramente. Una cosa es su edición de papel y otra su edición on line: otro diseño, otras prioridades, otros periodistas, otros jefes, otros espacios de trabajo, otra velocidad. Nada puede caducar on line: muchas veces el diario de papel ya nace viejo si algo sucedió durante la madrugada.&lt;br /&gt;En este aspecto es donde más puntos suma la red.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hasta aquí la red y la lectura parecerían ser un asunto de otros, donde nosotros, usuarios, permanecemos pasivos: surfeando, buscando, olfateando, siendo gimnastas de nuestras mejores intuiciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero todo esto cambió cuando nos dimos cuenta que el concepto usuario no sólo significaba navegar y buscar; nuevas herramientas se crearon a partir de los softwares libres –un tema que merece toda una intervención aparte- a partir de los cuales primero se revolucionó el campo de la información y de allí también se contagió benignamente la literatura generando otros hábitos no sólo de escritura sino también de lectura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con la aparición del blog o bitácora cada usuario puede gratuitamente armar su página, escribir, subir información, ser productor de sus propias noticias, difundir sus propios textos sin mediación de empresas y del llamado mainstream. Internet generó lugar para la lectura y la escritura de la resistencia. El programa de carga gratuita Blogger, el más utilizado en español y generado por Google, permite que cualquiera arme su propia página en pocos minutos, literalmente y en tres pasos sencillos. En el sitio &lt;a href="http://www.blogger.com/start"&gt;www.blogger.com/start&lt;/a&gt; lo explica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antes de que naciera el programa Blogger, el blog como concepto de resistencia ya existía. El primer portal de contra información se llamó Indymedia, nació hace ya hace 5 años y todavía funciona, en cada país del mundo, en cada idioma, todo están interrelacionados. Indymedia privilegió el upload sobre el download. Es decir la subida de la información a la bajada de la misma. Todos podemos y debemos ser testigos, estar atentos, contar las historias que vemos: ser cronistas de nuestro tiempo, alertas, comprometidos, denunciantes: indymedia creó una red de estructura horizontal, no vertical y esto aunque se genera en la lectura y en la escritura va más allá de ella ya que promueve en sí misma modos de organización social estructurados horizontalmente: un verdadero giro de 180 grados. Este fenómeno que nació en la red y con las posibilidades que daban sus softwares libres bajaron a la realidad creando un número considerable de colectivos de estudios, de escritura, de creación, de lectura y formación con esta estructura horizontal y tendiente al éxodo, es decir todo un mundo que puede manifestarse más allá del paraíso falso que espera ofrecernos la supuesta pertenencia a la sociedad organizada, siempre por otros.&lt;br /&gt;Podemos ejemplificar el alcance de lo que acabo de explicar con lo que hoy está sucediendo en el Líbano. Son los propios libaneses sobrevivientes las mejores fuentes de información de los que sucede día a día en el país. Y esto es por dos motivos: porque están allí resistiendo y porque al no tener la distancia o el estupor que podría atrapar a cualquier corresponsal, nos dan una visión única y descarnada: ellos son las víctimas, no los observadores de las víctimas.&lt;br /&gt;Así lo demuestra el blog del joven dibujante y músico libanés, residente en Beirut, Kerbaj Mazen, que día a día ilustra con sus dibujos lo que va sucediendo en el ataque israelí al Líbano, además de acompañarlo con sus textos escritos desde lo más hondo de su sentimiento de ser un artista en un país asediado.&lt;br /&gt;La CNN o la BBC no son la fuente para saber lo que sucede hoy en el Líbano –como tampoco lo fueron durante el huracán Katrina o durante los atentados al metro de Londres-. Estos medios o llegan tarde, o tienen una perspectiva lejana o por lo menos cargada de los intereses de los dueños de los medios.&lt;br /&gt;Todos ya debemos conocer Youtube.com (literalmente se traduce del inglés como “vos transmitís”). Es un sitio donde cualquiera que tenga un teléfono dotado de cámara de video o una camarita de video de cualquier tipo y un cable colgado a su computadora puede subir el video que quiera: desde películas caseras, visitas a museos o reportes de guerra.&lt;br /&gt;Hoy en Youtube está colgado un video que empieza diciendo justamente: “Aquellos afortunados que no han vivido una guerra quizá creen entender lo que es mirando la CNN, la BBC, o leyendo la prensa. Este video es un intento de dar una visión más realista del terror que supone un conflicto como éste para civiles inocentes y para los niños”. El video que lo acompaña es una producción casera hecha desde el balcón de un edificio por un vecino de Beirut. En las imágenes se ve y se oye una noche libanesa, la del 16 de julio: silencio durante unos segundos, luego un rayo, una tremenda explosión y luego otra. No hay más que eso. Su autor es Mohamed Soubra, un chico de 27 años. Por otra parte, al día siguiente, una chica israelí de Haifa, Gayfa, corre hacia un refugio cuando las sirenas empiezan a sonar, tiene una cámara de video sobre su mesa, la toma y con ella respira la corrida de 21 segundos hasta el refugio, luego la sube a la red a través del sitio Youtube.com Aquí tenemos la guerra en directo contada por quienes la sufren en el momento que la sufren, con un delay de segundos con respecto a la vida real: ni la prensa escrita ni la online han logrado semejante cosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A9.com, Googlelibros, Blogger, YouTube y sus transmisiones de video, son herramientas de trabajo imprescindibles para encontrar una perspectiva más inmediata del mundo, no superpuesta a la de los libros u otros medios impresos: sumada a ellos, ya a esta altura de la historia como parte imprescindible de nuestra cultura de lectores despabilados, actualizados y atentos. &lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/32301282-115625521549530738?l=lecturasymiradas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lecturasymiradas.blogspot.com/feeds/115625521549530738/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=32301282&amp;postID=115625521549530738' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32301282/posts/default/115625521549530738'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32301282/posts/default/115625521549530738'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lecturasymiradas.blogspot.com/2006/08/nuevas-tecnologas-la-vida-horizontal.html' title='NUEVAS TECNOLOGÍAS: la vida horizontal'/><author><name>Jorge Alberdi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06839403331625373087</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='26' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_8rE0iJThDfs/RiJfPo2LT2I/AAAAAAAAABY/aDR0r83W5Bk/s320/JorgeAlberdiImagen.bmp'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-32301282.post-115621492877308176</id><published>2006-08-21T23:31:00.000-03:00</published><updated>2007-07-28T20:06:58.724-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Miradas'/><title type='text'>LA BLOGOSFERA: espacio de diversidad y resistencia</title><content type='html'>&lt;div align="left"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#666666;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#339999;"&gt;Cristina Civale,&lt;/span&gt; &lt;span style="color:#000000;"&gt;escritora y periodista cultural argentina. Leído en mayo del 2006, en Madrid.&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;Si internet es la red de redes&lt;/strong&gt;, la llamada "blogósfera" es la que parece no tener límite; en sus entrañas, ya hay 37 millones de blogs o diarios virtuales en la red, y crecen a un ritmo de uno por segundo.&lt;br /&gt;Technorati, una empresa que se dedica a la original tarea de llevar cuenta de los blogs que se crean en internet es la avala esta cifra. También informa que el tamaño de la blogósfera es 60 veces mayor ahora que tres años atrás&lt;br /&gt;Esto indicaría que la cantidad de diarios virtuales se duplica cada cinco meses y que la tendencia iniciada en el comienzo de este siglo parece no detenerse.&lt;br /&gt;La burbuja en que se ha transformado la blogósfera no ha hecho más que disparar los ingresos a varios de los servicios que proveen blogs en forma gratuita: MSN Spaces, Blogger, LiveJournal, AOL Journals, WordPress y Movable Type entre otros.&lt;br /&gt;El 13 por ciento de los blogs detectados por Technorati se actualizan al menos una vez por semana y el 55% de los poseedores de diarios virtuales todavía los mantienen tres meses después de lanzar su espacio.&lt;br /&gt;Pero eso no es todo, los blogs evolucionan, se transforman. Ahora ya existen los fotoblogs o moblogs, donde se pueden apreciar imágenes además de texto.&lt;br /&gt;Los blogs, o diarios virtuales, están ganando cada vez más terreno en el mercado de la información, con Yahoo incluyendo blogs en su sistema de búsqueda de noticias.&lt;br /&gt;La decisión del gigante reabrió el debate sobre qué constituye un artículo noticioso y hasta qué punto los blogs son una fuente con valor noticioso como el material que producen periodistas profesionales.&lt;br /&gt;El número de los "periodistas ciudadanos" que comunican información a través de sus blogs ha crecido tan rápidamente que ahora sus aportes están influyendo en la forma de cubrir noticias por parte de los medios tradicionales.Y es que el contenido generado por los propios usuarios ha demostrado ser clave al producir noticias de último minuto.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;a onclick="changecontent('BLOGS')"&gt;&lt;u&gt;&lt;span title="Seguir leyendo"  style="color:#ff6666;"&gt;&lt;em&gt;Leer más&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/u&gt;&lt;/a&gt; &lt;div class="switchcontent" id="BLOGS"&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Los planes de Yahoo incluyen la publicación de fotos tomadas por los usuarios con la idea de mejorar su oferta de noticias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"La prensa tradicional no tiene ni el tiempo ni los recursos para cubrir todas las noticias", dijo Jeff Redfern, director de productos del buscador Yahoo.&lt;br /&gt;Los blogs han demostrado su valor como fuentes de información en los últimos tiempos, especialmente luego del huracán Katrina en Estados Unidos.&lt;br /&gt;Como muchos de los negocios que distribuyen la prensa escrita cerraron debido a la emergencia, la gente se volcó a los blogs para conseguir información sobre lo que estaba ocurriendo.&lt;br /&gt;El sitio web de la BBC utilizó fotografías y videos enviados por el público en su cobertura de los atentados que afectaron a Londres el 7 de julio del año pasado.&lt;br /&gt;Pete Clifton, editor de la BBC, cree que los blogs se han convertido en un actor clave.&lt;br /&gt;"Incluir el valor de lo que la gente sabe, y lo que están diciendo, debería ser un eje central de cualquier sitio de noticias en estos días".&lt;br /&gt;A su juicio, que los lectores tengan acceso al material generado por los blogs, es otra forma de hacer las cosas.&lt;br /&gt;"No creo que los blogs vayan a opacar a las fuentes confiables de noticias como la BBC. Pero ambos pueden coexistir sin problemas, siempre que los lectores tengan clara la diferencia", dijo Clifton.&lt;br /&gt;¿Son los blogs una amenaza a la prensa?&lt;br /&gt;El sistema de búsqueda de noticias de Yahoo no va a borrar los límites entre los artículos profesionalmente editados y los generados por un blog.&lt;br /&gt;Los lectores encontrarán primero vínculos a las 10 noticias más importantes de los medios establecidos y luego las entradas a blogs creados por los mismos lectores.&lt;br /&gt;"Lo que hacemos es separar la prensa tradicional de los contenidos generados por los propios usuarios", aclaró el representante de Yahoo.&lt;br /&gt;Y no es la única compañía. Las grandes firmas están adaptando sus estrategias para integrar los blogs a su oferta. En septiembre el buscador Google lanzó su propio buscador de blogs.&lt;br /&gt;A comienzos de octubre, AOL compró la compañía líder de diarios Web Weblogs Inc.&lt;br /&gt;Hoy la mayoría de los diarios europeos tienen a sus bloggers estrellas que parecen no animarse a colgarse solos y todavía actúan como empleados de una empresa cobrando sueldos o por hit, es decir por cantidad de visitantes. El espíritu del blogger puede empezar, de este modo, a corromperse y a generar jerarquías entre los bloggers: repitiendo los movimientos del mercado que dejaron fuera con su creación, repitiendo en el mundo virtual lo que sucede en el mundo real.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es obvia la importancia de la evolución de la tecnología en la multiplicación de los weblogs. Pero personalmente considero que su desparramo tiene que ver con un fenómeno menos feliz: los sabotajes de la economía neoliberal en la áreas de comunicación del llamado mainstream. La economía neoliberal dejó fuera de combate a gran cantidad de profesionales, impulsó la emigración, el nomadismo, gente yendo y viniendo de un lugar a otro, de un lugar geográfico concreto lejano a otro todavía más lejano. Los blogs se convirtieron en un territorio donde todos estamos en el mismo lugar y a la misma hora, donde las fronteras se desdibujan, donde la nostalgia por mi patria querida no tiene lugar porque está ahí en la red. Donde la libertad expresión permitida por la libertad de empresa del medio en el que uno, periodista quizá, trabajaba ya no importa: tengo mi blog, escribo lo que quiero con la extensión que se me ocurre, a la hora que puedo. Posteo y permito que me contesten, dejo que me conozcan, cuelgo sobre mí el perfil que quiero la foto en la que salgo más linda o más bizarra, la que elijo. El blog se convirtió sobre todo, y ese es el fenómeno que más interesa de su existencia, en un arma de resistencia. Ya nadie puede quedarse afuera aunque la economía neoliberal lo expulse. Ni siquiera hace falta tener una computadora: desde un locutorio en 15 minutos se puede armar un weblog y sobra el tiempo, desde el mismo lugar se puede actualizar a diario.&lt;br /&gt;Las voces se multiplican: no tengo que enterarme por CNN o por Canal Plus o el telediario de turno de cada país que está sucediendo en el mundo.&lt;br /&gt;Indymedia, fue el primer blog colectivo de comunicación, con una expansión que abarca literalmente a todos los países del mundo, en todos los idiomas, cualquiera puede subir una información, una crónica, una fotografía, un dibujo, dar una versión de los hechos. Los blogs permiten subir información a todos: todos somos cronistas, todos tenemos que estar atentos, tenemos la posibilidad de convertirnos en relatores de lo que sucede y no esperar a que lo filtren, edulcoren o standaricen los medios de comunicación. El download fue reemplazado por el upload. Ya no es tan importante el movimiento de bajar información como el de subirla. La actitud pasiva del primer surfista, buscador desaforado; ahora se convierte en activa, concentrada y cobra el sentido de lo que cada uno quiero comunicar. Es más responsable porque no sólo miro, ahora digo sin ningún otro filtro más que mi propia limitación para decir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La bofetada al mainstream es el fenómeno a destacar.&lt;br /&gt;Desde Indymedia como bastión de la contra información, hasta el blog del comandante Marcos, hasta el de Bruna, hoy por hoy la bloggera más famosa de América Latina a la que su blog le cambió literalmente la vida o el de los miles de bloggs que en Irán hacen frente al amordazamiento de la prensa escrita. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Y voy a detenerme para terminar, a contar brevemente dos historias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;La brasilera Bruna Surfistinha&lt;/strong&gt; –su nombre verdadero es &lt;a href="http://www.brunasurfistinha.com/blogs/"&gt;Raquel Pacheco&lt;/a&gt;- consolidó su fama cuando la editorial brasilera Panda Books publicó su libro &lt;a href="http://www.clarin.com/diario/2005/12/01/sociedad/s-04201.htm"&gt;“El dulce veneno del escorpión”&lt;/a&gt; en donde ella cuenta, muy detalladamente, sus experiencias en el mundo de la prostitución: citas con hombres y mujeres, parejas, orgías y prácticas swinger. En Brasil, a una semana de publicación, la novela llevaba vendidos 10 mil ejemplares y hoy lleva vendidos más 110 mil ejemplares. La parte más jugosa de la historia la tiene a Bruna como una blogger dedicada: desde El diario de Bruna Sufistinha (su apellido de fantasía hace referencia al acto de surfear, traducido sería Bruna la pequeña surfista) ella se dedicó a registrar sus encuentros sexuales, que después se convirtieron en el éxito editorial del momento. Fue un periodista de la editorial Panda el que entró a su página y se enteró de que la chica, que comenzó a ponerle precio a su cuerpo a los 17 años. Luego de una pelea con su padre empezó a urdir su huida, comenzó a recorrer clubes de masajes, saunas y clubes hasta que encontró el lugar donde comenzaría a trabajar por horas alquilando su cuerpo. En el blog además de relatar día por día sus encuentros, con links como “perfil del cliente”, “estilo del encuentro “y “dato curioso” incluidos, contó también había comenzado a escribir un libro. Luego de dos años de trabajar en clubes, se independiza y decide abrir un blog que actualiza religiosamente cada noche en su piso de San Pablo donde recibe como media 5 clientes por día. Todo es anónimo, no menciona el nombre de sus clientes porque como ella dice “puedo ser puta pero no chantajista”. Bruna escribe bien, parece sincera, cuenta los altibajos de su trabajo y psicoanaliza a los hombres. La mayoría de las veces cuenta que termina ella misma tan satisfecha sexualmente como sus clientes, entre sus orgasmos y los de los clientes existe una paridad absoluta. Bruna no es una prostituta que sufre, es una mujer que goza y este morbo quizá haya sido el éxito de su blog.&lt;br /&gt;Además de los post de Bruna estaban los post de los clientes que confirmaban lo que ella contaba y la recomendaban vehementemente.&lt;br /&gt;Fue en su mismo blog que Bruna anunció su retiro a finales de 2005. Se había enamorado de un cliente, había ahorrado dinero y tenía el proyecto del libro. Se compara a sí misma con el personaje de Mujer bonita, a la que considera un calco de su propia vida.&lt;br /&gt;El blog hoy ya no tiene los relatos calientes de otros tiempos, se convirtió en un diario de viaje, en la bitácora de una celebridad, donde narra las entrevistas con los distintos medios para promocionar su libro. El hit fue la publicación a principios de mayo de una nota en el New York Times.&lt;br /&gt;Bruna ahora es Raquel. La entrevisto en BsAs a la que visitó a principios de este mes en ocasión de la Feria del libro. Su novio está al control de todo, con una laptop, en una mesa del bar, muy cerca de su chica. Es paradójico: el blog la liberó de un chulo pero el amor parece se lo trajo incorporado.&lt;br /&gt;Raquel cuenta la cronología de los hechos: primero comenzaron las citas, y luego de dos años vino el blog. “Fue una noche que yo estaba buscando blogs de prostitutas para comparar mi vida con la de algunas otras chicas, y no había. Entonces tuve la idea de crear el primer blog de Brasil. Pensaba que ya había uno en Europa... pero nunca esperé que fuera a salir todo tan bien”, me dijo. Según esta muchacha de ojos oscuros y labios pulposos, el blog la ayudó a desahogarse y a quietar su soledad: “Para mí fue como si hubiese nacido un amigo virtual. Al comienzo fue un poco extraño, porque nunca había compartido mi vida íntima con nadie”. A los pocos días de inaugurada su página, el número de visitantes comenzó a crecer. Cada día más personas tenían curiosidad por saber cómo era la vida de una prostituta. Al comienzo, en el blog no había fotos ni teléfono. Sólo los pormenores de sus andanzas y una dirección de mail para contactarse con ella. “Pero como recibí muchos mails de personas que dudaban de que yo era prostituta, creían que era un hombre, y que fantaseaba todas las historias, entonces decidí poner fotos y teléfono para probarles que existía y tenía citas de verdad. Ahí me di cuenta de que podía juntar mi técnica de escribir con el marketing, como un medio para conquistar clientes”. Así, una vez que Bruna dejó de trabajar en prostíbulos, comenzó a arreglar sus citas a través de su blog: “La mayoría de mis clientes, ¡eran también lectores del blog!”.&lt;br /&gt;“Cuando dejé de prostituirme y de relatar mi vida sexual como prostituta, el número de visitantes cayó mucho, más de la mitad. Pero después, cuando saqué el libro, el número se triplicó”, comenta. Por las dudas, Bruna ya comenzó a escribir su segundo libro, que se publicará antes de que termine el 2006. Será algo así como la continuación del primero, mechado con algo de autoayuda y un mezcladito de varios temas polémicos. Aunque dice que no ganó fortunas con la exposición mediática, porque “cuando me empezaron a llamar de todos los programas de TV brasileros por mi libro, yo ya había dejado de prostituirme. En esa época sí que podría haber aprovechado para cobrar los turnos caros, pero yo ya me había salido”, explica.&lt;br /&gt;Bruna se considera una persona afortunada. La mayoría de los finales de las trabajadoras sexuales no terminan bien: muchas terminan más pobres de lo que eran cuando comenzaron, otras mueren de sida o son asesinadas por sus clientes.&lt;br /&gt;Bruna dice que está “definitivamente retirada” de la prostitución. Sueña con ser psicóloga y para eso está terminando el secundario. Hoy tiene 21 años. Según ella, el aprendizaje de esos tres años de sexo, drogas y más sexo fue poder comenzar a respetar las diferencias del ser humano, ya que antes no aceptaba a las personas que tenían una forma de vida diferente de la suya. “Aprendí que nadie es mejor que nadie, que todos estamos aquí por el mismo motivo y que no podemos estar juzgando todo el tiempo a las personas”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Blogs: la nueva revolución iraní&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;Para contactar mujeres que aman el fútbol en Irán, BBC Mundo se puso en contacto con Hossein Derakhshan, cuyo blog o diario en internet es seguido por miles de jóvenes en Irán.&lt;br /&gt;Derakhshan señala que su diario en persa es leído por más de 20.000 personas cada día.&lt;br /&gt;Asegura además que los blogs están ofreciendo un espacio único de comunicación y han jugado un papel clave en la polémica por la prohibición del ingreso de mujeres a los estadios de fútbol, tema candente a partir del próximo mundial que se celebrará en Alemania.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En Irán según Hossein hay más de 700.000 blogs en persa, de acuerdo al BlogHerald. Los blogs son tan populares entre los jóvenes que cuando se conocen entre ellos intercambian sus direcciones de blog.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde estudiantes de arte moderno en el norte de Teherán hasta los estudiantes de las escueles religiosas de la ciudad de Qom. Desde los jóvenes que quieren ser mártires hasta los políticos reformistas. Todos ellos encuentran en los blogs un canal útil para comunicarse, socializar y distribuir su mensaje.&lt;br /&gt;La educación superior en Irán es aún gratis y abierta a la gente de menores recursos. Muchos jóvenes entran al mundo de los blogs en los laboratorios de informática de sus centros de estudio. El acceso a internet está generalizado y hay ahora unos 7,5 millones de usuarios en el país. Podría decir incluso que leer o escribir blogs es uno de los principales motivos por el que los iraníes pagan por acceso a la red. Obviamente, después de la pornografía.&lt;br /&gt;De acuerdo a un blogger, la gente joven ahora chatea menos y "bloguea" más.&lt;br /&gt;Publicar blogs se ha vuelto tan común, que incluso el nuevo gobierno ha establecido una oficina en el Ministerio de Cultura, paralela a la oficina de prensa, que diseña e implementa políticas en relación a los blogs.&lt;br /&gt;Los blogs son ahora este espacio único en el que puede darse un debate equitativo, interactivo y colectivo, fuera del control del gobierno, y entre individuos que muchas veces son referencia para la gente a su alrededor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y quizá en las palabras de estas mujeres se resuma lo que los blogs hacen por nosotros. Porque el blog es el espacio sin prohibiciones para que tengan voz aquellos que la han perdido, o a los que se la han arrebatado o a los que los han discriminado o los que eligen ser sus propios patrones transitando el camino quizá menos seguro pero sí más libre de la autogestión. Ojalá el formato del blog resista los embates de institucionalización y pueda seguir siendo la vanguardia virtual de la resistencia y de las voces sin pasteurizar. &lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/32301282-115621492877308176?l=lecturasymiradas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lecturasymiradas.blogspot.com/feeds/115621492877308176/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=32301282&amp;postID=115621492877308176' title='5 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32301282/posts/default/115621492877308176'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32301282/posts/default/115621492877308176'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lecturasymiradas.blogspot.com/2006/08/la-blogosfera-espacio-de-diversidad-y.html' title='LA BLOGOSFERA: espacio de diversidad y resistencia'/><author><name>Jorge Alberdi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06839403331625373087</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='26' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_8rE0iJThDfs/RiJfPo2LT2I/AAAAAAAAABY/aDR0r83W5Bk/s320/JorgeAlberdiImagen.bmp'/></author><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-32301282.post-115500349670020776</id><published>2006-08-07T23:06:00.000-03:00</published><updated>2007-07-28T20:08:26.946-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Lecturas'/><title type='text'>LOS ESCRITORES EN DESUSO</title><content type='html'>&lt;div align="left"&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#666666;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color:#339999;"&gt;Ermanno Cavazzoni,&lt;/span&gt; &lt;span style="color:#000000;"&gt;escritor italiano (1947). De su libro: Los Escritores Inútiles, Emecé, traducción de Guillermo Piro&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Las editoriales&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt; mantienen escritores en desuso a quienes les encargan la lectura de las novelas dactilografiadas que reciben para que emitan juicio. Estos escritores en desuso son mantenidos en secreto para que no puedan ser corrompidos con regalos, dinero o chantajes sexuales por parte de los aspirantes a escritores. De hecho representan el lado oscuro de las editoriales, que en relación a este tema se muestran evasivas, incluso si los escritores en desuso tienen la tarea fundamental de señalar las mejores novelas que, una vez impresas, serán la jactancia de las editoriales y su fuente de sustento económico. Sin embargo,&lt;br /&gt;&lt;a onclick="changecontent('XXX')"&gt;&lt;u&gt;&lt;span title="Seguir leyendo"  style="color:#ff6666;"&gt;&lt;em&gt;Leer más&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/u&gt;&lt;/a&gt; &lt;/div&gt;&lt;div class="switchcontent" id="XXX"&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;a menudo los escritores son unos pobres tipos que no tienen ninguna posibilidad en la vida, salvo este trabajo ignorado y, a decir verdad, inútil: porque si una editorial recibe una novela buena, o bien lograda, o una obra maestra, enseguida todos se dan cuenta, incluso los más escépticos y desilusionados, incluso quien ya está cansado de cualquier cosa impresa, hasta el editor en persona se da cuenta; porque basta leer una línea cualquiera que enseguida nace la euforia editorial; todos se pasan de revoluciones y se lanzan por las escaleras convocando reuniones un poco en cualquier lado; los correctores de pruebas se vuelven locuaces, el teléfono suena todo el tiempo y la telefonista es arrebatada por el viento de la excitación libresca; también las oficinas desperdigadas en los cuartitos que están debajo de las escaleras, en los depósitos o en los apartados rincones de ínfima categoría encuentran una razón para su existencia, y se difunde por los pasillos, por los ascensores, en los vanos de las escaleras, incluso entre una puerta y otra el dinamismo editorial, que vuelve a despertar el originario idealismo de la estirpe empresaria, hasta en aquellos que habitualmente condenan en silencio el decadente presente y añoran la vida polígrafa e intelectual de otro tiempo. Por lo tanto en estos casos es inútil recurrir a un escritor en desuso; a éstos sólo se les manda los escritos deprimentes que nadie en la editorial tiene el coraje de leer. Así que los escritores en desuso, abandonados a sí mismos en medio del papel dactilografiado, siempre a punto de dormirse, pasan días que parecen noches redactando informes de tono deprimente que nadie leerá nunca, madurando su típico temperamento funerario.&lt;br /&gt;Pero a veces sucede que los aspirantes a escritores asedian una editorial y son enviados por un editor vil o por un redactor venal a la dirección de un pobre escritor en desuso, el cual es tomado por asalto y acusado de negligencia y de sabotaje a la literatura moderna.&lt;br /&gt;Un escritor en desuso fue rodeado en el sótano donde vivía por quince aspirantes a escritores impacientes y criminales y amenazado violentamente de muerte. Pero el escritor en desuso respondió que él ya estaba muerto hacía más de veinte años y que la que lo había matado era la editorial. Que hicieran lo que quisieran. Después dijo que en su juventud él también había aspirado, aunque ya no sabía decir a qué; se había visto como arrebatado por el viento de la actividad editorial, que entre todos los vientos es el más genérico y el más desesperado. Cuando su viento poco a poco se calmó, encontró que ya hacía tiempo estaba sepultado en el sótano, donde seguía pagando todas las vehementes aspiraciones de su juventud. Es verdad que ahora dormía mucho. En lo que a él se refería, consideraba a los aspirantes a escritores como demonios que lo torturaban permanentemente con sus originales dactilografiados, y consideraba a la editorial como Lucifer, que los generaba y se los tiraba encima. ¿De qué muerte, entonces, estaban hablando, dado que él ya era un alma muerta entre las penas del más allá?&lt;br /&gt;Este discurso sirvió para calmar a los agitadores y dispersarlos. Pero un aspirante a escritor un poco psicótico y un poco psicoanalista, interpretando sus palabras como palabras confusas dichas por un pervertido y pensando que podía resultarle placentero, se detuvo melifluamente a conversar, y tanto hizo que lo sodomizó. Al escritor en desuso la sodomía no le gustaba; como no le gustaban ciertas aspirantes a escritoras que intentaban una relación sexual a través del lápiz labial del que tenían la boca saturada; o ciertas aspirantes a escritoras, mandadas e instigadas en su contra por el vil editor, que entraban en su nicho del sótano llevando personalmente sus originales y fumando, y después respirándole encima con su femenina fragancia para corromperlo. Porque el vicio, el desenfreno, la sodomía, los coitos impropios, la bestialidad, además de los halagos, están muy en uso entre los modernos aspirantes a escritores. &lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/32301282-115500349670020776?l=lecturasymiradas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lecturasymiradas.blogspot.com/feeds/115500349670020776/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=32301282&amp;postID=115500349670020776' title='3 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32301282/posts/default/115500349670020776'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32301282/posts/default/115500349670020776'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lecturasymiradas.blogspot.com/2006/08/los-escritores-en-desuso.html' title='LOS ESCRITORES EN DESUSO'/><author><name>Jorge Alberdi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06839403331625373087</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='26' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_8rE0iJThDfs/RiJfPo2LT2I/AAAAAAAAABY/aDR0r83W5Bk/s320/JorgeAlberdiImagen.bmp'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-32301282.post-115495673232708872</id><published>2006-08-07T10:15:00.000-03:00</published><updated>2007-07-28T20:09:22.085-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Lecturas'/><title type='text'>EL SECRETO</title><content type='html'>&lt;div align="left"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#666666;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#339999;"&gt;de Pablo De Santis&lt;/span&gt;, &lt;span style="color:#000000;"&gt;escritor argentino.&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;No recuerdo&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt; cuándo oí por primera vez el nombre de Ferrol, ni cuándo apareció mi afición por sus esculturas exactas, perfectas, vivas. Sin darme cuenta, había empezado a coleccionar los recortes que hablaban de él; después me dediqué a visitar los depósitos del museo donde dormían sus obras, y a rastrear esculturas perdidas en parques escondidos. En vano me enfurecía contra las modas que desterraban la perfección de la figura humana al territorio de la habilidad manual, para exaltar como arte verdadero sólo lo que encerraba alguna rancia novedad, alguna sorpresa repetida.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;a onclick="changecontent('XXX')"&gt;&lt;u&gt;&lt;span title="Seguir leyendo"  style="color:#ff6666;"&gt;&lt;em&gt;Leer más&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/u&gt;&lt;/a&gt; &lt;div class="switchcontent" id="XXX"&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Fueron tantas las veces que dejé mi nombre en el libro de visitas de sus muestras; tantas las veces que escribí cartas iracundas a revistas de arte (que siempre cerraban antes de poder publicar mis comentarios) que me pareció natural que Ferrol se pusiera en contacto conmigo. Me envió una carta: era fama que jamás usaba el teléfono y que nunca se dejaba ver; y yo me había acostumbrado a pensar en él como en alguien muerto mucho tiempo atrás. El mensaje consistía en unas pocas líneas en las que me invitaba a pasar unos días en una casa de veraneo, junto a la laguna de Santa Olivia, en algún rincón del oeste de la provincia de Buenos Aires. Al pie de la carta había dibujado un boceto de plano, para que no me perdiera.&lt;br /&gt;Después de un viaje de cuatro horas el tren me dejó en una estación ruinosa. Un perro dormía entre unos yuyos altos, y no había otro ser vivo en los alrededores. Caminé con mi valija de cuero siguiendo el recorrido dibujado por Ferrol: un galpón, unos sauces, un molino de viento, un bosque...Por unos minutos, me creí perdido, hasta que reconocí la casa del dibujo. En el jardín crecían informes macizos de hortensias, con las flores quemadas por la helada; más allá se veía un muelle casi derrumbado, con dos botes pintados de amarillo que flotaban entre los juncos.&lt;br /&gt;Golpeé a la puerta y salieron a recibirme un hombre y una mujer. Durante los primeros segundos sólo vi a la mujer. En dos o tres de las conferencias que yo había dado sobre la obra de Ferrol ella había estado presente, siempre en primera fila (en primera y única fila). Había tratado de hablar con ella, pero desaparecía tan pronto como yo daba por terminada la conferencia; alguien me salía al paso para preguntarme una trivialidad y me impedía salir en su búsqueda.&lt;br /&gt;También el otro hombre me parecía conocido de exposiciones o de conferencias. Dieron sus nombres: Livia Rivas, Julio Esden.&lt;br /&gt;-¿Son los dueños de casa?- les pregunté.&lt;br /&gt;-No, invitados como usted. Pero hace dos días que llegamos.&lt;br /&gt;-¿Y Ferrol?&lt;br /&gt;-No apareció. Está en Roma. Dejó mensajes para todos.&lt;br /&gt;-Nos hace venir y él no viene. - Estaba decepcionado y miré con rencor a los otros dos, como si ellos tuvieran algo de culpa por la ausencia de Ferrol.&lt;br /&gt;-Los artistas son excéntricos- dijo Livia, y se mordió el labio inferior, arrepentida de haber hecho el comentario de una señora de barrio. A mí no me molestó.&lt;br /&gt;Tonto y vanidoso, pensé: ahora que llegué, seguro que aparece Ferrol, como si mi sola presencia modificara la realidad.&lt;br /&gt;Livia me guió a mi cuarto, que estaba junto al suyo. No sabía si el orden lo había dispuesto Ferrol, o ella o la casualidad. Ya solo, y sentado en mi cama, abrí el sobre que me estaba destinado.&lt;br /&gt;"Estimado Emilio:&lt;br /&gt;Asuntos urgentes me obligan a partir. Le ruego que me espere y que disfrute de estas vacaciones. En pocos días nos encontraremos.&lt;br /&gt;No vaya al lago. El agua parece calma, pero de la nada surgen enormes olas que se tragan a los botes.&lt;br /&gt;Suyo&lt;br /&gt;T. Ferrol".&lt;br /&gt;La casa estaba provista de alimentos sofisticados: mariscos congelados, frascos de caviar rojo, conservas de ciervo y jabalí. Podíamos dedicarnos a pasear, a conversar y a comer, mientras esperábamos al maestro. Esner propuso un viaje en bote, y dije que no: Ferrol lo había advertido.&lt;br /&gt;-Tengo experiencia. Por peligroso que sea el lago, no va a pasar nada si vamos cerca de la orilla. ¿O cree que hay un monstruo oculto en las profundidades?&lt;br /&gt;No le respondí. Livia también se negó a ir y Esner partió solo, remando vigorosamente y alejándose de la orilla, para demostrar que no tenía miedo a nada. Como suele ocurrir en las embarcaciones de madera, entraba agua por las junturas del casco. Esner se vio obligado a detener el paseo para achicar el agua con una lata.&lt;br /&gt;Durante los dos días siguientes dimos largas caminatas por los alrededores. Yo trataba de descubrir sola a Livia, pero siempre aparecía Esner. El ocio, la naturaleza, el lago, Livia, todo era un paraíso; pero la presencia de Esner, me devolvía a la realidad. En el mejor restaurante del mundo descubrimos a un viejo conocido que nos amarga la velada; en las mejores vacaciones, recordamos que no cerramos la llave de gas; y en un momento de éxtasis nos agarra un calambre.&lt;br /&gt;Los tres hablábamos de Ferrol, como si no quisiéramos decir nada de nosotros. Era evidente que si disponíamos de tanto tiempo para estar allí era porque nadie nos echaba de menos en ninguna parte. Esner recordó la novela Diez indiecitos , donde una serie de personajes invitados a una isla comienzan a ser asesinados, castigados por viejos pecados.&lt;br /&gt;-Pero esto no es una isla - dijo Livia.&lt;br /&gt;-Y además no tenemos pecados que expiar - dije yo, no muy convencido.&lt;br /&gt;Esa misma noche, Livia golpeó la puerta de mi cuarto. La hice pasar y nos besamos y fuimos a la cama sin decir una palabra. Al principio nos movíamos suavemente, para evitar que la cama hiciera crujir el piso de madera, pero después nos olvidamos de toda precaución.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando despertamos, Esner no estaba. Había llovido durante la noche, y unas huellas confusas, no del todo borradas, parecían llevar a la orilla. Noté que faltaba uno de los botes. Imaginé a Esner celoso y decepcionado, remando con energía para alcanzar el centro del lago, oculto en la niebla.&lt;br /&gt;Finalmente solos, caminamos por el bosque que rodeaba a la casa. Toqué cada árbol; mis dedos recorrían la corteza, que parecía un traje puesto de apuro sobre la madera lisa y clara. Hundí los dedos en la miel que encerraba la madera y los llevé a la boca. Cada veinte o treinta metros, Livia se detenía a atar los cordones de sus zapatillas, hasta que me agaché frente a ella para hacer dos nudos que ya no se deshicieron.&lt;br /&gt;A la noche Esner no había regresado y nos alarmamos. El único teléfono que había en la casa estaba sin línea. Livia me pidió que buscara ayuda, pero rechacé la propuesta:&lt;br /&gt;-Esperemos hasta mañana. Quizás está resentido; quizás se fue al hotel del pueblo y quiere asustarnos.&lt;br /&gt;-¿Y si se ahogó? El bote no está.&lt;br /&gt;-Lo debe haber amarrado entre los árboles. El agua está quieta, parece un estanque. ¿Como podría haberse ahogado?&lt;br /&gt;Mientras ella ese duchaba me acerqué a la ventana y limpié con la mano el vidrio empañado. Bajo la luz de la luna, el lago parecía congelado. Pronto descubrí que algo se movía: el bote vacío avanzaba lentamente, a la deriva, empujado por la brisa nocturna. Los remos colgaban de los toletes, con las palas en el agua. Corrí la cortina y me dispuse a encender el fuego.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras cocinaba unos tallarines, pensé en distintos argumentos para evitar que Livia insistiera en pedir ayuda. Pero no fue necesario, porque ella misma desistió de su propósito, sin explicarme por qué. Vivíamos en una parcela del mundo regida por un dios menor que manejaba las cosas sin hacer caso de nuestra voluntad. Eso nos libraba de la fastidiosa tarea de decidir.&lt;br /&gt;A la mañana le llevé el desayunó a la cama. Tomó la mitad del café, pero no probó las tostadas. Se puso un vestido floreado y un abrigo y me advirtió que no la siguiera, que quería caminar sola. El cambiante humor de las mujeres no era para mi ninguna novedad; así que la dejé marchar.&lt;br /&gt;A la noche, Livia todavía no había regresado. Sentí celos, como si la desaparición de Esner y de Livia de alguna manera los uniera en un complot organizado por el invisible Ferrol con ayuda de botes, del bosque y de los macizos de hortensias. Después de explorar los alrededores me quedé a esperar junto a la ventana, frente a una taza de café. Me quedé dormido en el sillón del comedor, con la luz encendida. En un momento de la noche desperté pronunciando su nombre, porque me pareció que golpeaban a la puerta; pero eran las ramas de un árbol.&lt;br /&gt;Al amanecer salí tambaleante a recorrer el bosque. Esperaba con ansiedad que los dos, o quizás los tres, salieran de entre los árboles: su risa y su burla hubieran sido una bendición. Hubo un momento en que decidí pedir ayuda en el pueblo, pero a mitad de camino me arrepentí. Estaba seguro de que nadie podía ayudarme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ferrol apareció a la mañana siguiente. Lo reconocí de inmediato, en parte por las fotografías, en parte porque en ningún momento había dejado de esperarlo. Debía ser viejo, pero no había en él ningún rasgo de debilidad. Tenía la piel pegada a los huesos de la cara. Parecía llegar de lejos; sus ropas, ligeramente extravagantes, me recordaron a un explorador. Estaban sucias de polvo, como si hubiera venido caminando a través de un desierto. Tenía muchas preguntas para hacerle, que se resumían en una sola pregunta, que ya no era capaz de hacer. Me hizo una señal para que echara a caminar con él, y dejé que me guiara por el bosque. El silbaba una canción conocida, que traté en vano de recordar.&lt;br /&gt;Ferrol se detuvo en un claro, frente a una estatua de mármol que representaba a Livia, que era Livia. Estaba desnuda: a sus pies había quedado la ropa que ya no necesitaba. Toqué con incredulidad el vestido floreado como para comprobar que fuera el mismo que Livia se había puesto en la mañana. Olí el perfume de ella en el vestido, pero no en el mármol.&lt;br /&gt;Ferrol se acercó para tocar la estatua, pero mi presencia lo inhibió.&lt;br /&gt;-Trabajé durante años para darles vida y cuando lo conseguí me puse a llorar, porque sabía que el sortilegio tenía un plazo, y que llegaría un momento en que volverían al origen.&lt;br /&gt;Acaricié la piel helada de Livia, con la esperanza de encontrar un mínimo movimiento, un latido.&lt;br /&gt;Traté de odiar al viejo, pero mi voz sonó apagada, sin rencor:&lt;br /&gt;-Si tuvo ese poder, puede hacerlo de nuevo.&lt;br /&gt;-Ya no soy mago. El único poder que me queda es la paciencia. Hubiera preferido morir antes; morir sabiendo que me sobrevivían, que seguían caminando por el mundo. Que eran perfectos, y por eso, capaces de cometer errores.&lt;br /&gt;-¿Por qué todavía estoy vivo?&lt;br /&gt;-A usted lo tallé en madera. Pensé que sería el primero en regresar. Ya ve que no. Creía que todo el misterio estaba en los sortilegios, pero es el secreto de los materiales lo que nunca se termina de descubrir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A lo largo del día pregunté a Ferrol por el largo proceso; pero me pareció que él, que lo había ejecutado, sabía tan poco como yo. Habló de polvorientos tratados, de experimentos fallidos y vagamente atroces, de un viejo maestro egipcio que le hablaba por señas, porque le habían cortado la lengua. Sus explicaciones eran confusas; recordaba las cosas de modo entrecortado, como se recuerdan los sueños. Me estaba hablando de un prodigio, y un prodigio que encerraba mi origen, y sin embargo me aburría. Como tema de conversación, prefiero las cosas ordinarias: la comida, las películas que más me gustan, que no siempre son las mejores, las conductas secretas de quienes me rodean, las inesperadas alteraciones de la rutina que acaban por ser también rutina. Los arcanos, las abstracciones, la pesada sabiduría: todo aquello que da vida no tiene nada que ver con la vida, y no me interesa.&lt;br /&gt;Ferrol me invitó a quedarme en la casa, donde nada me faltaría. Le dije que me iría al día siguiente, y sin embargo -y han pasado tres meses- todavía no me he movido de aquí. Él estuvo conmigo una semana, y se dedicó a trabajar en el lago, con una sonda, tratando de encontrar la estatua sumergida. No me pidió ayuda, ni tampoco me ofrecí. Varias veces lo vi a punto de darse vuelta con el bote, de tanto que se inclinaba sobre la borda. Pero el lago es grande y se hubiera necesitado media docena de botes y hombres para tener alguna probabilidad de éxito.&lt;br /&gt;Ferrol se resignó a la pérdida de su obra. Se fue temprano, para alcanzar el único tren del día. Cuando se marchó, no golpeó a mi puerta para saludarme ni me dejó mensaje alguno, excepto su sonda: una cuerda de nylon con una pesa en el extremo. Tal vez tuviera la esperanza de que yo lo reemplazara en la búsqueda.&lt;br /&gt;Llevo una vida tranquila. A veces voy al pueblo y converso un poco con el dueño del almacén de ramos generales, mientras tomo una hesperidina y juego a los naipes. Hago largas caminatas por el bosque, miro desde el muelle la niebla que cubre el lago, asisto a los saltos de unos peces plateados. A la tarde me quedo junto a Livia, y le hablo en voz baja mientras estudio las vetas del mármol e imagino la forma del corazón escondido en la piedra. Y rezo: cuando Dios o los dioses se cansen de su propia compasión o de su propia crueldad, que el fin me sorprenda aquí, junto a ella. Así continuaremos, quietos, uno junto al otro, nuestra caminata por el bosque. &lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/32301282-115495673232708872?l=lecturasymiradas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lecturasymiradas.blogspot.com/feeds/115495673232708872/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=32301282&amp;postID=115495673232708872' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32301282/posts/default/115495673232708872'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32301282/posts/default/115495673232708872'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lecturasymiradas.blogspot.com/2006/08/el-secreto.html' title='EL SECRETO'/><author><name>Jorge Alberdi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06839403331625373087</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='26' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_8rE0iJThDfs/RiJfPo2LT2I/AAAAAAAAABY/aDR0r83W5Bk/s320/JorgeAlberdiImagen.bmp'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-32301282.post-115491444090612777</id><published>2006-08-06T22:29:00.000-03:00</published><updated>2007-07-28T20:10:12.395-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Lecturas'/><title type='text'>EL ORDEN DE LAS COSAS</title><content type='html'>&lt;div align="left"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#009900;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#666666;"&gt;&lt;span style="color:#339999;"&gt;de Pía Barros,&lt;/span&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;narradora chilena. &lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;color:#66cccc;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;Ante la recepción&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt; de ese hotel de mala muerte, donde no me atreví a bromear por la ausencia de la letra O en el letrero que pomposo señoreaba sobre el techo "Hotel Cielo", te llamé Talo y pienso que ése fue el segundo orden que tomaron las cosas.El hombrecillo de cejas depiladas sonrió con mecánica afectación y preguntó: -¿Don Gonzalo cuánto es usted? -y yo agregué socarrona -Widow, don Gonzalo Widow.Me miraste de reojo pero yo percibí los cuchillitos que pretendían taladrar mis arranques de humor. Estábamos algo tensos y por suerte que el hombre de modales de medusa húmeda ignoró el respingo que diste al firmar junto a Gonzalo Widow y Sra.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;a onclick="changecontent('001')"&gt;&lt;u&gt;&lt;span title="Seguir leyendo"  style="color:#ff6666;"&gt;&lt;em&gt;Leer más&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/u&gt;&lt;/a&gt; &lt;div class="switchcontent" id="001"&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;–La habitación está aquí no más, a la vuelta. Es la cabaña tres. Si quieren, yo les bajo las cosas del auto. -No es necesario -te apresuraste- Gracias. Tomé la llave y nos dirigimos hacia la puerta donde pampeaba un dorado tres plástico con pretensiones de metal. Dos camas, una silla, la clásica mesa coja y una lamparita nos aguardaban. Entre los dos respaldos de las camas, un afiche desvaído de plaza de toros hacía imposible adivinar si era México o España. Cuando me arrojé, agotada, sobre la primera cama ante mí, tu voz resonó: -Baja los pies y primero ve a ducharte. No importa lo que haya pasado, todavía eres mi hija.Sonreí sarcástica, me levanté, fui hasta el baño y abrí la ducha. Mientras me jabonaba, pude ver como una de las costras terrosas de mis manos se diluía y dejaba el reguero rojo de la sangre. Era así que delataba: en su aspecto de costra, seco por el tiempo, no había ningún indicio. Allí, remojado en agua tibia, hacía señales desesperadas.Por un instante, sólo un segundo, alcancé a tener lástima por el cuerpo de mi madre, enrollado en plástico y acurrucado en el portamaletas del auto.&lt;br /&gt;Talo trajo el bolso y me enfundé en unos jeans limpios; como no tenía otra polera, tuvo que darme una de sus camisas. En el asiento trasero, nuestras ropas sucias del día anterior reclamaban un lavado sólo en la privacidad.Dormimos unas horas y al comenzar la tarde, desperté con el sobresalto de quien está siendo observada. Estabas a los pies de mi cama, sentado sobre una silla, mirando obcecado, como los niños, esperando a que yo despertara.-Vamos, dijiste, creo que debe ser ahora.Tuvimos un diálogo insulso con el hombre de cejas depiladas y mientras tú preguntabas por los lugares a visitar en los alrededores y él te hablaba del ojo de agua de Chiu Chiu y de las leyendas de centro sin fondo, de Jacques Cousteau que había querido hacer o había hecho una expedición al fondo del ojo de agua, yo pude constatar por el borde renegrido de las patillas que además de depilarse las cejas, se teñía el pelo. Le dijiste que volveríamos a cenar, seguramente para mantenerlo ocupado y subimos al auto.&lt;br /&gt;Cuando mamá se emborrachaba, el mundo parecía un lugar mejor para vivir. Bailaba un rato por la cocina, nos abrazaba a papá o a mí, tarareaba canciones sin sentido y luego, exhausta, se dejaba caer en cualquier sitio, ya fuera la alfombra del living, el sofá o la terraza. Entonces, como si nos hubiésemos puesto de acuerdo de antemano, papá y yo nos acurrucábamos junto a ella, y nos abrazábamos, como las familias de verdad y podíamos hacerle cariño a su rostro relajado, a su boca algo gruesa en el labio inferior, como si estuviera en un permanente puchero. Según papá, ese era su gesto coqueto: ese puchero de niña ofuscada que, aunque lo practiqué semanas ante el espejo, yo nunca pude imitar. El rostro de mi madre era hermoso, suave, sin aristas, cuando tenía cerrados los ojos. Su piel tersa, blanca y el pelo negro, negrísimo, que caía en pequeñas ondas hasta los hombros.Así, dormida en el olor acre de los borrachos, ella nos acercaba al paraíso.&lt;br /&gt;Nos internamos por la tierra rojigris del desierto. Un villorrio nos sobresaltó, pero seguimos las señales y llegamos al ojo de agua. Jamás se hubiera distinguido sin los letreros y las dos manos pequeñas que indicaron sin curiosidad "Pa allá", señalando una dirección sobre la tierra.Era inmenso y redondo y desconcertante. Un lago en la mitad del desierto. Profundo, incalculablemente profundo. Papá sacó la pala que habíamos comprado cientos de kilómetros atrás e intentó cavar, pero la tierra era dura, casi cemento y el lugar podía tener otros curiosos, por lo que nos subimos al auto y enfilamos en dirección opuesta, lejos, hacia la mitad de la nada. Allí papá volvió a cavar y esta vez no se le hizo tan difícil. Oscurecía en el desierto y yo sólo escuchaba el track track de la pala borroneado por el viento implacable.&lt;br /&gt;Cuando mamá abría los ojos, la paz y el orden de las cosas, morían. A veces, como una gata engañosa, esos enormes y rectangulares ojos verdes se agudizaban para preguntar susurrantes "¿Aún me quieren?" y nosotros sucumbíamos de inmediato y gritábamos eufóricos, "Sí, siempre, siempre" Entonces ella se levantaba de improviso y nos quedaba mirando desde arriba, "Ya veremos el límite de su amor", amenazaba y nos dejaba allí, temblantes, aterrados.&lt;br /&gt;El viento me zumbaba en los oídos y el frío nos calaba hasta el temblor. Fui con papá al auto y le ayudé a llevar el rígido encogimiento de mamá. Aunque tenía los ojos sorprendidos y una sonrisa congelada, se veía bellísima a través del plástico. Con esfuerzo, la pusimos en la tierra. Sé que papá pensó lo mismo que yo y por un instante quisimos acurrucarnos junto a ella. Hacía frío, mucho frío.&lt;br /&gt;Cuando papá se llamaba Ricardo y yo no usaba maquillaje, nos sentábamos juntos en los peldaños que iban de la cocina al patio y él me abrazaba, tratando de explicarme el orden de las cosas, el por qué debíamos permanecer en silencio y escondidos, mientras mamá gemía en el dormitorio, desnuda, junto a un extraño. Las explicaciones de papá consistían en un abrazo fuerte, un dedo silenciando mis preguntas y uno que otro brillo de lágrimas en sus ojos castaños. Cuando yo era muy pequeña y algún desconocido estaba con mamá, él me llevaba a pasear y a comprar helados, hasta que un día los helados me supieron amargos y su sola mención me provocaba arcadas. "Sé que están ahí", gritaba mamá, "vengan" y aún tenía al extraño entre las piernas cuando nosotros nos asomábamos. El sujeto invariablemente, corría por sus pantalones con el rostro desencajado por el miedo. Debíamos ofrecer un extraño espectáculo, papá y yo, de la mano, en el vano de la puerta. "¿Todavía me quieren?" gritaba histérica mamá, mientras el hombre corría llevándose sus ropas y dejando siempre algo olvidado por ahí. "Te amamos", decíamos, y mamá lloraba y nos abrazaba y nos estrujaba a besos y caricias y rasguños y me echaba de la pieza, pero yo sabía que, llorosos y desolados, papá y ella hacían el amor, mientras ella suplicaba "No me quieran, no me quieran, no me quieran..." Yo entonces iba a la cocina y dibujaba pájaros sobre la pizarra del refrigerador.&lt;br /&gt;Me incliné y tomé un puñado de tierra para tirarla sobre ella a modo de sepelio. Papá tomó otro puñado e hizo lo mismo. Después, con la pala empezó a llenar el agujero. Yo veía cómo, con cada palada, mamá nos iba dejando atrás, como quería.&lt;br /&gt;Un mes antes, papá había renunciado a su empresa y habíamos decidido viajar por el país. Yo creo que era por la vergüenza, el estar siempre dando explicaciones a los vecinos por los gritos de mamá, por los extraños, porque ya no podíamos seguir cambiándonos de casa a cada nuevo escándalo. El estaba cansado y sentía lástima de sí mismo y de mí, que no tenía amigos ni amigas y que en mis quince años, jamás había llevado a nadie a casa. Trajo sacos de dormir, carpas y nos fuimos de viaje. Pero mamá prefería los hoteles y en alguno de ellos, los regalamos a la muchacha del aseo, aún con las etiquetas puestas. Cada ciudad fue un infierno de "¿Todavía me quieren?" y gemidos y mi rabia y nuestro dolor silencioso. Por eso, papá había preferido enfilar hacia el norte. Su desolación se nos parecía, su desolación nos arrojaba a la parodia de una familia.&lt;br /&gt;La hostería era como todas fuera de la temporada turística, vacía, con un encargado entusiasta y deseoso de propinas. Te pregunté en voz alta, para completar el puzzle de la revistas ¿Cómo se llaman los ofidios que se pueden matar a sí mismos?, crótalos, dijiste.Después, yo te llamaría Talo.&lt;br /&gt;Mamá estuvo contenta, conversadora e insistió en maquillarme y ponerme bonita. Papá se fue a caminar por los alrededores. Ella limpió su rostro, hasta que casi semejó a una niña, y maquilló el mío hasta que me vi como una mujer. Nos vimos ante el espejo y ella insistió en que nos tomáramos una foto con la Polaroid.Salió corriendo hasta el auto, pero como estaba en ropa interior, se puso mi chaquetón. De lejos, mi padre gritó: __Beca, ven, aquí hay lagartijas.- Ella se quedó suspendida, rígida, como un sabueso, pero luego le devolvió el grito:__Soy yo, Alejandra- y agitó la mano. Entró tan rápido como había salido y nos instalamos ante el espejo del baño, complicadas para buscar la pose en la foto. Como era muy pequeño el espacio, desistimos y nos fuimos a la sala. Mamá puso sobre una silla la cámara y las dos nos echamos al suelo, con el rostro entre las manos y enfilado hacia el lente, sonriendo, mientras el click anunciaba que estaba lista la imagen. Papá llegó un rato después, para observar el rostro contraído de mamá, mientras examinaba las fotografías. __No me amen, masculló, no soy única, hasta mi dolor se repite... Se puso lápiz labial en su boca de puchero, una blusa azul y dijo que se iba a conversar con el encargado.&lt;br /&gt;Era noche cerrada cuando la última palada de tierra terminó de cubrir a mamá. Había estrellas en la oscuridad, casi demasiadas y parecía que el mundo se había puesto de rodillas ante ella. Por un instante, nuestra desolación se ocultó en el paisaje. Mamá se fue a "conversar" con el encargado y le pidió dos vodkas secos. Yo salí tras ella y la observé bebérselos uno tras otro, acodada en el mesón. El empleado, por sobre la cabeza de mi madre, guiñó un ojo en mi dirección, así es que giré para ver si alguien estaba a mi espalda: pero no, era a mí. Fue la primera vez que un hombre me miraba de ese modo, el modo en que siempre habían mirado a mamá. Me inspeccioné en el reflejo de la vidriera y vi a una mujer excesivamente maquillada. Mujer, entiéndase, no adolescente. Fue una sensación extraña, agria, desconcertante, el no reconocerme de inmediato en el reflejo. Papá me hizo señas desde la cabaña para que la dejara sola y me escondiera con él, pero yo a mi vez agité la mano a la distancia para que me dejara en paz. Mamá pidió otro, seguro, porque vi al encargado servírselo y volver a guiñarme el ojo mientras mamá bebía hasta el fondo del vaso. El hombre me hizo unas señas y pude darme cuenta de que más tarde, cuando ella se durmiera, él me invitaba a pasear. Algo parecido al vértigo se me instaló hasta la náusea, respiré profundo, pero había mucho polvo, mucho calor en el entorno. A unos minutos de la hostería, Copiapó hacía señales verdes en el desierto. Volví la mirada a lo que ocurría tras los ventanales y al parecer mamá había dicho algo porque el hombre reía socarronamente ante la furia de mamá que gesticulaba y agitaba sus brazos, y mostró sus pechos abriéndose la blusa. El hombre miró hacia la puerta y ella a su vez giró y me sorprendió espiándola a través del vidrio. Se cerró la blusa casi cruzándola del todo sobre el pecho y echó a correr hacia nuestra cabaña, algo aturdida y entorpecida por los vodkas. Fui tras ella y me insultó. Dijo que no la queríamos ya, que tampoco debíamos quererla, que nadie debía hacerlo y que yo ahora iba a ser la deseada indeseable, la no amada, la loca. Yo tuve miedo, un miedo que entumecía mis piernas, mientras la veía abalanzarse sobre el bolso de las provisiones y tirar fuera los fideos, el azúcar, la olla de camping, los fósforos, el café, hasta dar por fin con el whisky, destaparlo y beberlo directamente de la botella. Me puse contenta: mamá se emborracharía, volvería el orden a las cosas, y fui en busca de papá, que estaba a cierta distancia, observando algo en el suelo. Cuando llegué hasta él, me mostró una lagartija enorme, confundida con el polvo. La observamos juntos largo rato, pensando en lo mítico de esas criaturas prehumanas, en sus ojos sabios, en esa mirada a la que nada podría escandalizar o sorprender. Ante ella, éramos una familia como las otras, algo difusa, pero cuánto habría en su mirada, cuánto de todo aquello que sus antepasados, subrepticios o malvados, mágicos o reveladores, le habrían enviado como señales por el camino de la sangre... ¿Tendrían sangre las lagartijas? ¿Sería como la nuestra? Volvimos a la cabaña para observar a mamá tendida, con la botella a medio beber a su lado, mascullando obscenidades, pero ya por fin al borde abisal del sueño.Nos miramos con papá, sonreímos y nos acurrucamos junto a ella. Nos dormimos pensando en la lagartija y en que la felicidad es a veces tan extraña.&lt;br /&gt;Si mamá abría sus ojos verdes el mundo se ponía de rodillas ante su mirada y papá y yo sólo temíamos, temíamos más certeramente, cuando mamá abría sus ojos a la tierra.&lt;br /&gt;Ya no quedaba ni el ruido de las paletadas de tierra, sólo el viento aullando en nuestros oídos, entumeciéndonos, devolviéndonos hacia nosotros mismos. El próximo mes mamá habría cumplido treinta y seis, y me pregunté cómo se habrían conocido y si papá habría sido siempre el tipo sumiso y derrotado que yo recordaba hasta la tarde de ayer.&lt;br /&gt;Mamá se levantó sin que nos diéramos cuenta y nos dejó acurrucados, dormidos sobre el piso. Despertamos sobresaltados con los gritos y vimos el reguero de su ropa sobre el suelo. En algún lugar, de seguro cerca del encargado, mamá estaba gritando desnuda. Corrimos hacia la recepción, para ver en ese instante a mamá abalanzarse sobre el encargado, blandiendo un cuchillo inmenso en su mano derecha. El forcejeo fue breve y ambos cayeron. Todo pareció detenerse en un segundo y luego, mamá se levantó, ante los ojos desorbitados del hombre en el suelo. Estaba de espaldas a nosotros, cuando le oímos decirle: -Tú me liberaste.-Y luego cayó junto a él, encogida, echando extraños borbotones rojioscuros por la boca.&lt;br /&gt;Nos quedamos quietos, estupefactos, los tres. No había más ruido que el de la boca manchada de mamá, como si tuviera el lápiz labial corrido. Papá fue el primero en acercarse. Caminó a ella y la cogió en sus brazos, como hacía conmigo cuando era niña, acunándola, susurrándole secretos inaudibles. Mamá lo miraba sonriendo, hasta que un velo extraño le fue subiendo por el verde para dejar sus ojos opacos y sin brillo. A mi lado, sentí que el hombre sollozaba. No le prestamos atención. -No fue culpa mía, fue un accidente, ustedes lo vieron, no me denuncien, por favor... Papá la puso encogida sobre el suelo y los dos nos abrazamos a su cuerpo desnudo, pero no pudimos dormir, teníamos los ojos abiertos, muy abiertos. Un rato después, papá se puso de pie y me ayudó a mi a hacer lo mismo. Tranquilizó al hombre y le pidió plástico. Atontado, fue hasta la cocina y le trajo los rollos de filmoplast. Mi padre suspiró resignado y empezamos a envolverla, como envolvíamos las verduras para guardar en el refrigerador. Yo le ayudaba levantándola y él iba envolviéndola como en una crisálida, extraña mariposa sin alas. Cuando terminamos nuestra labor, papá la tomó en sus brazos y caminó hasta el auto. Cuando el encargado, aturdido, desconcertado, quiso ayudarlo, él lo alejó secamente. -No la toque, ahora es nuestra-. La acomodó encogida en el portamaletas. Volvió junto a nosotros y pidió toallas, limpiamos los restos de sangre del suelo. Luego fuimos a la cabaña y nos cambiamos las ropas, que dejamos en un bolso en el asiento trasero. No recogió más nada, así es que aproveché de tomar los maquillajes de mamá, con los que más tarde jugaría, en medio de un silencio feroz, durante cientos de kilómetros, antes de llegar a Calama. El hombre se quedó parado junto a la hostería, mirándose las manos una y otra vez, incrédulo. El auto estaba frío y nosotros también, así es que papá demoró unos instantes en hacerlo partir. Nos sentíamos tan solos ahora, con el portamaletas vacío, con la vida opaca que nos quedaba por delante. Al pasar de regreso frente al ojo de agua, le pedí que se detuviera un momento. Tomé el bolso con nuestras ropas ensangrentadas y bajé para arrojarlo con todas mis fuerzas al centro del ojo. Sólo escuché el chapoteo al hundirse.Antes de regresar a la cabaña 3, del hombre de las cejas depiladas, ya no quedaba en mí ni un rastro de maquillaje. Creo que habíamos llorado. El orden de las cosas no sería lo mismo sin ella.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/32301282-115491444090612777?l=lecturasymiradas.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lecturasymiradas.blogspot.com/feeds/115491444090612777/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=32301282&amp;postID=115491444090612777' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32301282/posts/default/115491444090612777'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32301282/posts/default/115491444090612777'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lecturasymiradas.blogspot.com/2006/08/el-orden-de-las-cosas_06.html' title='EL ORDEN DE LAS COSAS'/><author><name>Jorge Alberdi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06839403331625373087</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='26' height='32' src='http://bp1.blogger.com/_8rE0iJThDfs/RiJfPo2LT2I/AAAAAAAAABY/aDR0r83W5Bk/s320/JorgeAlberdiImagen.bmp'/></author><thr:total>0</thr:total></entry></feed>
